La productora Bambú Producciones, responsable de un considerable número de títulos que han marcado la ficción española durante la última década, regresa a Netflix con una propuesta que combina el thriller de misterio con el drama juvenil situado en un entorno privilegiado. Ramón Campos, junto a un nutrido grupo de creadores entre los que figuran Javier Chacártegui Horrach, David Orea Arribas, Ricardo Jornet Gallego, Jon de la Cuesta y David Pinillos, firma esta serie de ocho episodios que sitúa su acción en un resort de lujo en Canarias, convirtiendo el paisaje en un elemento narrativo de primer orden. La elección de Tenerife como escenario principal otorga a la producción una luminosidad y una textura visual que contrasta con la oscuridad de los acontecimientos que se desarrollan en su interior, estableciendo desde el primer instante una tensión entre la belleza superficial del paraíso vacacional y la turbulencia de las relaciones humanas que en él se fraguan. Los creadores, con experiencia en títulos tan diversos como 'Las chicas del cable' o 'El caso Asunta', parecen haber querido conjugar el atractivo del whodunit con la dinámica de las series adolescentes que triunfan en la plataforma, aunque el resultado final evidencia ciertas dificultades para armonizar ambos registros.
El argumento parte de una premisa que, en apariencia, promete un despliegue de intrigas y secretos: Celia, hija del director del complejo, desaparece durante la primera noche de la temporada veraniega, lo que desencadena el cierre perimetral del recinto por orden de la policía, convirtiendo a todos los presentes, tanto huéspedes como trabajadores, en sospechosos potenciales. Dani, un joven que acude al resort con su madre recién casada y su hermanastra Sofía, se convierte en el eje sentimental de la narración, estableciendo una conexión inmediata con la desaparecida que guiará sus pasos durante el resto de la temporada. Helena, la mejor amiga de Celia y empleada del hotel, asume el rol de investigadora aficionada junto a Dani, conformando una pareja protagónica que funciona como motor de la búsqueda mientras los agentes oficiales, encarnados por Paco Tous y Verónica Sánchez, avanzan con una lentitud que roza la inoperancia. Las tramas secundarias se multiplican alrededor de esta desaparición: los problemas de pareja entre Maca y Pablo, las artimañas de Sofía para seducir a su nuevo familiar, las andanzas de Jaén en el tráfico de estupefacientes, los devaneos sentimentales de Leo y los conflictos de Laura con su abuela Esperanza, una empresaria de larga trayectoria que maneja los hilos del poder en el resort.
La estructura narrativa recurre a saltos temporales que, si bien pretenden mantener el interés del espectador, terminan por fragmentar el desarrollo de los acontecimientos y diluir la tensión acumulada en los momentos de mayor intensidad dramática. Los creadores optan por un esquema que combina el flashback con el flashforward, ofreciendo pistas sobre el desenlace antes de que este se produzca, lo que resta efectividad a las revelaciones posteriores y convierte el visionado en un ejercicio de paciencia más que de descubrimiento gradual. La voz en off de Dani, que se extiende a lo largo de los episodios, pretende dotar a la serie de un hilo conductor filosófico, pero sus reflexiones sobre el verano y sus implicaciones resultan excesivamente líricas para sostener la urdimbre de una historia que demanda acción y giros argumentales más contundentes. La serie oscila entre el thriller de investigación y el culebrón juvenil, y en esa indecisión pierde fuerza, porque nunca termina de comprometerse con ninguno de los dos géneros, quedando atrapada en una tierra de nadie donde las pesquisas policiales avanzan con parsimonia y los triángulos amorosos se multiplican sin alcanzar la pasión necesaria para justificar su presencia.
Las implicaciones de clase social que la serie plantea, y que constituyen uno de sus elementos más sugerentes, permanecen en un plano superficial que las convierte en anécdota más que en crítica efectiva. La distancia entre los trabajadores del hotel y los huéspedes acaudalados se escenifica en diálogos puntuales y en alguna que otra escena de conflicto, como aquella en la que el personal debe ceder sus ventiladores a los clientes durante un apagón, pero la serie rehúye desarrollar esta tensión con la crudeza que requeriría para resultar verdaderamente incisiva. La figura de Helena, interpretada por Ana Garcés, encarna la rebeldía de quien pertenece a una clase trabajadora que aspira a mejorar su posición mediante el estudio y el esfuerzo, pero su arco argumental se centra en la búsqueda de su amiga más que en la exploración de las desigualdades que el resort ejemplifica. Los personajes adinerados, por su parte, aparecen dibujados con trazos tan gruesos que resultan caricaturescos: Esperanza, la abuela empresaria, resume la avaricia y el desprecio por los menos favorecidos; Dani, a pesar de su origen acomodado, se presenta como una excepción sensible a las injusticias; y el resto de jóvenes ricos oscilan entre la frivolidad y el desconocimiento de su propia posición privilegiada.
El trabajo actoral se reparte entre un elenco de jóvenes intérpretes que, en su mayoría, cumplen con las exigencias del guion sin lograr trascender sus limitaciones. Ana Garcés, procedente del éxito de 'La Promesa', destaca sobre el conjunto porque su personaje posee una claridad de objetivos que los demás carecen, y porque la actriz imprime a Helena una determinación que conecta con el espectador ávido de respuestas en medio del maremágnum de tramas secundarias. Tomy Aguilera, en el papel de Dani, bordea la corrección sin alcanzar la intensidad que su función de narrador y protagonista romántico demandaría, mientras que Victoria Kantch, como la desaparecida Celia, aparece en escenas tan escasas que resulta difícil evaluar su interpretación más allá de la brevedad de su presencia. Los veteranos Paco Tous y Verónica Sánchez, en los roles de inspectores, se ven lastrados por un desarrollo que no aprovecha su experiencia ni su oficio, reduciendo sus personajes a figuras que aparecen y desaparecen sin que su investigación aporte avances sustanciales a la trama principal, lo que constituye una oportunidad desaprovechada para dotar de mayor complejidad a la vertiente policial de la historia.
La dirección, repartida entre varios realizadores, mantiene un tono visual homogéneo que privilegia la belleza de los encuadres y la luminosidad de las localizaciones canarias, pero que descuida la construcción del suspense en favor de una estética que a veces resulta demasiado pulcra para el relato de crímenes y secretos que pretende contar. El ritmo de los episodios, especialmente en la parte central de la temporada, se resiente de una contención que impide que la intriga avance con la celeridad esperada, mientras que la resolución del misterio, que se concentra en los dos últimos capítulos, acumula un exceso de revelaciones que podrían haberse distribuido con mayor acierto a lo largo del metraje. La serie elige un desenlace que, sin resultar inverosímil, se apoya en motivaciones que el relato no ha preparado con suficiente profundidad, lo que genera una sensación de precipitación que contradice la parsimonia exhibida en los episodios anteriores. Este desequilibrio entre la lentitud del desarrollo y la rapidez del cierre constituye uno de los principales defectos estructurales de 'Oasis', porque priva al espectador de la satisfacción que proporciona una investigación bien hilvanada y sustituye la lógica interna por la urgencia de finalizar las tramas pendientes.
Las series de misterio en espacios cerrados han proliferado en los últimos años, y 'Oasis' bebe de esa tradición sin aportar elementos que la distingan de manera significativa. El recurso del resort de lujo como escenario de crímenes y pasiones ocultas ha sido explotado con mayor fortuna en otras producciones que supieron combinar el análisis social con el entretenimiento, mientras que esta serie española se queda en la superficie de ambos aspectos, ofreciendo un producto que entretiene sin profundizar y que resulta atractivo sin llegar a ser memorable. Su vocación de público joven es evidente, y en ese segmento puede encontrar una acogida favorable, aunque los espectadores habituados al género echen de menos una mayor ambición en el tratamiento de los conflictos planteados. La temporada concluye dejando abierta la posibilidad de una continuación, y quizá en futuras entregas los creadores logren afinar esos aspectos que en este primer ciclo han quedado desdibujados, pero por ahora 'Oasis' se presenta como un pasatiempo veraniego que cumple con su función de distracción sin alcanzar las cotas de calidad que sus antecedentes prometían.
Crítica elaborada por Mario Lozano
