Cine y series

Dreams

Michel Franco

2025



Por -
Michel Franco, cineasta mexicano conocido por su mirada implacable sobre las grietas sociales, presenta su decimotercer largometraje con la participación de Jessica Chastain, actriz que ya colaboró con él en 'Memory'. La cinta, rodada entre México y Estados Unidos, llega precedida por el reconocimiento obtenido en el Festival de Berlín, donde compitió por el Oso de Oro. Franco construye relatos donde la violencia estructural y las dinámicas de poder ocupan el centro del escenario narrativo, y 'Dreams' continúa esa línea trazada en trabajos previos como 'Nuevo orden' o 'Después de Lucía', aunque con una factura más contenida y un enfoque más intimista que sus obras anteriores.
La historia se inicia con una secuencia que remite a las imágenes recurrentes de la migración irregular: un camión abandonado en mitad del desierto, gritos sofocados y personas hacinadas que buscan cruzar la frontera hacia Estados Unidos. Fernando, un joven bailarín mexicano interpretado por Isaac Hernández, consigue escapar de aquella trampa mortal para llegar hasta San Francisco. El destino del viaje es el hogar de Jennifer McCarthy, una heredera de una fortuna familiar dedicada a la filantropía artística, y la recepción que esta le brinda dista mucho de lo que el espectador podría anticipar. La relación entre ambos se revela como un vínculo previo, forjado en México a partir del patrocinio que la fundación de los McCarthy otorga a una academia de danza en Ciudad de México.
Franco construye el relato sobre la base de una asimetría radical que atraviesa todas las capas del contacto entre los personajes: la edad, el origen, el estatus económico y el color de piel se convierten en barreras que la atracción física intenta sortear sin conseguirlo. Jennifer utiliza su posición para controlar los movimientos de Fernando, pero cuando él decide abandonar el papel de amante clandestino y busca hacerse visible en el ámbito profesional, la mujer reacciona con una mezcla de deseo y temor a las consecuencias que aquella relación podría acarrear en su entorno familiar y social.
El director opta por una puesta en escena que subraya la distancia entre ambos mundos. Los planos fijos y la ausencia de banda sonora acentúan la frialdad de los espacios que ocupan los personajes, desde las galerías de arte y los restaurantes de lujo hasta las oficinas de la fundación donde la familia McCarthy ejerce su poder filantrópico. La cámara de Yves Cape registra los movimientos de los actores con una precisión casi documental, y esa aparente neutralidad estilística termina por revelar las tensiones que subyacen en cada encuentro, especialmente cuando Fernando se atreve a conversar en español con los camareros o cuando Jennifer recurre al traductor de Google para comunicarse con los trabajadores mexicanos que atienden sus propiedades.

Jessica Chastain dota a Jennifer de una determinación que roza la obsesión, y su interpretación muestra a una mujer acostumbrada a obtener todo aquello que desea mediante la influencia económica que posee. Hernández, bailarín del American Ballet Theatre en su vida real, traslada a la pantalla la vulnerabilidad de un hombre que ha depositado todas sus esperanzas en el talento artístico como vía de ascenso social, y su personaje oscila entre la gratitud hacia quien le ha tendido una mano y la indignación al comprobar que esa ayuda tiene límites infranqueables.
La dinámica de poder se modifica en varios momentos del metraje. En una primera fase, Fernando depende por completo de Jennifer, que financia su estancia y gestiona sus posibilidades de trabajar en Estados Unidos. Después, cuando el joven consigue una oportunidad en el Ballet de San Francisco por sus propios medios, el equilibrio se resquebraja y Jennifer percibe aquella autonomía como una amenaza a su control sobre la situación. La familia de ella, encarnada por Rupert Friend y Marshall Bell, observa los movimientos de Fernando con recelo y deja claro que existe una línea que la caridad no puede traspasar sin poner en riesgo la reputación del apellido.
El contexto político estadounidense, con el endurecimiento de las políticas migratorias, proporciona un telón de fondo que Franco aprovecha para subrayar la precariedad de la existencia de Fernando, siempre expuesto a la deportación, pero la película no se limita a un panfleto sobre la injusticia fronteriza. El cineasta mexicano ahonda en la hipocresía de un sector social que se proclama progresista mientras mantiene intactas las estructuras que perpetúan su privilegio. Jennifer representa a aquellos benefactores que necesitan al otro para sentirse virtuosos, siempre que esa relación se desarrolle en un terreno que no ponga en cuestión su posición hegemónica.
El desenlace de la cinta, que se precipita en el último tramo, lleva las contradicciones hasta un extremo que algunos críticos han calificado de predecible, aunque la ejecución formal mantiene la tensión gracias al trabajo de los intérpretes y a la economía narrativa que Franco despliega. La decisión final de Jennifer, que implica una venganza calculada y fría, revela hasta qué punto la percepción de su posición social pesa más que cualquier afecto genuino, y la respuesta de Fernando, igualmente cruel, cierra un círculo de mutua destrucción que la película había ido alimentando desde sus primeros minutos.
'Dreams' comparte con otras obras de Franco la certeza de que la bondad es una máscara frágil y que el instinto de supervivencia termina por imponerse a cualquier intento de entendimiento entre clases. La cinta carece del componente esperanzador que algunos espectadores podrían buscar, y esa ausencia de consuelo constituye quizás su característica más definitoria. Franco renuncia a ofrecer salidas luminosas a sus personajes y los sumerge en un ciclo de humillación y represalia del que ninguno logra escapar indemne.

Crítica elaborada por Marina Rivas

MindiesCine

Buscando acercarte todo lo que ocurre en las salas de cine y el panorama televisivo.