Siddharth P Malhotra, responsable de títulos como 'Hichki' y 'Maharaj', presenta su último trabajo para Netflix. Esta producción india combina el drama judicial con el thriller familiar. El cineasta, que ha demostrado soltura en el terreno de las historias con trasfondo social, se adentra ahora en el espinoso terreno de la ética profesional y los sacrificios personales. La cinta, escrita por Althea Kaushal y Mayank Tewari, sitúa su acción en los tribunales de Bombay, donde la abogacía se convierte en un campo de batalla moral. Con una duración que supera las dos horas, el metraje transcurre entre las paredes del juzgado y los pasillos del poder, construyendo un relato que aspira a mantener la tensión mediante giros argumentales. La producción de Alchemy Films para la plataforma de streaming apuesta por un elenco de actores consolidados, con Sunny Deol y Akshaye Khanna como cabezas de cartel, acompañados por Tillotama Shome y Dia Mirza en papeles de apoyo. La trama se articula alrededor de un caso de agresión que involucra a un joven de familia adinerada, estableciendo desde el principio un escenario donde la justicia parece tener dos varas de medir.
La premisa argumental coloca a Arjun Mehra, un abogado defensor con una carrera impecable, en una encrucijada profesional cuando se ve forzado a representar a Shouryaman Gaur, un hombre al que considera culpable del intento de asesinato de una joven. La complejidad aumenta al descubrirse que la hija del letrado padece leucemia y que el acusado resulta ser el único donante compatible de médula ósea. Este conflicto de intereses constituye el motor narrativo de la cinta, aunque el guion prefiere centrarse en los mecanismos del suspense judicial en lugar de explotar las aristas morales de la situación. La relación entre Arjun y Shouryaman esconde un pasado compartido que incluye a Avantika, esposa del primero y antigua pareja del segundo, añadiendo una capa de rencor personal al ya de por sí tenso enfrentamiento legal. La fiscal Madhura Banerjee, antigua alumna de Arjun, representa la otra parte del duelo procesal, estableciendo un choque generacional dentro de la profesión. La cinta introduce elementos de corrupción política y abuso de poder, mostrando cómo las conexiones familiares pueden distorsionar el curso de la justicia ordinaria. La enfermedad de la hija sirve como catalizador de las acciones del protagonista, aunque el tratamiento de este aspecto familiar queda relegado a un segundo plano cuando la trama se enreda en sus propias artimañas narrativas.
El reparto ofrece interpretaciones que se ajustan a los arquetipos del cine de abogados indio, con Sunny Deol conteniendo su habitual vehemencia para mostrar a un letrado atormentado por sus decisiones. El actor transita entre la fragilidad paterna y la firmeza profesional, aunque el guion le impide explorar completamente la ambigüedad de su personaje, pues continuamente justifica sus acciones mediante la necesidad de salvar a su hija. Akshaye Khanna construye un antagonista que alterna la arrogancia con momentos de vulnerabilidad calculada, creando una figura escurridiza de la que nunca se sabe del todo su grado de culpabilidad. Tillotama Shome aporta el contrapunto de cordura en medio del huracán emocional, con una fiscal que parece consciente de las limitaciones del sistema judicial que maneja. Dia Mirza interpreta a una madre desesperada que queda reducida a su función de soporte emocional, sin que el relato le conceda espacio para desarrollar su propia perspectiva sobre los acontecimientos. El director Malhotra maneja con oficio las escenas de tribunal, aunque abusa de los primeros planos para enfatizar las reacciones de los intérpretes, recurriendo a veces a una música incidental que subraya en exceso cada momento de supuesta importancia. La fotografía de Jishnu Bhattacharjee y sus colaboradores ilumina con claridad los espacios judiciales, mientras que las secuencias fuera del juzgado adolecen de una paleta cromática menos definida, como si el interés del equipo se concentrara exclusivamente en el drama procesal.
El guion de Kaushal y Tewari presenta un entramado de revelaciones que pretenden mantener la atención del espectador, pero que en ocasiones resultan demasiado convenientes para la resolución de la trama. La irrupción de nuevos testigos y pruebas en momentos clave resta credibilidad al proceso judicial, convirtiendo el caso en un rompecabezas donde las piezas encajan con una precisión inverosímil. El dilema ético que enfrenta Arjun Mehra podría haber dado lugar a una reflexión más detallada sobre los límites de la deontología profesional, pero el filme prefiere resolver las contradicciones mediante artilugios narrativos que evitan abordar las consecuencias reales de las decisiones del protagonista. La cinta tampoco escarba en la naturaleza del sistema judicial indio, limitándose a mostrar sus aspectos más superficiales sin cuestionar sus fundamentos estructurales. La representación de la prensa sensacionalista y la opinión pública aparece como un telón de fondo que apenas influye en el desarrollo del caso, desperdiciando la oportunidad de analizar cómo los medios distorsionan la percepción de la justicia. Las relaciones de poder entre las familias adineradas y el sistema legal se mencionan pero no se exploran con la profundidad que merecerían, quedando reducidas a menciones tangenciales en los diálogos de los personajes secundarios.
Los recursos estilísticos de Malhotra incluyen un uso generoso de los flashbacks que, en lugar de aclarar la cronología de los hechos, añaden confusión a un relato ya de por sí enrevesado. La decisión de mostrar el supuesto crimen desde varias perspectivas podría haber enriquecido la comprensión del espectador, pero termina creando una sensación de déjà vu que resta impacto a los momentos clave. El ritmo narrativo sufre altibajos, con una primera mitad que avanza con eficacia y un tramo final donde las revelaciones se acumulan sin dar tiempo a asimilar su significado. Los diálogos, aunque funcionales, carecen de la agudeza que caracteriza a los grandes dramas judiciales, conformándose con exponer la información necesaria para seguir el caso sin añadir capas de complejidad a los personajes. El enfrentamiento verbal entre Arjun y Madhura durante las sesiones del juicio contiene destellos de tensión genuina, pero el guion no sostiene ese nivel de intensidad a lo largo de todo el metraje. La resolución del caso, que pretende ser un giro sorprendente, resulta predecible para cualquier espectador familiarizado con los códigos del género, cumpliendo con las convenciones sin aportar una vuelta de tuerca original. El filme se queda en un término medio entre el entretenimiento superficial y la reflexión seria, sin alcanzar las cotas de excelencia de otras producciones del mismo ámbito temático.
Crítica elaborada por Andrés Gómez
