Christina Rosenvinge puso fin a la gira de presentación de su más reciente LP, ‘Los versos sáficos’, con una doble velada en el céntrico Café Berlín. Tenía claro que quería hacer algo especial, así que estrenó un formato inédito con Amaia Miranda a la guitarra y Magalí Datzira al contrabajo. Con él encontró un nuevo espacio para sus canciones, que les sentó a las mil maravillas. La artista madrileña, curtida en mil batallas, siempre ha sabido reinventarse en cada uno de sus discos sin perder nunca la capacidad de sorprender.
En esta ocasión, el origen de este trabajo se remonta a 2022, cuando el Festival de Mérida acogió el estreno de Safo, una obra de teatro visual, poética y musical dirigida por Marta Pazos, para la que Christina Rosenvinge fue la encargada de poner la música. Aquella inmersión en la obra de la poeta griega acabó colándose en las reflexiones personales de la propia artista, que ligó el pasado y el presente en una concepción casi cíclica del tiempo. Ese hilo conductor fue el que sostuvo el concierto de principio a fin.
Dicharachera y explicativa, como nos tiene acostumbrados, comenzó la velada con una pieza que no pertenece a este disco pero que enlaza a la perfección con él: ‘Canción del eco’. Con ella demostró cuánto le ha interesado siempre el mundo mitológico, aunque en esta ocasión se inspira directamente en el mito clásico de Eco y Narciso. Sonó con sobriedad pero también con capacidad de emocionar, y resultó curioso comprobar cómo con el paso de los años el registro vocal de la artista se ha ido extendiendo más y más al tiempo que ganaba en poderío. Entrando rápidamente en faena a la hora de desgranar lo que esconden los versos de Safo, nos introdujo en su mundo con el ‘Himno a Afrodita’. Quedó evidente lo bien planteado que estaba el formato, capaz de dotar de un tono más orgánico a los temas sin perder robustez ni profundidad en su sonido.
El concierto recorrió todos los contrastes y estados de ánimo del disco, y resultó fácil caer embelesado ante las tonalidades de ‘Ligera como el aire’, quizás la canción más interpretada en susurro de la noche. Esa delicadeza convivió con el resurgir de ‘Fragmentos’, en la que nos olvidamos del carácter más acústico del resto del repertorio. También hubo espacio para ver a Christina disfrutar sobremanera en interpretaciones como la de ‘Canción de boda’, en la que se despojó de la guitarra, o la de ‘Hoy duermo sola’, precedida de una reflexión sobre la eterna juventud, que no es lo mismo que desear la vida eterna. Tampoco faltó ‘Poema de la pasión’, cuyo crescendo en el estribillo resultó bastante sobrecogedor. Cada tema llegó acompañado de detalles sobre su origen, lo que representa y cómo podemos enlazarlo con pensamientos que nos abordan prácticamente a diario. Fue un enfoque cercano con el que humanizar una obra ya de por sí basada en los sentimientos más comunes y arrebatadores que existen.
La segunda parte del directo estuvo marcada por el resto de canciones de su repertorio, aunque antes dejó dos novedades de lo más destacadas: el estreno de dos temas nuevos. La primera, de tono marcadamente político, se titulará probablemente ‘La nueva ley’. Nos dejó ante una nueva dimensión en la música de la compositora, que dedicó la canción a todos los acampados en Sol. La segunda, que según reconoció la propia artista se llamará ‘Tirana’ o ‘Esa criatura’, mostró un carácter más juguetón pero igualmente incisivo en el apartado analítico de la letra. Ambas composiciones destacaron por la presencia de la guitarra de Amaia Miranda y por unos tonos algo más sombríos de lo que nos tiene acostumbrados.
Siguiendo con las sorpresas agradables, rescató ‘Romance de la plata’ y la importancia de reconciliarse con el fantasma de su padre, mientras que con ‘La flor entre la vía’ puso una nota más cruda para cerrar momentáneamente el concierto por todo lo alto. Sin embargo, con un público encendido, los bises llegaron de la forma más generosa mirando hacia el pasado con ‘La distancia adecuada’, ‘Mil pedazos’ y ‘Tú por mí’. Fue un cierre coreado al unísono en una velada diseñada para disfrutar del lado más cercano de la artista y para comprobar que, sea cual sea la etapa artística en la que nos la encontremos en concierto, siempre tendrá cosas fascinantes que aportarnos.
