El colectivo barcelonés Oval celebró por todo lo alto la primera edición de lo que podría considerarse su primer festival de cosecha propia, un evento que acercó el Oval Weekend tanto a Madrid como a Barcelona y que dejó, una vez más, constancia de su exquisito criterio a la hora de programar artistas difíciles de disfrutar por estos lares. Con un cartel de contrastes hábilmente medidos —con el pop escandinavo de nuevo cuño como eje central—, la vuelta a la rutina posvacacional quedó totalmente amortiguada gracias a una jornada de cuatro conciertos que rozaron la excelencia. En Madrid, la mítica sala El Sol fue el escenario elegido para congregar durante unas cuatro horas a un público ávido de propuestas cargadas de personalidad en sus respectivos registros estilísticos, hasta el punto de colgar prácticamente el cartel de sold out. La afluencia de público fue in crescendo a medida que avanzaba la velada, y con Sassy 009 como plato fuerte, no pudimos salir con mejores impresiones de una tarde-noche aprovechada al máximo.
Abrió la jornada Sofía Prieto al frente de Mondo Du Plantis —proyecto que toma el nombre del famoso plusmarquista sueco—, con una propuesta íntimamente ligada al pop analógico fraguado a través de sintetizadores modulares y ese regusto por el jugueteo con elementos naïf de raíz más orgánica. En esta ocasión, en formato trío y con Eva de Cabiria también sobre el escenario, pudimos disfrutar de una propuesta original, dotada de ese encanto de banda en ciernes capaz de provocar una sorpresa inmediata, y de unas letras que indagan en pequeños destellos de lo cotidiano, enigmáticas en una primera escucha, pero mucho más poderosas en una segunda reflexión. Entre idas y venidas, y con diatribas propias del análisis de vínculos emocionales que a menudo aún están por construirse con solidez, el trío fue consolidando un concierto que nos transportaba ante unos Stereolab deconstruidos a pequeña escala. Jugando en ocasiones con narrativas que derivan hacia lo absurdo y arrancan una sonrisa, y recurriendo a recursos como una radio de las de toda la vida sintonizada en directo o alguna que otra colaboración vocal de sus amigos, la actuación nos dejó más que satisfechos, con la clara sensación de estar ante una banda a la que habrá que seguir muy de cerca en su futuro inmediato.
Entrando ya en el primer plato fuerte de la noche, A Good Year debutaban en nuestro país, generando una enorme expectación en torno a cómo defenderían en directo su notabilísimo segundo LP, 'Play'. Tratándose de un disco con tantas colaboraciones de relumbrón, su apuesta fue contar con Johanne Møller, de Suisse Air, a la guitarra y la voz, haciendo así las veces de aquel elenco de artistas invitados que aparecen en el álbum. Demostrando que son una banda que se mueve con igual soltura tanto en el terreno de la música intimista y las guitarras lánguidas —como en la inicial 'If I'— como en los ramalazos cercanos al trip hop de 'Back of a Car', el directo gozó de un gran dinamismo, tratando de situarnos en todo momento en esa apuesta por no ceñirse a ninguna de sus facetas. Equilibrando esa fina línea entre los momentos de rap a lo old school que aparecen en 'This Is Not Home' y la vuelta de tuerca a la música de librería popularizada por Neneh Cherry —muy bien evidenciada en 'YSL'—, llamó poderosamente la atención la enorme coherencia del concierto. Aunque cada canción abría una puerta hacia un universo distinto, el trío supo transitar entre ellos con gran naturalidad en todo momento, haciéndonos percibir el recital como si se tratara de una banda sonora que recorre buena parte del espectro experimental de la tan exitosa y fascinante hornada de artistas de Escho.
Tras un breve cambio de escenario, Sassy 009 y sus músicos salieron a la palestra con cierto aire de enigma, en parte porque nuestra protagonista lucía una especie de capa medieval diseñada por Cruella de Vil, mientras que el batería vestía una camiseta de esqueleto, adelantándose a Halloween. Lo cierto es que esa oscuridad en sus atuendos se trasladó a la perfección a un directo que nos dejó totalmente impresionados. Por un lado, emergió con fuerza la herencia más cercana al trap de su último trabajo, 'Dreamer+', que se hizo patente desde el primer corte, 'Edges', con Sunniva, micrófono en mano y alejada del bajo; por otro, también resultó más que disfrutable su vena grunge, aderezada a la perfección con unos sintetizadores graves y tenebrosos que añadían nuevas capas lúgubres sobre la voz de la artista, generando momentos tan placenteros como sobrecogedores en canciones como 'Kissed'. Quedó patente que la evolución de Sassy 009 hacia un pop más punzante, donde el autotune no se esquiva, se entiende precisamente mejor en directo si se parte de ese espíritu de hiperpop primitivo de guitarras; así comprendimos rápidamente cómo la noruega ha abierto un camino particular que la distancia de otras artistas afines. Sin ir más lejos, esa peculiar versión del 'My Way' de Limp Bizkit, que interpretó casi al final del concierto, ayudó a cerrar por completo el círculo de influencias bien asimiladas. Y para poner el broche de oro, nos dejó ante una inédita, 'It's Written in the Stars', que resultó impresionante por su sencillez y por su capacidad para ofrecer una base turbulenta sobre unos estribillos pop de lo más brillantes.
