Pocas veces resulta tan difícil aglutinar en una misma velada a tres bandas que destaquen tanto en lo suyo, ofreciendo una de esas experiencias en las que, a la postre, no sabes muy bien qué concierto destacar por encima del resto. Rock en vertientes muy diferentes, pero todas ellas complementarias, encontró en Metalleg y Brower, con el power pop y los matices glam, los mejores aliados para dar forma a unas canciones divertidas, con su punto de cotidianidad y, sobre todo, adictivas. Por su parte, Holy Wave se encargaron de llevar la psicodelia hacia terrenos más terrenales, demostrando por qué son una de las bandas más determinantes a la hora de construir capas hipnóticas casi exclusivamente a través de sus guitarras. Bajo este abanico de contrastes, apenas hubo tiempo para ir al baño, encontrándonos ante una velada en la que no faltó absolutamente de nada y en la que cada propuesta tuvo argumentos de sobra para hacerse con su propio espacio.
Vayamos por partes, ya que Metalleg fueron los encargados de abrir la noche, con el incombustible Nat Brower al frente, acompañado por Max Hiersteiner a la batería y Max Comaskey al bajo. Durante algo más de media hora, hicieron un buen recorrido por ese territorio en el que el garage rock de bandas como White Reaper se da la mano con los sorprendentes riffs de bajo de ilustres como Sheer Mag. Todo ello, eso sí, pasado por un filtro mucho más desenfadado y divertido, con canciones que, sin renunciar a su pegada, se lanzan a ilustrar sentimientos universales desde una perspectiva cercana y cotidiana. Concentrados en su misión de tocar el mayor número de temas posible en el tiempo disponible, cumplieron con creces su objetivo, arrastrando al público de la sala hacia las primeras filas y arrancando algún que otro coro entre quienes no tardaron en contagiarse de su entusiasmo. Una apertura directa, sin rodeos y con la energía suficiente para dejar el ambiente bien caldeado de cara a lo que estaba por venir.
Subiendo aún más la apuesta, Brower fueron los segundos en subir al escenario. En realidad, no eran otros que los propios miembros de Metalleg, a quienes se sumó Josephine Network, que, alejada del tono más folkie de sus trabajos en solitario, se empleó a fondo para afilar todavía más las canciones de sus compañeros. El resultado fue un concierto que mantuvo buena parte de la energía de la actuación anterior, aunque también encontró espacio para explorar otros matices y jugar con las dinámicas. No todo consistió en pisar el acelerador, tal y como quedó patente en temas mucho más bañados por el influjo de los Beach Boys, como 'Falling in Love', donde las melodías y el gusto por las armonías adquirieron un protagonismo especial. Con un último disco como 'Flour', en el que aparecen de forma más marcada ciertos ritmos rockabilly, el directo atravesó diferentes etapas sin perder nunca ese tono cercano que tanto caracteriza al grupo. Más allá de la contundencia de sus canciones, lo que terminó provocando un mayor asombro fue su capacidad para transitar entre distintas vertientes del rock con total naturalidad, sin que los cambios de registro se sintiesen forzados ni rompiesen la cohesión del conjunto. Brower dejaron claro que su propuesta no necesita ceñirse a una sola fórmula para mantener intacta su capacidad de enganchar al público.
Con un cambio de escenario de lo más veloz, Holy Wave regresaron a los escenarios españoles para ofrecernos una nueva lección magistral sobre cómo construir canciones capaces de transportarnos a otro tiempo y lugar. Inmersos en la gira de presentación de 'i'm DADA', un disco en el que por momentos tratan de ir más directos al grano y dejar atrás parte de su faceta más nebulosa, la banda demostró que todas sus caras pueden convivir perfectamente sobre las tablas. Lejos de tener que escoger entre su vertiente más inmediata y sus habituales desarrollos hipnóticos, Holy Wave consiguieron que ambas formas de entender su música se complementasen, planteándonos constantemente ante qué faceta del grupo nos apetecía dejarnos llevar. Arrancando, al igual que en el disco, con 'US 54', nos dejamos envolver por esa infalible combinación de mantras rítmicos que van calando poco a poco, casi sin que nos demos cuenta. Todo ello sin dejar de lado el sentimiento puramente melódico que encierran sus canciones, capaz de aflorar incluso cuando las capas instrumentales parecen querer llevarnos hacia terrenos mucho más difusos.
No tardó en aparecer la sombra de esa figura tan terrorífica como entrañable que es 'Relax', con la llegada de 'Do You Feel It?', una de esas canciones emblemáticas que representan a la perfección la esencia de Holy Wave. Su capacidad para sugerir con muy poco, construyendo auténticos trampantojos a partir de líneas de bajo y guitarras que parecen avanzar cada una por su cuenta, pero que terminan entrelazándose con una precisión asombrosa, volvió a quedar de manifiesto. Recrudeciendo el directo y ejemplificando a la perfección la dirección tomada en este nuevo disco, 's33.u.in/HAL' emergió como una maraña de distorsiones que parecía desvanecerse en cuanto entraba el plano vocal. Entre luces tenues y voces nítidas, la banda consiguió abrirse paso a través de todo ese ruido blanco que envolvía el escenario, haciendo gala de una capacidad admirable para revolverlo todo cada vez que alguno de sus integrantes pisaba un efecto de la pedalera. Una forma de manejar el ruido y las texturas que, lejos de convertirse en un mero ejercicio de acumulación, siempre encontró la manera de mantener el foco en las canciones.
Con un mayor protagonismo de su nuevo disco, 'first DAE' llegó de una forma más ligera, dando buena cuenta de cómo la vertiente sintética y la puramente guitarrera pueden unificarse hasta el punto de que, por momentos, resulta complicado distinguir qué elemento está tomando las riendas. Se trata de una habilidad que, a estas alturas, ya conocemos bien, pero que sigue funcionando a las mil maravillas, especialmente cuando la banda logra que los distintos elementos se fundan sin perder ni un ápice de claridad melódica. Regresando a su faceta más terrenal y encarando la recta final del concierto, no dudaron en aumentar las revoluciones con 'I'm Not Living in the Past Anymore', celebrada por buena parte del público. En ella, la belleza de la repetición volvió a adquirir un peso especial, con variaciones mínimas en cada nueva ejecución cíclica del estribillo que conseguían mantener viva la tensión sin necesidad de introducir grandes cambios. Una demostración de cómo Holy Wave pueden convertir un recurso aparentemente sencillo en una experiencia absorbente, haciendo que cada vuelta de la canción parezca tener algo nuevo que ofrecer.
Cerrando el repertorio principal, y sin necesidad de recurrir a una despedida convencional, llegó 'Buddhist Pete', cuyos ritmos motorik llevaron al grupo a alcanzar las mayores revoluciones de toda la velada. La insistencia rítmica y la forma en que cada instrumento parecía encontrar su lugar dentro de ese movimiento constante terminaron por convertirla en un cierre de lo más contundente. Sin embargo, las ganas de escuchar mucho más eran evidentes, por lo que Holy Wave no dieron la espalda a ese torbellino extrasensorial que es 'Adult Fear', exprimiendo al máximo las posibilidades de sus instrumentos y llevando todavía más lejos esa sensación de inmersión que había marcado buena parte de su actuación. El tema permitió que cada integrante explorase los márgenes de su instrumento, contribuyendo a un desarrollo en el que la intensidad no dejó de crecer y en el que las diferentes capas sonoras parecían adquirir vida propia.
Con todo, la conclusión definitiva llegó con 'She Put a Seed in My Ear', que sonó de forma rotunda y volvió a evidenciar la importancia de 'Freaks of Nurture', un disco capital en la trayectoria del grupo que terminó de catapultarlos como una banda de psicodelia capaz de romper patrones dentro del género. Su solvencia a la hora de construir canciones que, al mismo tiempo, consiguen situar al oyente en estados de ánimo muy concretos explica buena parte de su atractivo. Holy Wave poseen esa capacidad de convertir sus directos en experiencias que permanecen resonando mucho después de que se apaguen los amplificadores, combinando la fuerza de sus canciones con una manera muy particular de jugar con el tiempo, las texturas y las sensaciones. Todos sabemos que Holy Wave son especiales y, después de una actuación como esta, resulta todavía más fácil entender por qué siempre queremos que sus giras pasen por nuestras ciudades. Porque, cuando una banda consigue que el ruido, la melodía y la repetición convivan de una forma tan absorbente, lo único que queda por hacer es esperar a que vuelva a visitarnos. Y, en una noche en la que tres propuestas tan diferentes consiguieron mantener la atención de principio a fin, esa espera parece más que justificada.
