Kelela es una de esas artistas que siempre está en constante evolución. Sea cual sea la etapa en la que se encuentre, tiene una nueva piel que mostrarnos, recorriendo con total naturalidad diferentes influencias que le apasionan, pero sin ocultar en ningún momento sus raíces cercanas al influjo del R&B con el que se dio a conocer. En esta ocasión, para este nuevo disco titulado ‘new avatar’, se ha dejado llevar hacia los terrenos de las guitarras metálicas y las atmósferas que rozan incluso el shoegaze más abrasivo. El resultado de todo esto en directo se manifiesta en una puesta en escena más cuidada que nunca y un sonido totalmente contundente, incorporando una formación mucho más orgánica sobre el escenario. Si a esto le unimos las hechuras de una artista con un carisma brutal, tanto en lo interpretativo como en esos momentos explicativos sobre su propia música, que tampoco faltaron, obtenemos un directo que vale hasta el último céntimo del precio de la entrada.
En su regreso a la capital después de aquel concierto durante la jornada del sábado del Primavera Sound 2022, pudimos disfrutarla a distancias más cortas, midiendo muy bien los intervalos en los que era necesaria una mayor sobriedad con otros en los que dar rienda suelta a su alma de diva arrebatadora. Desde los primeros compases de ‘Fooley’, con los graves golpeando a tope y haciendo vibrar nuestras camisetas, entendimos cómo la apuesta por dotar al componente electrónico de su música de mayor resonancia, desasosiego y profundidad iba a ser total. Enfundada por completo en una cazadora y unos pantalones de cuero, el casi mimetismo con unas luces de azulón oscuro que combinaban a la perfección con la portada de su nueva referencia hacía que su presencia escénica cobrase aún más significado, transmutando así en una especie de prestidigitadora capaz de mostrarnos cómo atravesar etapas marcadas por profundas rupturas de corazón.
Continuando con esos momentos en los que dejarnos boquiabiertos, no dudó en soltar también a las primeras de cambio ese ‘idea 1’ que representa a la perfección esta nueva etapa de Kelela. Un inicio casi desnudo y seductor para entregarnos un estribillo totalmente destructivo, adaptando a la perfección el tema al directo para otorgar un mayor protagonismo al espíritu tan eléctrico y fantasmagórico conseguido por la pedalera de su guitarrista. Como buena muestra de la capacidad integradora del directo con todo su legado, ‘Happy Ending’ emergió con esa base tan adictivamente turbulenta, sonando mucho más altiva que en su versión de estudio y logrando meterse en la cabeza como un pensamiento del que no sabes muy bien qué tipo de connotaciones posee, si gira más hacia lo revelador o causa por sí mismo una mayor confusión. Quizás esta fue una de las mayores virtudes del concierto: hacer que todo lo que pasaba por nuestros oídos resultase camaleónico y desconcertante en el buen sentido.
Más detalles que no podían pasar por alto llegaron con la forma de adaptar al directo canciones más clásicas como ‘A Message’. Se nota que la artista, cuando concibe una gira, posee una enorme amplitud de miras para encontrar nexos comunes con su pasado, tratando de introducir nuevas capas o agudizar elementos presentes, como la percusión retumbona de este tema. Sin dar la espalda tampoco a ese lado más relacionado con lo desinhibido, con el hecho de saltar a la pista de baile de forma elegante, ‘Bank Head’ llegó como un auténtico torbellino con el que descubrirnos otra dimensión más de su música. Todo un despliegue de recursos con los que el término *in crescendo* ya carecía a estas alturas de significado, más aún con una traca final en la que no dudó en deconstruir al máximo su magnético ‘Sorbet’ y tirar de su mítica ‘linknb’, con la que nos presentó un auténtico decálogo de giros vocales. Con la certeza de que aquello no acabaría ahí, ‘Contact’ puso el broche final ante un público extasiado, algo que no era para menos después de comprobar cómo, durante más de hora y media, nuestra querida protagonista había rozado la excelencia sin concesiones.
