Crónica

Somos La Herencia

Sala El Sol – Sound Isidro

08/05/2021

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Somos La Herencia nos volvieron a demostrar a su paso por el Sound Isidro como son una de las bandas más singulares a la hora de encontrar un cruce preciso entre la cara más sugerente del post punk y un trasfondo relacionado con la música industrial. Siendo conscientes de cómo su aún más que reciente LP debut Dolo encierra múltiples simbolismos y significados aún por descifrar, la banda no duda en dejarnos caer alguna que otra pista sobre ellos en directo, logrando que su propuesta siempre esté revestida de una gran crudeza y ese punto de sobrecogimiento que siempre es necesario para que un concierto perdure en tu cabeza. Agotando las entradas en la sala El Sol en los ambos pases que ofrecieron a lo largo de la tarde, confirmaron como han logrado calar hondo a base de despuntar sobremanera dentro de unos territorios musicales que tienden bastante al anquilosamiento.

Seguramente su capacidad para dibujar escenarios un tanto amenazantes, donde el poder de lo sintético juega una gran baza a la hora de transmitirnos en directo de qué tratan todas esas historias de fábricas, demonios y pactos en la oscuridad sea su mejor arma, apostando al mismo tiempo por momentos donde la interpretación más visceral supone un auténtico cuchillo con el que lograr que su puesta en escena sea lo más parecido a un ritual. De hecho, la forma en la que decoraron el escenario contribuyó enormemente a ello, apostando por una cortina negra que cubría dos focos de luz blanca a la par de situar un cuadro en mitad de la escena. Sin embargo, las circunstancias propiciaron que desde el primer tema parte de esta cortina se desprendiese, haciendo que uno de los focos transmitiese una luz cegadora que a la postre tuvo un papel destacado en reforzar todos los dualismos y lo sugerente de propuesta.

Arrancando el concierto con una intro instrumental donde dejaron claro cuál iba a ser el nivel de los graves a lo largo de su concierto, el grupo fue desplegando progresivamente su habilidad de conducirnos a escenarios remotos donde la actividad en las sombras resulta frenética. Con un apartado vocal que acrecienta la crudeza y lo hiriente de los temas, la inicial ‘Un Nuevo Idioma’ sonó con ese punto de solemnidad que marcaría el resto del directo, encontrándonos ante un Gonso golpeándose el pecho a las primeras de cambio para dejar claro como el camino que recorren sus temas nos ofrece pruebas donde hay que estar preparados para abrazar el miedo y lo desconocido. Destacando en todo momento una percusión y línea de bajo que sonaban de lo más altos, la fusión alcanzada gracias a todo el aparataje de teclados que desplegaron caló hasta los huesos, aportando en todo momento esa sensación de comprobar como los pensamientos más compulsivos afloraban a lo largo de los temas sin poder ponerles freno.

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Recuperando para la ocasión temas de impacto inmediato como ‘Revisión de la Materia’ o ‘Caballo’, la banda supo muy bien como dar rienda suelta a aquella parte donde el apartado atmosférico lo envuelve todo de una forma casi agónica, alcanzando de este modo algunos de los momentos del directo donde el silencio entre el público se hacía más que patente debido a la fuerte carga de tensión y electricidad acumulada en los temas. De una forma más liberadora llegaron otras composiciones como ‘Parque de Atenas’ o ‘Cuero Rojo’, desatando una cara más enfocada a ofrecernos frases de lo más potentes y arrojadizas que a estas alturas ya se han convertido en auténticas frases lapidarias.  Así es como pusieron una marcha más en aquello de provocar en los asistentes una catarsis de imágenes difusas y emociones antagónicas, evidenciando como los contrastes encerrados en sus composiciones nunca resultan nada obvios.

Superando el ecuador del concierto, Antonio Llamas subió al escenario para interpretar una ‘Espuma Blanca’ con la que apuntalar aún más esa forma que tiene el grupo de jugar con elementos cercanos y deformar las acciones que nos sugieren. A partir de ahí, el directo adquirió incluso una marcha más a base de tirar de su repertorio más focalizado hacia el poder de los ritmos pesados y los momentos de éxtasis más inesperados, encarando de una forma más que acertada composiciones como ‘Plaza Dura’ o una ‘Injusto’ que sonó como el tema más cortante de toda la vedada. Sintiendo como aún quedaba espacio para más momentos donde las historias cargadas de lamentos alcanzaban cotas aún más altas, ‘Entre las Piedras’ y la final ‘Pesar’ desplegaron todo su potencial a la hora de ejercer como esa guillotina que claudica con todo lo turbulento de nuestras vidas.  Un final destacado para un directo donde la intensidad se desarrolló en sus múltiples conceptos posibles.

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Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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