Hay algo casi milagroso en ver a Bruno Berle sobre un escenario. El joven compositor y poeta de Maceió llegó a la Sala Clamores con apenas una guitarra y un piano; sin banda y sin red de seguridad. Precisamente esa desnudez convirtió la velada en una experiencia difícil de olvidar. Si su nuevo álbum, 'Sem Fronteiras', ya era un retrato íntimo de las relaciones humanas (con sus encuentros, sus pasiones y sus despedidas), en directo esas composiciones respiraron de una forma totalmente distinta. Perdieron el colchón de arreglos de estudio y ganaron una fragilidad conmovedora. Al artista brasileño no le hizo falta nada más que sus manos y su voz para sostener un universo emocional enorme, capaz de transitar de la celebración al desgarro sin aspavientos. El público, cómplice y sumido en un atento silencio, entendió que estaba presenciando algo insólito: un creador que ha encontrado un lenguaje propio tan transparente como fascinante. La sala, que por momentos pareció encogerse para volverse más cálida, lucía hecha a su medida.
Subiéndose a las tablas con una serenidad pasmosa, comenzó el recital aferrado a su guitarra, dejando constancia de cómo sus canciones beben directamente de la cadencia reposada de la bossa nova. Buena muestra de ello fue la inicial 'O Nome do Meu Amor', perteneciente a su LP debut, la cual prácticamente encadenó con 'Tirolirole', evidenciando la enorme coherencia de su repertorio. Sin miedo a mostrar cuáles son sus referentes principales, la velada también estuvo marcada por un puñado de revisiones de clásicos como Djavan, destacando una lectura de 'O Vento' que sonó verdaderamente poderosa. Con un abanico de recursos paradójicamente amplio (tanto en su técnica vocal como en su ejecución a las cuerdas), Bruno supo cómo llenar cada espacio vacante, dando forma a historias que casi siempre consiguen trasladar nuestro pensamiento a un lugar más amable.
Sin olvidarse del inmaculado y mítico piano de cola que preside la Sala Clamores, el tramo intermedio del espectáculo estuvo marcado por la interpretación de buena parte de las piezas de 'Sem Fronteiras' que mejor se prestaban al formato acústico. 'Não Posso Viver Sem Você' abrió este bloque despojándose de su aire jazzístico original para adquirir el tono de un clásico instantáneo. Algo similar ocurrió con 'É Só Você Chegar', pieza que adquirió una solemnidad extra gracias al registro más grave del timbre vocal del protagonista. En contraposición, el regreso a la guitarra con la versión de 'Promessas Demais' (original de Ney Matogrosso) se abordó con un temple alejado del tono festivo habitual, dotando al tema de una nueva capa de reflexión. Fue todo un ejercicio de cómo deconstruir una canción para otorgarle una segunda vida, algo muy semejante a lo que sucedió más adelante con 'Sem destino e sem conserto', de Roberto Cruz.
Con la nostalgia latente de saber que el evento se encaminaba hacia su desenlace, Bruno no dudó en involucrar cada vez más a los asistentes, haciéndolos participar en los coros de 'Closer To Me', tema que nos recordó aquella faceta en la que el músico brasileño realizó una remezcla para la banda Kokoroko. Así fue como poco a poco nos fuimos despidiendo del directo de un talento que ha sabido expandir sus horizontes sonoros. Berle no necesita grandilocuencia para conectar con la audiencia, pues le basta con un puñado de piezas bien escritas. Y eso, en los tiempos que corren, resulta un valor inestimable.
Lo que ocurrió sobre el escenario fue, en realidad, un ejercicio de fe compartida: la convicción de que una melodía bien construida no requiere de una aparatosa producción para conmover, y de que el silencio entre tema y tema también forma parte del show. El intérprete dejó que las canciones hablaran por sí solas, y estas respondieron con rotundidad. El resultado fue un recital que se disfrutó con absoluta entrega, sin ruido de fondo y sin prisas. Se trata de un formato austero que muchos esquivan por miedo al vacío y que él, en cambio, abrazó con total naturalidad. Al final, flotó en el ambiente la certeza de haber presenciado a alguien que conoce exactamente lo que quiere transmitir y la manera precisa de hacerlo. Ni más, ni menos.
