Bruno Berle lleva unos años consolidando una propuesta que, sin estridencias, ha encontrado eco en el público y la crítica. Su tercer álbum de estudio, 'Sem Fronteiras', llega después de una gira extensa que le ha permitido pisar escenarios de Asia y Europa y también tras participar en la producción de los trabajos de otros artistas de su entorno. Esa doble condición de viajero y colaborador impregna un trabajo que, en apariencia, se mueve entre la canción de autor y la experimentación con texturas electrónicas. La coproducción con Batata Boy, su aliado habitual, asegura la continuidad de un sonido que ya apuntaba maneras en sus entregas anteriores, aunque aquí se percibe una voluntad de ensanchar el horizonte sin perder la identidad.
Las fronteras, tanto geográficas como sonoras, resultan difíciles de sostener cuando la música fluye sin pedir permiso, y Berle ha viajado lo suficiente para saberlo. Ese movimiento constante se refleja en unas canciones que hablan de vínculos personales, de la luz de la mañana y de la posibilidad de un mundo sin barreras. Pero también asoma la otra cara de esa moneda: la dureza de cruzar límites que para unos son permeables y para otros se convierten en muros. Esa ambivalencia, esa convivencia entre la euforia del encuentro y la aspereza de la realidad, vertebra un disco que no se conforma con ser un mero compendio de buenas melodías.
Arranca con 'Você Já Sabe Que Eu Te Amo', una pieza que desde sus primeros compases establece un diálogo vocal con Nyron Higor, uno de los miembros de esa comunidad artística que gira en torno a Bruno Berle. La canción se sostiene sobre una atmósfera íntima, como si la conversación se susurrara al oído, y esa cualidad lo-fi impregna buena parte del repertorio. Sin embargo, 'Não Posso Viver Sem Você' añade un despliegue de arreglos orquestales que remiten a cierta tradición de la música popular brasileña de los ochenta, la misma que suena en las bandas sonoras de las telenovelas de aquella época. Esa mezcla de lo casero con lo ornamentado genera una tensión que, en ocasiones, resulta fascinante.
En 'Amor Inteiro', la sección rítmica gana peso con la batería de Pedro Lacerda y los coros de Nina Maia, que inyectan una energía capaz de trasladar al oyente a la inmediatez de una actuación en directo. Pero Berle no renuncia a los recursos electrónicos que ya usaba en sus primeros trabajos: el autotune aparece en varios cortes y las bases programadas conviven con el rasgueo de la guitarra acústica. Esa dualidad, lejos de resultar forzada, se integra con naturalidad, como si el artista entendiera que las herramientas digitales son tan válidas como las cuerdas de nylon para expresar lo que desea. 'A Noite de Estrelas' es un ejemplo de esa fusión, con una percusión que se desliza entre la batucada y el hip hop, creando un paisaje sonoro que descoloca pero atrapa.
En 'Outra Noite', la voz del cantante se retira y cede el protagonismo a la guitarra. Ese detalle, que podría interpretarse como un guiño a la tradición instrumental brasileña, refuerza la sensación de que el artista maneja con soltura los códigos de su herencia musical sin necesidad de exhibirlos. Más adelante, 'Tô Assim' retoma esa vía con una grabación que suena a directo, con todas las imperfecciones que eso conlleva, y que aporta una frescura difícil de encontrar en producciones más pulidas. Esa apuesta por lo vivo, por lo no del todo controlado, confiere al conjunto una personalidad que trasciende la simple acumulación de estilos.
'Ideias Mágicas' funciona como un mantra que extiende el amor hacia el entorno y hacia todas las relaciones que tejemos a lo largo de la vida, mientras que 'Vim Dizer' se adentra en la nostalgia y la espera, con un estribillo que duele porque habla de la ausencia. Esa capacidad de conectar con lo cotidiano, de convertir la experiencia personal en un relato que resuena en el oyente, es uno de los aciertos de un disco que, sin embargo, no siempre logra mantener el mismo nivel de intensidad. La segunda mitad del trabajo pierde algo de fuelle, como si las ideas flaquearan antes de llegar al final.
Artistas como Zé Ramalho o Geraldo Azevedo, figuras del nordeste brasileño, ayudan a situar la propuesta de Berle en una tradición menos conocida fuera de Brasil, pero igualmente relevante. Su música bebe de esas fuentes sin imitarlas, y en ese sentido se aleja del canon más transitado del Clube da Esquina o de Caetano Veloso para buscar otros referentes. Esa elección, arriesgada en un mercado globalizado, dota al álbum de una personalidad que lo diferencia de otras propuestas de ahora. Ritmos como el candombe uruguayo o el highlife nigeriano, aunque filtrados a través de capas de reverberación, amplían el espectro sonoro y sitúan al artista en una posición de permanente búsqueda.
'Manhã', el tema que abre el álbum en su versión original grabada por João Menezes y Marvin Viera, adquiere aquí una nueva dimensión gracias a los arreglos de Berle. La progresión de acordes y la atmósfera que evoca el primer sol del día convierten la canción en un abrazo sonoro, en un momento de calma que contrasta con la energía de otros cortes. Esa alternancia entre lo sereno y lo enérgico, entre lo íntimo y lo expansivo, es una de las claves de un trabajo que se permite ser heterogéneo sin perder coherencia. Sin embargo, en algunos pasajes, la dulzura del cantante se vuelve excesiva y la falta de mordiente impide que las canciones alcancen toda su potencia.
Los estudios de Londres, São Paulo, Minas Gerais, Alemania y Maceió han acogido la grabación de este disco, lo que refleja esa vocación viajera que da título a 'Sem Fronteiras'. Esa dispersión geográfica no se traduce en un sonido disperso. Al contrario, hay una unidad estética que sostiene el conjunto, gracias al trabajo de Batata Boy y a la implicación de los músicos que acompañan a Berle. La comunidad de artistas de Alagoas y Pernambuco, que ahora reside mayoritariamente en São Paulo, encuentra en este álbum una plataforma para mostrar su talento, y esa solidaridad entre creadores es uno de los aspectos más valiosos de la propuesta. El resultado final es un disco que, sin ser revolucionario, sí logra transmitir una visión personal y coherente.
'Sem Fronteiras' se cierra con la canción que le da nombre, una suerte de demo que resume el espíritu del proyecto. Con todas sus imperfecciones, funciona como un manifiesto en el que Berle declama su deseo de un mundo utópico. Esa elección, la de terminar con una maqueta, refuerza la idea de que el proceso creativo es tan importante como el resultado final y que la búsqueda de un sonido propio nunca termina.
Bruno Berle estará actuando en Madrid el 11 de septiembre.
Conclusión
Bruno Berle concibe 'Sem Fronteiras' como un espacio donde los viajes y los afectos dibujan una utopía, aunque el cruce de límites también desvela su coste más duro.

