La industria del entretenimiento surcoreano sigue expandiendo su presencia en las plataformas globales con propuestas que mezclan géneros establecidos. Park Gyu-tae, responsable de la comedia '6/45' (2022), asume la dirección de este proyecto que Netflix estrenó el pasado 19 de junio. El cineasta construye su relato alrededor de una premisa que invierte los términos del género de acción al situar en el centro a dos figuras masculinas cuyas motivaciones parten del ámbito doméstico más que del profesional. La cinta, titulada originalmente 'Nampyeondeul', reúne a Jin Sun-kyu y Gong Myoung, quienes ya compartieron pantalla en el exitoso título 'Extreme Job' (2019), aunque aquí sus personajes mantienen una relación de rivalidad afectiva que determina cada uno de sus movimientos. El largometraje apuesta por una combinación de persecuciones, golpes y caídas con el humor absurdo que caracteriza al director, quien demuestra preferencia por las situaciones límite llevadas al terreno de lo ridículo.
El argumento presenta a Hwang Choong-sik, un investigador de narcóticos que mantiene una relación tensa con su exesposa Si-nae y con el actual marido de esta, el veterinario Lee Min-seok. Ambos hombres comparten la custodia emocional de la pequeña Yeon-ju, aunque sus métodos para demostrar afecto difieren radicalmente. Cuando un grupo criminal secuestra a Si-nae y a la niña para presionar a Choong-sik, los dos esposos (uno antiguo y otro vigente) deben colaborar en una misión de rescate que los llevará por carreteras, montañas y muelles. La estructura narrativa presenta tres bloques de antagonistas: Ma Do-jun, el narcotraficante excéntrico que opera con vestimenta llamativa y modales afectados; su esposa Hye-ran, quien maneja los aspectos logísticos del negocio con frialdad; y Kim Yong-gang, un criminal recién liberado que busca recuperar el territorio perdido. Esta multiplicidad de frentes obliga a los protagonistas a improvisar constantemente, generando situaciones donde el instinto paternal choca con la falta de preparación táctica.
La relación entre Choong-sik y Min-seok constituye el motor principal de la cinta, funcionando como un espejo donde cada uno refleja lo que el otro carece. El detective actúa por impulso, recurriendo a la fuerza bruta y a decisiones precipitadas que complican el rescate, mientras el veterinario aplica un razonamiento metódico que resulta igualmente inútil ante el caos imperante. Esta dualidad permite que ambos personajes evolucionen durante el metraje, aunque sus transformaciones responden más a las exigencias del guion que a una construcción orgánica. Park Gyu-tae concede espacio a los momentos donde la rivalidad se convierte en cooperación forzada, y esos instantes generan los mejores pasajes cómicos. Sin embargo, la película sacrifica el desarrollo de otros personajes para mantener el foco en esta pareja, especialmente en el caso de Si-nae, cuya función se reduce a ser el objeto del deseo masculino y la excusa argumental para desencadenar las acciones de los hombres que la rodean.
La comedia física ocupa un lugar predominante en la propuesta, con escenas que recurren al golpe, la caída y el movimiento exagerado como recursos fundamentales. Los personajes saltan desde acantilados, se estrellan contra superficies sólidas y mantienen conversaciones en situaciones completamente inapropiadas, todo con un ritmo frenético que apenas concede tregua al espectador. Kim Ji-seok interpreta a Do-jun con una energía desbordante que roza lo circense, vistiendo trajes de colores estridentes y adoptando poses que recuerdan a los villanos de las películas de acción de los años ochenta. Esta elección estética contrasta con la sobriedad de Yoon Kyung-ho, cuyo personaje mantiene una seriedad que funciona como ancla ante el descontrol general. El uso de animación para representar los pensamientos de Choong-sik añade una capa adicional de surrealismo, aunque esta decisión visual aparece de manera intermitente sin llegar a consolidarse como un recurso narrativo consistente.
La representación de las figuras femeninas plantea un desequilibrio notable en el conjunto. Hye-ran, interpretada por Lee Da-hee, posee una inteligencia estratégica que supera a la de su esposo, pero el guion limita su participación a momentos clave sin explorar sus motivaciones más allá del interés criminal. Si-nae apenas dispone de diálogos que trasciendan su condición de madre y exesposa, a pesar de que la trama gira en torno a su secuestro. La periodista Jo A-ra, personaje añadido para cumplir funciones de apoyo logístico, resulta prescindible y su presencia alarga innecesariamente el metraje sin aportar matices relevantes. Esta carencia resulta paradójica en una película que celebra la devoción de los maridos hacia sus mujeres, porque al hacerlo convierte a estas en recipientes pasivos de esa devoción. El tratamiento de los personajes femeninos revela una limitación en el enfoque del director, quien parece más interesado en la dinámica competitiva entre hombres que en construir un relato coral donde todas las partes tengan peso específico.
La acción, aunque secundaria respecto a la comedia, cumple su función de mantener el ritmo durante los ciento siete minutos que dura la proyección. Las persecuciones automovilísticas y los enfrentamientos con los secuaces de los narcotraficantes se desarrollan con un tono ligero que evita el realismo sanguinario. El director Park Gyu-tae demuestra habilidad para coreografiar secuencias donde el peligro y el humor coexisten sin que ninguno anule al otro, aunque esta combinación exige que el espectador acepte las numerosas incoherencias lógicas que surgen. La decisión de filmar en exteriores variados aporta frescura visual, con paisajes que cambian desde el asfalto urbano hasta parajes montañosos. Estos escenarios funcionan como extensiones del estado anímico de los personajes, espacios donde la confusión y el desorden encuentran su correlato físico.
Netflix apuesta por un producto que no busca revolucionar el género sino ofrecer entretenimiento directo, y en ese objetivo la película alcanza resultados dispares. La química entre Jin Sun-kyu y Gong Myoung sostiene gran parte del metraje, con un Gong que demuestra versatilidad para el humor físico y un Jin que maneja la transición entre la dureza policial y la vulnerabilidad paternal. El personaje de Do-jun, con sus excentricidades verbales y su guardarropa estrafalario, roba varias escenas gracias al trabajo de Kim Ji-seok. Sin embargo, el guion incurre en repeticiones que desgastan algunos gags, especialmente aquellos relacionados con el apellido del narcotraficante Yong-gang. La estructura predecible del rescate y la resolución de los conflictos principales siguen un camino marcado desde los primeros minutos, privando al espectador de sorpresas significativas.
El tratamiento del humor absurdo encuentra sus momentos más efectivos en la interacción entre los dos protagonistas, cuando sus personalidades opuestas generan fricción y malentendidos. Las escenas donde Choong-sik y Min-seok deben fingir complicidad o adoptar roles que les resultan ajenos muestran el oficio de los intérpretes, capaces de extraer comicidad de situaciones límite sin caer en el histrionismo vacío. Pero el conjunto adolece de una dirección que prioriza el golpe visual sobre la construcción de personajes secundarios, dejando a varios intérpretes con material insuficiente para lucirse. La película funciona como un vehículo de entretenimiento para quienes buscan evasión sin complicaciones, aunque sus limitaciones narrativas y su tratamiento desigual de los roles de género impiden que trascienda el mero pasatiempo. Una cinta que cumple con lo prometido pero que deja la sensación de haber podido exprimir mejor su jugosa premisa inicial.
Crítica elaborada por Mario Lozano
