Cine y series

El otro padre

Roberto Stopello

2026



Por -

La mesa familiar, dispuesta con la vajilla de los días señalados, aguarda la celebración de una graduación. En ese instante de normalidad aparente, la serie 'El otro padre' introduce su primer movimiento de ruptura: el desvanecimiento de Julieta, la hija, que transforma la fiesta en una cuenta atrás hospitalaria. Roberto Stopello, responsable de la creación, junto a los directores Analeine Cal y Mayor y Carlos Villegas Rosales, orquesta esta transición con una economía narrativa que define el tono de la producción. La elección de capítulos de corta duración, de entre siete y once minutos, no responde a una moda. Es una decisión estructural que acelera el ritmo de la revelación y mantiene la tensión en un punto de ebullición constante, un formato que el melodrama mexicano había explorado con poca frecuencia y que aquí se convierte en el vehículo idóneo para la urgencia.

La urgencia médica, sin embargo, es el catalizador de una devastación más silenciosa: la prueba de compatibilidad para el trasplante de riñón que necesita Julieta desvela, con la frialdad de un dato genético, que Ricardo, el hombre que la ha criado durante dos décadas, no es su padre biológico. Este hallazgo, que la serie presenta como un hecho científico incontestable, desencadena una crisis de identidad que se superpone a la lucha por la supervivencia de la joven. Silvia Navarro, como Maca, encarna a la madre que debe moverse entre su instinto de salvación y la culpa de un secreto que ha mantenido oculto durante veinte años. La interpretación de Navarro se mueve en el registro de la contención, mostrando a una mujer que, atrapada entre su juramento médico y su deber familiar, toma decisiones que la colocan en una posición moralmente ambigua, lejos del arquetipo de la madre abnegada y virtuosa.

En el extremo opuesto, Manolo Cardona compone a Ricardo, el esposo que descubre que su paternidad es una construcción social sobre un cimiento biológico que se desmorona. La serie plantea entonces un dilema ético de primer orden: ¿qué define a un padre, la sangre o los años de crianza, la presencia en las fiebres infantiles o el código genético? Ricardo, al ofrecerse como donante y verse rechazado por la ciencia, se enfrenta a una forma de exclusión que ninguna ley puede reparar. Su determinación por salvar a Julieta, incluso si eso implica transgredir la ley, lo convierte en un personaje trágico que desafía la lógica del sistema médico y judicial, una figura que pone en duda los límites de la legalidad cuando la vida de un ser querido está en juego, mostrando hasta qué punto el amor puede llevar a un individuo a la desesperación y al acto ilegal.

La aparición de Emilio Martínez, interpretado por Erik Hayser, como el padre biológico, introduce el conflicto entre dos familias y dos concepciones de la paternidad. Hayser aporta la presencia de un extraño que irrumpe en una historia ya escrita, un hombre que desconoce la existencia de su hija y que, al ser confrontado, se convierte en el eslabón perdido para la supervivencia de Julieta. La serie no se limita a un triángulo amoroso o de paternidad. Expande el conflicto para incluir a la segunda familia, con la interpretación de Paola Núñez, creando un ecosistema de relaciones donde la lealtad y la traición se miden con la misma vara. La dirección evita los primeros planos lacrimógenos y opta por una puesta en escena pulcra y simétrica, donde los espacios domésticos se convierten en escenarios de una guerra fría, en la que cada diálogo, cada silencio, está cargado de una tensión que los personajes no verbalizan, pero que la cámara registra con precisión.

La serie se detiene en las consecuencias de la democratización de las pruebas genéticas, aquellas que, concebidas como herramientas de curación, se transmutan en instrumentos de revelación y fractura. Lo que en otro tiempo hubiera permanecido como un secreto enterrado, aquí es desenterrado por el propio avance de la ciencia médica, creando una paradoja donde el mismo acto que puede salvar a la hija destruye a la familia que la contiene. 'El otro padre' evita los juicios morales maniqueos y prefiere exponer la complejidad de las decisiones de los personajes, mostrando cómo un solo resultado de laboratorio puede reescribir la biografía de una persona y alterar para siempre la cartografía afectiva de un hogar. La narrativa se sostiene sobre esta premisa, examinando la fragilidad de los lazos que creemos eternos y la capacidad de las personas para redefinir su identidad y sus alianzas frente a la adversidad.

La sobriedad visual, con sus líneas claras y colores neutros, sirve de contrapunto a la agitación sentimental de los personajes. Esa aparente calma en los encuadres subraya la naturaleza explosiva de los diálogos y las decisiones, creando una disonancia que refuerza la idea de que las grandes catástrofes ocurren en la rutina de los días, entre objetos cotidianos que ya no volverán a significar lo mismo. La serie se toma el tiempo necesario para mostrar la evolución de cada personaje, desde la incredulidad inicial hasta la asunción de una nueva realidad, sin que ninguna de esas transiciones resulte forzada o inverosímil. La trama se concentra en la interacción y en las consecuencias de cada elección, construyendo un relato que debe tanto al drama familiar contemporáneo como a la tradición del melodrama latinoamericano, del cual bebe para actualizar sus conflictos con una mirada más sombría y realista sobre la naturaleza de los vínculos afectivos.

Crítica elaborada por Mario Lozano

MindiesCine

Buscando acercarte todo lo que ocurre en las salas de cine y el panorama televisivo.