Las Soundset Series regresaban al Condeduque con una velada excepcional protagonizada por dos artistas capaces de ampliar los horizontes de la música a través de la deformación de estructuras reconocibles. En la oscuridad del auditorio, resultó de lo más sencillo sumergirse en las composiciones de More Eaze y Carmen Villain. Ambas actuaciones nos brindaron esa sensación estimulante que producen los conciertos cuyo resultado promete ser fascinante desde el primer momento. Sus propuestas, muy diferentes entre sí, compartían la capacidad de convertir cada canción en un espacio repleto de sorpresas, con estructuras sonoras que desafiaban nuestras expectativas. Así lo demostró desde el principio More Eaze, la artista texana que actuó en solitario y aprovechó con maestría todos los recursos a su alcance. Con una mesa de mezclas, un portátil, varios pedales, un violín y una guitarra, articuló una amalgama de sonidos que conjugaba el tratamiento digital con la calidez de un pop interpretado con cierta timidez. El resultado fue un concierto versátil que permitió descubrir las distintas facetas de su propuesta, enlazando pasajes atmosféricos dispersos y utilizando las modulaciones vocales como hilo conductor para transmitir la extrañeza que nos rodea.
El concierto arrancó con la sobrecogedora ‘I’m in the structure’, que nos permitió comprender enseguida que las canciones adquirirían una forma muy distinta a la de sus versiones de estudio. La mayoría se construyeron mediante bucles de violín y una voz serena que daba forma a escenas incompletas y confusas, similares a las que terminamos compartiendo con nuestro círculo de amistades más cercano. Las piezas de su reciente disco ‘valley and structure’ también ocuparon un lugar destacado en el repertorio. A través de ellas, asistimos a una construcción minuciosa en la que cada rasgueo de violín se superponía a pequeños motivos melódicos de carácter hipnótico, como sucedió en ‘what’s wrong with the structure?’. El cambio de registro llegó con ‘leave (again)’, una composición que se adentró en territorios cercanos a los sonidos galácticos. Sus texturas líquidas fueron calando poco a poco, acompañadas de grabaciones de campo cuyo acabado lo-fi y granulado impregnaba el conjunto.
La capacidad de partir de elementos mínimos para alcanzar una resonancia mucho mayor volvió a manifestarse en ‘they try to shove me in the structure’. Construida a partir de su guitarra, la canción fue abriéndose camino mediante punteos entrecortados que demostraron cómo el magnetismo de su música también reside en reducir los elementos al mínimo. De esa sencillez surgió una forma de belleza que hasta entonces no había aflorado con tanta claridad durante la velada. A medida que avanzaba el concierto, cada composición revelaba las inquietudes de la artista por desarrollar canciones que progresan a partir de sonidos indecisos e imperfectos. Esta manera de trabajar ponía de manifiesto hasta qué punto su música refleja la incertidumbre que acompaña nuestra experiencia cotidiana. Fue una actuación que invitó a detenerse y pensar, de esas que consiguen que salgamos con la cabeza en un lugar mejor que aquel en el que nos encontrábamos al entrar.
Por su parte, Carmen Villain llegó dispuesta a desplegar todo lo que encierra ‘Memoria’, su último trabajo, en el que los ambientes de electrónica minimalista se prolongan hasta alcanzar los límites experimentales del dub. Su actuación se centró exclusivamente en este disco y ofreció una visión completa de las posibilidades de unas composiciones oscuras, marcadas por giros imaginativos y una exploración minuciosa de los graves. Bajo un juego de luces casi blancas que contrastaba con la solemnidad del escenario negro, ‘Labour of Imagination’ lo inundó todo con un ruido blanco que parecía propiciar un reinicio mental. A partir de ahí, las notas espectrales fueron acumulándose y aparecieron de forma cortante cuando menos lo esperábamos. Sin necesidad de acelerar el ritmo en ningún momento, resultó especialmente llamativa la manera en que Carmen Villain jugaba con las distintas fuentes de sonido para estimular nuestra imaginación e invitarnos a buscar posibles referencias en todo lo que estábamos escuchando.
El carácter sugestivo de su música quedó patente en ‘Memoria’, una pieza en la que parecía que unos pasos fríos se aproximaban sin que pudiéramos identificar su procedencia. La incorporación progresiva de efectos metálicos y distorsiones sutiles añadió tensión a una composición que avanzaba de forma intermitente, sin dar señales de dirigirse hacia un desenlace definitivo. Sin abandonar los trampantojos sonoros, pero acercándose a ambientes glitch que evocaban el carácter discontinuo de los recuerdos, ‘Blue’ destacó por su capacidad para generar una atmósfera todavía más inquietante. La densidad de sus texturas resultaba casi tangible, como si pudiéramos cortarlas con un cuchillo. Ya cerca del final, llegó otra agradable sorpresa con la aparición de More Eaze sobre el escenario. Su violín añadió una nueva capa sonora que permitió distinguir otros matices dentro de la composición. Tras intercambiar silenciosamente sus agradecimientos, ambas artistas pusieron el broche a una velada que reivindicó la importancia de los circuitos musicales capaces de inspirarnos mediante la exploración de la abstracción sonora.
