Cine y series

Insaciable

Natalie Erika James

2026



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El regreso de Natalie Erika James al terreno del terror después de 'Relic' y 'Apartment 7A' se produce con una propuesta que indaga en las contradicciones de la sociedad contemporánea en relación con la imagen y la alimentación. La cineasta australiana, con una trayectoria que ya ha demostrado su interés por los traumas heredados y las fobias domésticas, aborda aquí un asunto que se ha convertido en una obsesión colectiva. La presión por alcanzar un ideal estético y la paradoja de un entorno que fomenta el consumo excesivo mientras exige delgadez son los pilares sobre los que se asienta su nueva obra. La película, presentada en el Festival de Sundance, refleja las inquietudes de una era donde los fármacos para perder peso y las redes sociales dictan pautas de comportamiento, y lo hace sin apartar la mirada ante las consecuencias más brutales.

El argumento sitúa a Hana, una estudiante de medicina atrapada en una lucha perpetua contra su propia imagen, en el centro de una espiral autodestructiva. Su dismorfia de la imagen, alimentada por los cánones de belleza y las rutinas de ejercicio y restricción, la conduce a probar una píldora milagrosa de origen turbio. Cuando descubre que el compuesto de ese fármaco son cenizas de origen cadavérico, su reacción oscila entre el rechazo y la fascinación por la eficacia del producto. La decisión de sintetizar su propia versión de la pastilla a partir de un cadáver del departamento de anatomía desencadena el verdadero conflicto de la cinta, donde la pérdida de peso se convierte en un proceso grotesco y sobrenatural. Un espectro vinculado al cadáver del que ha obtenido la materia prima comienza a acecharla, y su voracidad se transforma en un impulso incontrolable que la lleva a atiborrarse de comida sin que su figura se resienta en apariencia, aunque su salud se deteriore sin remedio.

Natalie Erika James utiliza la mitología japonesa de los fantasmas hambrientos para dar forma a una amenaza que funciona como reflejo de la dependencia de Hana. Esa presencia, lejos de ser un ente externo, se revela como una manifestación de sus propias ansiedades y de un vacío que intenta llenar a través de la comida y la obsesión por el peso. Esta capa fantástica se superpone al retrato de una joven que busca controlar su entorno mediante la disciplina y el estudio, aunque su vida personal y sus relaciones afectivas se resienten. Su atracción por su entrenadora del gimnasio y la preocupación de su amiga Josie, que ejerce de voz sensata, son elementos que James desarrolla para subrayar la soledad de la protagonista. La relación con su padre, enfermo, y con una madre crítica con su peso, aportan una dimensión familiar que la directora trata de integrar en la trama, aunque la película articula estos frentes con distinta eficacia.

La película apuesta por una imagen deliberadamente desagradable, con planos detalle de comilonas que enfatizan el carácter compulsivo y casi violento de la ingesta. La intención de la realizadora, sin embargo, se dispersa al tratar de abarcar demasiados discursos. El 'body shaming', los riesgos de la delgadez extrema, el peligro de las modas farmacológicas y la hipocresía de un entorno que venera una belleza superficial se presentan como un conjunto de ideas que se desarrollan de forma desigual. La película se acerca a una crítica de la cultura de la dieta y la presión estética, pero se pierde en una sucesión de secuencias impactantes que priorizan el asco sobre la inquietud. La decisión de mostrar al fantasma de manera explícita y la resolución previsible de la trama contribuyen a que el producto final se asemeje más a una colección de momentos grotescos que a un discurso sólido sobre el desorden alimenticio.

Midori Francis, en el papel principal, sostiene el peso de la historia gracias a su capacidad para transmitir la vulnerabilidad y la determinación de Hana. Su interpretación es el ancla de un relato que, en ocasiones, parece desbordar a su propia directora. El vestuario y el maquillaje contribuyen a mostrar la transformación de la actriz, aunque el empleo de un traje de sobrepeso en la primera parte de la cinta resulta un recurso cuestionable que simplifica la representación de la dismorfia. La aparición de Danielle Macdonald como la amiga sensata y Madeleine Madden como el objeto de deseo de la protagonista aportan un contrapunto a la soledad de Hana, pero sus personajes permanecen en un segundo plano sin alcanzar el desarrollo que su presencia en la trama requeriría. El metraje de la película, que se acerca a las dos horas, se antoja excesivo para una premisa que podría haberse resuelto con mayor concisión.

La película de Natalie Erika James, a pesar de su ambición, se queda a mitad de camino entre el terror fantástico y el drama sobre la imagen personal. La cineasta acierta al señalar las contradicciones de una época que empuja hacia la delgadez mientras normaliza el consumo de productos ultraprocesados, pero fracasa en hilvanar todas sus ideas en un conjunto equilibrado. El exceso de conceptos, la repetición de ciertas escenas y un tercer acto que abandona la sutileza en favor de lo grotesco impiden que el filme alcance la potencia de 'Relic'. Aun así, su propuesta visual y la entrega de su protagonista la convierten en una obra digna de atención para los aficionados al terror de la carne, aunque su mensaje se diluya en un exceso de ruido y sangre. En definitiva, la cinta refleja la paradoja de una sociedad que exige delgadez mientras fomenta el exceso, pero su propio exceso narrativo termina por desdibujar ese diagnóstico.

Crítica elaborada por Dani Miguel Brown

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