Stefan Golaszewski regresa al primer plano televisivo con una ficción que examina los pliegues de la pareja contemporánea a través del prisma de la fertilidad y sus contratiempos. Su estilo, reconocible por la minuciosidad con la que retrata las conversaciones cotidianas, encuentra en 'Babies' un lienzo de seis episodios donde la repetición y la pausa adquieren un peso narrativo considerable. La serie, producida para la BBC y disponible en Filmin, sitúa a sus personajes en un bucle de espera y decepción, un territorio donde la comunicación se convierte en un campo minado de silencios y frases hechas que apenas disimulan la fractura interna. Lejos de los giros argumentales convencionales, Golaszewski apuesta por la acumulación de instantes menores, construyendo una estructura que exige una atención sostenida a los matices del diálogo y la mirada, todo ello dentro de una puesta en escena que privilegia los encuadres cerrados y la incomodidad de los espacios domésticos. La serie se convierte así en un estudio sobre lo no dicho, sobre aquello que se escapa entre las palabras de consuelo y las bromas que intentan aliviar la tensión de una sala de espera.
La trama principal gira en torno a Lisa y Stephen, una pareja de treinta y tantos años cuya vida sexual se convierte en un calendario de ovulación y cuya felicidad futura depende de una prueba de embarazo positiva. Tras varios abortos espontáneos, ambos gestionan el duelo de maneras opuestas: él recurre al humor y a la aparente fortaleza, mientras que ella se deja llevar por una ira contenida que estalla en los momentos más inoportunos, como una cena familiar. Paralelamente, la serie introduce a Dave, el mejor amigo de Stephen, y a su nueva pareja, Amanda, una mujer de clase alta que ejerce un control férreo sobre sus emociones y que esconde sus propias pérdidas gestacionales tras un muro de cinismo y distancia. La relación de Dave con su hijo pequeño, fruto de una relación anterior, añade otra capa a esta reflexión sobre la paternidad fallida y la incapacidad para conectar afectivamente, mostrando cómo la falta de herramientas comunicativas se hereda y se repite a lo largo de las generaciones masculinas.
La evolución de los personajes se produce a través de pequeños gestos que acumulan significado con el paso de los minutos, aunque el desarrollo de algunos arcos se resiente en los compases finales. La serie acierta al mostrar cómo el dolor por la pérdida de un embarazo no se manifiesta siempre como una tragedia melodramática, sino como una irritabilidad difusa, un agotamiento vital que contamina todas las esferas de la existencia. Lisa transita de la esperanza a la amargura con una convicción que sostiene gran parte del peso dramático, mientras que Stephen se debate entre su rol de sostén familiar y su propia fragilidad, una tensión que el actor resuelve con una contención muy medida. Por su parte, Amanda representa el arquetipo de la mujer que ha optado por la autoprotección a través del desapego, una postura que la convierte en un personaje difícil de empatizar, pero cuya frialdad resulta comprensible a la luz de su historia. En el lado opuesto, Dave encarna la masculinidad torpe y ruidosa, un hombre que confunde la sinceridad con la grosería y que utiliza la bravuconería para ocultar un miedo atroz al abandono y a la intimidad real.
La dirección de Golaszewski se caracteriza por una planificación que roza lo asfixiante, con primeros planos que atrapan a los actores en sus propias angustias y que subrayan la claustrofobia de una relación asediada por la biología y la presión social. Sin embargo, esta elección estética, tan efectiva en los primeros capítulos, deriva en una repetición que lastra la fluidez del relato en su tramo final, cuando la serie parece perder el pulso al introducir una decisión narrativa que rompe la coherencia visual construida. La apuesta por el realismo sucio, con diálogos que zigzaguean entre lo absurdo y lo punzante, recuerda a la obra de otros autores que exploran la incomodidad de lo doméstico, pero Golaszewski se diferencia al eliminar cualquier atisbo de épica, sumergiendo al espectador en una monotonía deliberada que a veces confunde la profundidad con la simple reiteración. Las conversaciones entre Stephen y su padre, donde la risa nerviosa ocupa el lugar de cualquier confesión, ejemplifican esta estrategia, pero su efectividad se diluye cuando se extienden más de la cuenta y la inacción se convierte en un fin en sí mismo, despojando a la escena de su potencial crítico.
Las implicaciones sociales que aborda la serie son múltiples y se entrelazan con una destreza que evita el panfleto, aunque a veces peque de subrayado. La presión reproductiva sobre las mujeres de cierta edad, la jerarquización del dolor en función de la viabilidad del embarazo y la construcción de una masculinidad que impide la vulnerabilidad son algunos de los temas que atraviesan el metraje. La serie también cuestiona los rituales de consuelo, mostrando cómo los amigos y familiares repiten frases hechas que, lejos de aliviar, aíslan aún más a quienes sufren, y cómo la clase social de Amanda marca una distancia insalvable en la manera de entender el apego y la responsabilidad. La figura del médico, que aparece como una autoridad fría y deshumanizada, refleja una crítica a un sistema sanitario que reduce la gestación a un proceso técnico, ignorando la dimensión psicológica de los pacientes. Estos apuntes, sin embargo, se integran de manera orgánica en los diálogos, evitando que la denuncia opaque la construcción de los personajes, aunque algunos espectadores puedan percibir cierta reiteración en el discurso sobre la incomunicación masculina.
El reparto sostiene con oficio un material que exige una entrega física y emocional considerable, especialmente en las escenas de mayor crudeza, donde el dolor se manifiesta a través de la rabia o el mutismo. Siobhán Cullen logra transmitir el desmoronamiento de Lisa con una intensidad que no recurre al patetismo, sino a una autenticidad que nace de la contradicción entre lo que dice y lo que su rostro delata. Paapa Essiedu, por su parte, construye a un hombre atrapado en su propia armadura, y su interpretación resulta convincente en los momentos de quiebra, aunque el guion le exige mantener una rigidez que puede resultar monótona. Jack Bannon y Charlotte Riley completan el cuarteto con trabajos que redondean el universo de la serie, aunque el personaje de Amanda, con su distancia calculada, parece a veces más un concepto que una persona de carne y hueso, lo que resta verosimilitud a su evolución. La serie se apoya en estos actores para explorar la disonancia entre la vida que se proyecta y la que realmente se vive, y aunque el resultado es irregular, el esfuerzo interpretativo merece un reconocimiento que trasciende las debilidades del texto.
En última instancia, 'Babies' se presenta como un ejercicio de estilo que interpela al espectador desde la incomodidad, invitándolo a observar el coste de las pequeñas mentiras que sostienen las relaciones adultas. La obra de Golaszewski destaca por su valentía al abordar un asunto tabú sin concesiones, pero también evidencia los límites de una propuesta que confunde la lentitud con la reflexión y la repetición con la profundidad. El resultado, aunque desigual, ofrece un retrato sincero de una generación que se enfrenta al deseo de ser padres en un contexto donde la incertidumbre y la pérdida son parte del paisaje, y donde el amor se demuestra tanto en los cuidados como en los silencios. La serie merece ser vista por su capacidad para generar conversaciones incómodas y por su empeño en retratar la fragilidad de nuestros proyectos vitales, aunque su factura irregular impida considerarla un punto de inflexión en el género. Su legado podría ser, más que una obra redonda, un espejo donde algunos reconocerán sus propias contradicciones y miedos.
Crítica elaborada por Esther Cunha
