Amery Sandford y David Carriere llevan gestando su proyecto conjunto desde aquel encuentro fortuito en un callejón de Montreal, donde un desconocido enmascarado les profetizó su nombre artístico. Lo que comenzó como una serie de improvisaciones en una casa del barrio Parc Ex se ha convertido en una propuesta que desafía las convenciones de la creación musical al uso. El dúo ha cultivado una identidad que se alimenta de la contradicción: componen canciones con una ligereza deliberada, pero su enfoque revela un conocimiento sólido de la estructura pop. La aparición de su primer larga duración, 'Eternal BAM Nation', llega después de que la pareja hubiera ido dosificando sencillos durante cinco años, una estrategia que les permitió construir una base de seguidores sin las presiones habituales del circuito musical. El hecho de que hayan grabado el material durante el verano de 2025 en un estudio elevado sobre una tienda de ropa infantil, mientras el ruido del tráfico y los olores de los restaurantes cercanos se filtraban por las ventanas, imprime a estas once pistas una cualidad sensorial que trasciende lo puramente auditivo.
Abren el disco unas campanas y el llanto de un bebé, un primer aviso que sitúa al oyente en un territorio donde lo solemne y lo absurdo conviven sin jerarquías. A lo largo de los cuarenta y tantos minutos que dura el trabajo, Born At Midnite recorre el synthpop, el new wave, el house y el punk con una soltura que desmiente la rapidez con la que fueron concebidas las canciones. 'Ur Cool Knife' despliega un ritmo disco que contrasta con la melancolía de su letra, mientras 'I Haven't Forgotten You' incorpora un sample de Judie Tzuke que la banda logró licenciar tras un tenso proceso de negociación. La inclusión de colaboraciones como la de Fireball Kid en 'Pt. III' o la participación del hermano de Carriere, Daniel, en '...Rock On...', añade capas de textura que enriquecen un sonido que, por momentos, parece querer desbordar los límites de lo que se espera de un dúo de pop. La decisión de emplear samplers, cajas de ritmos y una grabadora de ocho pistas responde a una filosofía de trabajo, no a una búsqueda estética premeditada; una filosofía que prioriza la inmediatez y la toma de decisiones irrevocables.
Born At Midnite celebra la superficialidad y el narcisismo como herramientas de supervivencia en un mundo que exige constantemente ser uno mismo. Sus personajes encarnan ese "yo primero" que Sandford y Carriere observan en la cultura actual, pero lo hacen con una distancia irónica que permite al oyente participar del juego sin sentirse cómplice. La letra de 'Wash You Out' menciona esa obsesión por los días de fiesta y la investigación académica sobre el ocio nocturno, estableciendo un paralelismo entre la rigurosidad científica y la frivolidad del entretenimiento. En 'Smash', la estructura se quiebra a mitad de la canción para derivar en un coda reggae que desmonta cualquier pretensión de seriedad, un movimiento que recuerda a ciertas bandas de los noventa que disfrutaban subvirtiendo lo previsto por su audiencia. Ese guiño constante al oyente, esa complicidad en la farsa, convierte cada escucha en un ejercicio de desciframiento donde lo que parece evidente oculta siempre una segunda lectura.
Sandford maneja un registro que va de la fragilidad etérea a la contundencia rítmica, a menudo procesado con efectos que distorsionan su origen natural. Carriere, por su parte, aporta una base armónica que bebe del pop de los ochenta pero que se actualiza mediante el uso de sintetizadores analógicos y samplers que introducen fragmentos de audio inesperados. La elección de no afinar excesivamente los instrumentos y de mantener cierta crudeza en la grabación otorga al conjunto una textura que remite a los primeros trabajos de bandas que operaban desde el dormitorio, pero con una conciencia de la producción que evita caer en el amateurismo. Las referencias visuales que acompañan al proyecto, con sus animaciones de colores pastel y personajes de aspecto medieval, encuentran su correlato sonoro en la manera en que las canciones mezclan lo festivo con lo inquietante, lo bailable con lo reflexivo.
Concebido como una sucesión de contrastes, el álbum revela una inteligencia compositiva que no renuncia al placer inmediato. El paso de la energía contenida de 'At Midnite' a la euforia controlada de 'My Spell' demuestra que el dúo maneja con soltura los códigos del pop sin dejarse atrapar por sus convenciones. La inclusión de '12 Bells & A Baby Crying' como introducción y el cierre con 'This One', que se desvanece como un disco de vinilo al que se le acaba la pila, enmarcan el trabajo en un universo que parece suspendido entre la realidad y la ficción. Born At Midnite ha logrado construir un artefacto cultural que se resiste a ser clasificado, un objeto que funciona tanto como entretenimiento superficial como como crítica de ese mismo entretenimiento. La capacidad de los músicos para mantener esta ambigüedad a lo largo de todo el larga duración sin que el oyente pierda el hilo es, quizás, su mayor logro.
Este trabajo no aspira a la trascendencia, solo a la inmediatez. Encuentra su razón de ser en el instante de la escucha y desaparece sin dejar rastro más allá de la sonrisa que provoca. Los músicos han construido un universo donde el ridículo y la sofisticación se dan la mano, donde una canción puede empezar con una confesión íntima y terminar con un sample de un locutor de radio. Esa volatilidad temática y estilística, lejos de ser un defecto, constituye la columna vertebral de un proyecto que entiende la música como un espacio de libertad absoluta, donde las reglas se escriben y se borran con la misma rapidez con la que se graban las pistas. Al fin y al cabo, lo que queda después de escuchar estas canciones no es una enseñanza ni una revelación, solo la certeza de haber participado en una fiesta donde todos conocen el código pero nadie se toma el trabajo de explicarlo. Y en esa fiesta, la celebración de lo superficial se asume sin complejos, el narcisismo se lleva como bandera y el oyente se convierte en un invitado que conoce el juego, aunque prefiere no desvelar las reglas.
Conclusión
Born At Midnite despliegan un catálogo de personajes y situaciones que reflejan la obsesión actual por la imagen y el éxito, pero lo hacen desde una distancia que permite al oyente reírse de sí mismo.

