Review

Gracie Abrams - Daughter from Hell

Gracie Abrams

2026

5


Por -

La cantautora estadounidense Gracie Abrams, que desembarcó en la industria con un padrinazgo familiar que ha generado tantas adhesiones como recelos, afronta su tercer larga duración en un momento crucial de su carrera. Tras dos entregas que consolidaron una base de seguidores fieles y un éxito comercial que alcanzó cotas notables con 'The Secret of Us', Abrams se enfrenta ahora al reto de demostrar que su propuesta trasciende el apellido y las conexiones privilegiadas. 'Daughter from Hell' surge con la intención explícita de virar hacia un enfoque menos autobiográfico y más existencial, aunque el resultado revela que la autora continúa anclada en los mismos terrenos sentimentales que ya exploró anteriormente. La producción de Aaron Dessner, que ya trabajó con ella en trabajos previos, imprime una capa de refinamiento acústico que pretende elevar el material, aunque a menudo termina por diluir cualquier aspereza que pudiera dotar de carácter a las composiciones.

La obsesión por el dolor físico como metáfora de la angustia psicológica atraviesa el álbum de principio a fin, con referencias a cuchillos, hemorragias y heridas que se repiten hasta la saturación. Abrams recurre a imágenes violentas para describir estados anímicos que, en esencia, resultan bastante convencionales dentro del pop confesional: desamores, inseguridades y esa sensación de desajuste que acompaña a la juventud. El problema radica en que la intensidad de las metáforas carece de correspondencia en el desarrollo narrativo de las canciones, que permanecen en una bruma de generalidades donde los detalles concretos brillan por su ausencia. 'Hit the Wall' abre el trabajo con un manifiesto que promete crudeza, pero los arreglos pulcros y las armonías cuidadas desactivan cualquier posibilidad de turbulencia real. La cantante parece atrapada entre el deseo de expresar tormentos genuinos y la necesidad de mantener una imagen de control que termina por restar sinceridad a sus confesiones.

Las colaboraciones de lujo que jalonan el proyecto, desde Justin Vernon hasta Marcus Mumford, aportan momentos de interés pero también evidencian la dependencia de Abrams de nombres consagrados para dotar de relieve a sus composiciones. Cuando la artista se permite cierto desenfado, como ocurre en los pasajes más dinámicos de 'Look at My Life', la propuesta gana en frescura y permite atisbar una personalidad que el resto del tiempo permanece oculta tras capas de producción meticulosa. La canción que da título al álbum, destinada a ser un clímax sentimental con su disculpa a los progenitores por una adolescencia rebelde, se pierde en una grandilocuencia que subraya la falta de sustancia narrativa. Abrams nunca especifica en qué consistió exactamente esa rebeldía, qué líneas cruzó o qué consecuencias tuvo, de modo que la disculpa queda vacía de contenido.

La ausencia de Audrey Hobert, su habitual colaboradora y amiga que apenas participa en una única composición, se nota especialmente en la pérdida de esa chispa de especificidad que caracterizaba los mejores momentos de su anterior trabajo. Sin la influencia de Hobert, las letras de Abrams se vuelven más crípticas sin ganar en calado, acumulando imágenes sugerentes que terminan sin cuajar en escenas reconocibles. 'Imaginary Friend', escrita con su pareja Paul Mescal, juega con la idea de una presencia fantasmal que podría resultar intrigante, pero la resolución del tema se queda en un enfado genérico que desperdicia el potencial de la premisa. La cantante maneja con habilidad su voz, que ha ganado en matices y registros, pero ese virtuosismo técnico se revela incapaz de disimular la falta de personalidad en unas canciones que podrían pertenecer a cualquiera de sus contemporáneas.

El exceso de baladas lastra el ritmo del conjunto, convirtiendo la escucha en un ejercicio de paciencia donde los momentos de respiro son escasos. 'Broke My Heart' y 'Good Reason' discurren por territorios ya explorados con anterioridad por la artista, repitiendo esquemas melódicos y recursos armónicos sin aportar novedades significativas. La decisión de incluir dieciséis cortes, una extensión considerable para un trabajo de estas características, provoca que la sensación de deja vu se instale rápidamente y que los temas menos conseguidos lastren el impacto de los que podrían haber funcionado mejor en un contexto más reducido. El pop de cámara que practica Abrams, con sus arreglos de cuerda y sus crescendos contenidos, resulta agradable pero anodino, incapaz de generar la urgencia que sus letras reclaman a gritos.

Las reflexiones sobre el privilegio y la desconexión con la realidad que asoman en algunos momentos, especialmente en 'Humming' cuando menciona la pérdida de las casas de su infancia en los incendios de California, representan los instantes más interesantes del disco por su capacidad para conectar lo personal con lo colectivo. Sin embargo, estos atisbos de conciencia social aparecen de manera aislada y fracasan al articular una visión coherente que trascienda el malestar difuso que domina el resto del repertorio. La cantante parece consciente de las críticas que recibe por su origen privilegiado, pero su respuesta se limita a menciones superficiales que eluden las contradicciones de su posición. La producción de Aaron Dessner, que funciona tan bien con artistas de mayor bagaje, aquí se convierte en un corsé que impide que las canciones respiren y encuentren su propia identidad. Así, el álbum se queda en un ejercicio de artesanía que apenas roza la ambición de trascender lo confesional, dejando la impresión de que Abrams aún tiene pendiente encontrar su voz fuera del cobijo de su apellido.

Conclusión

Gracie Abrams examina las heridas sentimentales con una insistencia que roza lo obsesivo, aunque sus composiciones raramente alcanzan la claridad necesaria para convertir el dolor en algo tangible.

5

Álbum

Gracie Abrams - Daughter from Hell

Artista

Gracie Abrams

Año

2026

Discográfica

Interscope

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.