Cine y series

Obsession

Curry Barker

2025



Por -
La vida de Bear, un empleado de una tienda de instrumentos musicales, se desmorona entre la rutina y la añoranza que siente por Nikki, su compañera de trabajo. La imposibilidad de articular sus sentimientos lo sumerge en una parálisis que solo se rompe cuando, en un local de objetos extraños, adquiere un 'One Wish Willow'. Este artilugio, que promete conceder cualquier deseo a quien rompa una de sus ramas, se convierte en el catalizador de una espiral de acontecimientos que transforman una comedia romántica en un relato de terror psicológico. La cinta, dirigida por Curry Barker, se gesta en el terreno del cine independiente y su ascenso desde plataformas digitales hasta las salas plantea un cambio en la creación cinematográfica contemporánea, donde el ingenio y la cercanía con el público pueden resultar tan efectivos como los grandes presupuestos.
La transformación de Nikki es el eje sobre el que gira toda la narración. La joven, que hasta entonces mostraba un afecto fraternal hacia Bear, se convierte en una versión distorsionada de sí misma, una figura que encarna la devoción absoluta y la posesividad enfermiza. Inde Navarrette dota a su personaje de una dualidad estremecedora: la dulzura inicial se quiebra para dar paso a una ferocidad impredecible y fascinante. Esta metamorfosis supone una crítica a la idealización del amor romántico y a la cosificación del otro, donde los deseos del protagonista se anteponen a la autonomía de la persona amada. Barker utiliza la premisa del deseo concedido para examinar los límites de la fantasía masculina y las consecuencias de una obsesión que, en su origen, parece inofensiva.
La película se adentra en un territorio pantanoso al obligar al espectador a cuestionar su simpatía por Bear. El personaje, inicialmente presentado como un sujeto tímido y vulnerable, revela una faceta más oscura a medida que la historia avanza. Su complacencia ante la nueva actitud de Nikki, a pesar de las señales de alarma, lo convierte en un cómplice de su propia desgracia. Michael Johnston interpreta a un joven que, atrapado en su deseo, se niega a ver la realidad que ha creado, una realidad que se desmorona con violencia. Esta construcción narrativa invita a reflexionar sobre la responsabilidad afectiva y la delgada línea que separa el amor sano de una dependencia enfermiza, convirtiendo a Bear en un antagonista de su propia historia, un victimario que, sin pretenderlo, acaba siendo víctima de sus acciones.
Curry Barker demuestra una habilidad notable para equilibrar el humor negro con el terror más visceral. La cinta se permite momentos de una incomodidad hilarante, donde la situación límite provoca risas nerviosas, para, acto seguido, sumergir al público en escenas de una brutalidad inusitada. Esta alternancia de tonos refuerza la sensación de desasosiego y mantiene al espectador en alerta constante. La dirección se apoya en un uso magistral del sonido y el silencio, creando una atmósfera opresiva que se cierne sobre cada fotograma. El director, cuyo pasado en el humor digital le ha dado un ojo para el ritmo y la sorpresa, utiliza estos recursos con precisión, demostrando que el terror puede ser tan efectivo en los momentos de calma como en los de explosión.
El tercer acto de la película, sin embargo, puede resultar excesivo en su duración. La tensión acumulada se prolonga más de lo necesario, y la resolución, aunque impactante, adolece de cierta previsibilidad. La secuencia final, que muestra a la verdadera Nikki atrapada en el hechizo, es un acierto perturbador, pero el camino hacia ella se siente en ocasiones reiterativo. A pesar de ello, la cinta sostiene su interés gracias a la fuerza de la interpretación de Navarrette, que se convierte en el ancla de una propuesta que, en manos de un reparto menos entregado, podría haber naufragado. La elección de Barker de mostrar el dolor de Nikki, incluso cuando el personaje se encuentra poseído, añade una capa de complejidad que trasciende el simple entretenimiento.

La obra se inscribe en una tradición de cine de terror que utiliza la fantasía para explorar ansiedades contemporáneas. La obsesión de Bear por Nikki refleja una cultura que a menudo confunde la persistencia con el afecto y la posesión con el amor. La película se erige como un alegato contra el 'nice guy' que se siente con derecho a recibir afecto y que, al no obtenerlo, recurre a métodos cuestionables. Esta crítica se presenta de manera orgánica y nunca se vuelve un sermón. Barker prefiere mostrar las consecuencias de las acciones de Bear a través de imágenes y situaciones que quedan grabadas en la memoria, en lugar de ofrecer discursos explícitos. En el plano técnico, la fotografía de Taylor Clemons utiliza la luz y la sombra para reflejar el estado mental de los personajes, mientras que la banda sonora de Rock Burwell se convierte en una presencia inquietante que subraya los momentos de tensión.
La tensión sexual y afectiva que se establece entre Bear y Nikki antes del deseo se presenta como un campo de batalla. Bear anhela una conexión que Nikki, en su estado natural, no está dispuesta a ofrecer. Esta dinámica, en apariencia común, se convierte en el terreno abonado para que la narrativa de Barker siembre la discordia. Cuando Bear pronuncia su deseo, no solo altera la psique de Nikki, sino que también desarticula el frágil equilibrio de su entorno social y laboral. La cinta examina cómo la imposición de la voluntad de uno sobre otro puede desencadenar una cadena de destrucción que afecta a todos los que rodean a los implicados. La figura de Ian, interpretado por Cooper Tomlinson, sirve como contrapunto a la obsesión de Bear, mientras que la presencia de Sarah añade otra capa a este entramado de deseos no correspondidos.
El objeto del deseo, el 'One Wish Willow', es presentado como un simple juguete de feria, pero su poder se revela como una fuerza antigua y sin escrúpulos. Curry Barker evita caer en explicaciones extensas sobre su origen, manteniéndolo en un plano de ambigüedad que aumenta su inquietud. Esta decisión narrativa permite que el foco permanezca en las consecuencias del deseo y en el impacto psicológico en los personajes. La cinta, en este sentido, se asemeja a relatos de terror clásicos donde el objeto maldito es un mero desencadenante de las pasiones que ya residen en el interior de los protagonistas. El ritmo de la película, aunque eficaz en general, se resiente en su tramo central, pero Barker sabe recuperar el pulso con escenas de una intensidad que deja huella, como el asesinato de Sarah, que funciona como un punto de no retorno en la historia.
La interpretación de Inde Navarrette es, sin duda, el pilar sobre el que se sostiene la película. Su capacidad para transmitir la dualidad del personaje, su fragilidad y su furia, eleva la cinta por encima de la media del género. En cada escena, la actriz logra que el espectador oscile entre el miedo y la compasión por Nikki, una figura trágica que ha perdido su identidad por culpa de un capricho ajeno. Este trabajo actoral, que recuerda a las grandes interpretaciones del cine de terror de los años setenta, es el verdadero motor de la película, el elemento que la dota de una fuerza emotiva que trasciende los sustos y el gore. 'Obsession' confirma a Curry Barker como un cineasta con una voz propia, capaz de imprimir a un subgénero conocido una mirada crítica y una ejecución formal sólida.

Crítica elaborada por Emma Castillo

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