La formación londinense Mary in the Junkyard ha pasado los dos últimos años puliendo su propuesta en salas de pequeño aforo. Durante ese tiempo ha alternado giras junto a Wet Leg con actuaciones en lugares tan poco convencionales como el apartamento neoyorquino de Marina Abramović, donde residió temporalmente. Todo ese recorrido ha terminado cristalizando en su primer larga duración, 'Role Model Hermit', un trabajo alimentado por la fascinación de Clari Freeman-Taylor por las vidas pasadas y los cambios de identidad. La propia vocalista ha contado que, durante un viaje a Islandia, creyó contemplarse a sí misma como un pescador de otra época, una imagen que acaba trasladando a la portada del disco con una barba postiza y un pequeño ratón blanco posado sobre el hombro. Ese relato de tintes fantásticos atraviesa todo el álbum, aunque las canciones se mueven con naturalidad entre lo mitológico y las escenas más cotidianas.
Freeman-Taylor y Saya Barbaglia comparten las voces, además de alternarse en distintos instrumentos de cuerda, mientras David Addison completa el trío a la batería. Juntos levantan un universo sonoro en el que el violonchelo y la viola ocupan el espacio que otras bandas reservarían a los sintetizadores. Esa elección concede a las composiciones una personalidad muy marcada, como ocurre desde la apertura con 'Mantra III', donde la repetición de "it is yours babe, you deserve it" cambia de significado a medida que se superpone a unas cuerdas ásperas y a una percusión irregular. Lo que al principio parece una frase de ánimo acaba convirtiéndose en una reflexión sobre el merecimiento del afecto ajeno, sobre todo cuando el arreglo incrementa la tensión hasta resultar incómodo. La pieza marca desde el primer momento cuáles son las reglas del disco. Las letras pueden resultar escurridizas, aunque el clima que genera la música mantiene siempre una dirección muy definida.
El trío demuestra una notable capacidad para alternar pasajes contenidos con estallidos de intensidad sin que ninguno de los extremos resulte impostado. En 'Seek and Destroy', la guitarra distorsionada y los rugidos guturales del fondo contrastan con una voz apenas susurrada que confiesa "I don't have the body or the mind to go out tonight". La canción retrata la ansiedad social como un conflicto interior en el que la propia persona termina convirtiéndose en su principal obstáculo. La banda tampoco se limita a describir ese malestar. También deja espacio para un humor negrísimo en 'Peter the Dog', donde la protagonista alimenta al perro con su propia carne para impedir que la abandone. En 'New Muscles', por su parte, desarrolla un ejercicio de funk minimalista inspirado en la afición de Barbaglia por las artes marciales. La idea de fortalecerse para enfrentarse al mundo acaba transformándose en una pieza impulsada por el bajo y la percusión manual. Esa facilidad para pasar de un clima a otro sin perder cohesión constituye uno de los mayores aciertos del álbum.
La formación clásica de las integrantes aflora en composiciones como 'Crash Landing', donde el armonio y las cuerdas levantan un escenario desolador para narrar el final de una relación marcada por la incapacidad de un hombre para exteriorizar lo que siente. El verso "you opened up like a coconut" sugiere el enorme esfuerzo que exige acceder a la intimidad de alguien que vive protegido tras una coraza. La propia Freeman-Taylor ha relacionado esta canción con el miedo y el hermetismo afectivo que tradicionalmente se atribuyen a los hombres. Más que formular una denuncia abierta, la pieza describe con precisión las dinámicas de poder que aparecen durante una ruptura, apoyándose en un arreglo que pasa del susurro al clímax con absoluta naturalidad. Más adelante, 'Thou Shalt Sprout' recupera la tradición de los cuentos populares para relatar la historia de un padre que sacrifica sus extremidades con el fin de alimentar a su familia. Tras su muerte, el lugar donde es enterrado termina convirtiéndose en una fuente de sustento. La percusión de aire tribal junto a unas cuerdas hipnóticas envuelve esta fábula macabra con una calma que acentúa todavía más su extrañeza.
El tramo final del álbum deja al descubierto los aspectos más delicados del proyecto. 'Candelabra', compuesta por Freeman-Taylor durante la adolescencia, apenas se sostiene sobre una guitarra acústica y una interpretación de enorme fragilidad. La canción muestra a una autora que convierte la composición en su principal forma de comunicación. Ese minimalismo contrasta con la amplitud orquestal de 'Mouse', donde la historia del pescador reencarnado que reconoce a su compañero animal alcanza su punto culminante. La frase "I'm so sorry we drowned, the sea swallowed us and then spat us out" cobra un significado mucho mayor porque el grupo ha construido a lo largo del disco un universo en el que esos vínculos sobreviven incluso a la muerte y a los cambios de identidad. En lugar de disipar toda la tensión acumulada, la banda deja que las cuerdas se extingan lentamente hasta desaparecer en el silencio. Esa elección encaja con un álbum que encuentra mayor interés en sugerir que en cerrar todas sus ideas. Además, cada nueva escucha permite descubrir pequeños matices en los arreglos o en la dicción que alteran sutilmente la percepción del conjunto.
Conclusión
mary in the junkyard facturan un debut donde las vidas pasadas y las fábulas se entrelazan con la ansiedad cotidiana, utilizando hermosos arreglos de cuerda para dotar de extrañeza a unas composiciones que nunca abandonan la coherencia interna.

