Cine y series

Viva

Aina Clotet

2026



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AAina Clotet, tras su paso por la televisión con 'Esto no es Suecia', afronta su primer largometraje como realizadora con 'Viva', un proyecto que también escribe y protagoniza. La cinta, galardonada con un premio de interpretación en la Semana de la Crítica de Cannes, coloca a su personaje principal, Nora, en una encrucijada vital que comienza justo después de superar un tratamiento contra el cáncer. La propuesta se presenta como una tragicomedia que busca explorar la fragilidad de la existencia y la urgencia de vivir, pero lo hace mediante un estilo que oscila de manera abrupta entre el drama y la comedia, generando en el espectador una sensación de extrañeza que no siempre resulta cómoda, aunque tampoco carece de interés. Esa volatilidad tonal, que en ocasiones parece un acierto por su capacidad de sorprender, se convierte en un desafío cuando la narración pierde el equilibrio y las transiciones resultan forzadas, pero la película mantiene una energía constante que impide el aburrimiento.
La historia de Nora arranca con una imagen cruda: una mamografía que evoca el peligro de una recaída y el miedo permanente a la muerte. A partir de ese instante, la trama se desvía hacia la vida de una bióloga que busca reencontrarse con el deseo y la pasión, alejándose de la estabilidad que le ofrece su pareja, Tom, para lanzarse a una relación adúltera con Max, un joven bailarín quince años menor que ella. Ese conflicto central se convierte en el eje de la narración, aunque se ve enriquecido por la inclusión de otros elementos, como un contexto distópico de sequía extrema o la presencia de una amiga obsesionada con la maternidad y el duelo. La película plantea dilemas morales sobre las decisiones de Nora y, aunque rara vez se detiene a juzgarlos con seriedad, logra mantener la atención del espectador gracias a la intensidad de sus escenas y a la naturalidad con que afronta temas espinosos como la sexualidad después de una mastectomía.
La dirección de Clotet se caracteriza por una puesta en escena que busca la complicidad del público a través de un ritmo vertiginoso y cambios de tono sorpresivos, y esa estrategia, aunque arriesgada, consigue mantener viva la tensión narrativa. La alternancia de escenas cómicas, como la masturbación en el trabajo o el uso desenfadado de ansiolíticos, con momentos de supuesta gravedad, como la reflexión sobre la muerte o el dolor de una cicatriz, genera un desequilibrio que, en lugar de perjudicar el relato, lo dota de una personalidad propia y difícil de clasificar. La realizadora parece más interesada en la provocación y el exceso que en la construcción de un arco emocional convencional para su protagonista, lo que deja a Nora como un personaje errático y egocéntrico, pero también fascinante por su capacidad de transgredir las normas establecidas. Esa elección estética, que apuesta por el caos narrativo, termina por alejar a quienes busquen una historia lineal, pero atrapa a quienes valoren la audacia formal.
El guion, escrito por Clotet y Valentina Viso, presenta una serie de temas ambiciosos, como el miedo a la muerte, la búsqueda de la libertad sexual o la presión social sobre las mujeres, y los desarrolla con una mezcla de ligereza y crudeza que resulta efectiva en su conjunto. La relación de Nora con su anatomía, que ha sido marcada por la mastectomía, se muestra con una naturalidad que merece reconocimiento, ya que la película no rehúye los planos explícitos ni los diálogos directos sobre el deseo femenino. De igual modo, la crítica a la medicalización de la ansiedad, presente en el personaje de la madre psiquiatra que receta fármacos con ligereza, queda integrada en la trama sin que resulte un apunte anecdótico, sino como un reflejo de la sociedad contemporánea. Esa acumulación de ideas, aunque a veces parece excesiva, encuentra su razón de ser en la voluntad de la directora por abarcar la complejidad de la vida moderna sin simplificarla.

El papel de Nora, interpretado por la propia directora, se convierte en el pilar de la cinta, ya que su carácter dominante y su falta de autocrítica generan una distancia que, lejos de ser un defecto, invita al espectador a reflexionar sobre sus propias contradicciones. La película no espera que la audiencia comprenda sus impulsos como una simple reacción al trauma, sino que los presenta como parte de una personalidad compleja y a menudo insoportable, lo que añade una capa de realismo poco habitual en el cine español. Su marido, Tom, es retratado como un hombre comprensivo y paciente, lo que convierte la infidelidad de Nora en un acto de ingratitud que el filme no justifica, pero tampoco condena de manera moralista. A su vez, Max, el joven amante, aporta la frescura y la impulsividad que contrastan con la rigidez de la vida anterior de Nora, y aunque su personaje resulta menos desarrollado, cumple su función como catalizador del cambio.
El contexto futurista de sequía extrema, que sirve como telón de fondo, añade una capa de crítica ecológica que se integra de manera orgánica en la historia principal, reflejando la ansiedad climática de una generación que ve su futuro amenazado. Los anuncios de una inminente escasez de agua y las referencias a la “ecoansiedad” no son meros adornos, sino que refuerzan la sensación de urgencia vital que impulsa a Nora a tomar decisiones arriesgadas. Esa misma coherencia se aprecia en otros aspectos de la producción, como la música de Clara Aguilar, que combina sonidos electrónicos para sugerir una atmósfera de inquietud, y que acompaña con eficacia las transiciones entre lo cómico y lo dramático. La fotografía, a cargo de Nilo Mur, opta por una luminosidad que varía entre la calidez de los momentos íntimos y la crudeza de las situaciones más tensas, logrando un equilibrio visual que refuerza la identidad de la película.
La cinta, en su conjunto, logra un equilibrio precario pero efectivo entre la transgresión y la emoción, evitando caer en el sentimentalismo fácil o en la provocación gratuita. La crítica a los roles de género y a las expectativas sociales sobre la mujer madura se apunta con trazos firmes, y aunque en ocasiones el exceso de temas diluye el foco principal, la fuerza interpretativa de Clotet sostiene el relato con solvencia. La película prioriza la sinceridad sobre la corrección política, mostrando a una protagonista que actúa por impulso y que paga las consecuencias de sus actos, lo que la convierte en un personaje incómodo pero necesario en el panorama cinematográfico actual. La dirección, a pesar de sus altibajos, demuestra un pulso firme y una clara intención de remover conciencias, lo que sitúa a 'Viva' como una obra que no deja indiferente.
La estructura de 'Viva' se asemeja a una montaña rusa que sube y baja con energía, acumulando momentos de comedia velada y diálogos ingeniosos que logran ocultar, en parte, la falta de una mirada más profunda hacia su protagonista. Clotet demuestra un dominio técnico que promete para futuros proyectos, y esta ópera prima revela su capacidad para equilibrar la ambición artística con la necesidad de contar una historia que conecte con el público más allá del impacto momentáneo de sus escenas más escandalosas. La directora ha querido abarcar mucho y, aunque en ese esfuerzo ha sacrificado parte de la sutileza, el resultado es una obra vibrante y comprometida que merece ser vista y discutida. Los momentos de mayor calma, como la conversación de la protagonista con su abuela en la residencia, ofrecen un respiro necesario antes de que la historia vuelva a sumergirse en el caos de sus decisiones afectivas, y esos instantes de pausa son los que dotan a la película de una humanidad que compensa sus excesos.

Crítica elaborada por Estela Schiaffino

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