Lo que empezó como un blog en 2008, ese espacio digital donde María Fernanda Moreno y Marcela Peláez vertían conversaciones sin filtro sobre relaciones, sexualidad y vida cotidiana, se ha convertido en un largometraje que llega a Netflix tras un recorrido transmedia que incluyó series web y libros. María Gamboa, responsable de títulos como 'Mateo' y la serie 'La primera vez', asume la dirección de esta producción que conserva el espíritu de aquellas charlas desinhibidas pero sitúa a sus protagonistas en una etapa vital distinta, aquella en la que las decisiones pesan con otra intensidad y las amistades se enfrentan a la prueba del tiempo y las circunstancias. El proyecto, con un equipo mayoritariamente femenino en puestos clave como la fotografía de Sonia Pérez o el diseño de producción, se inscribe en esa corriente del cine colombiano que apuesta por narrativas alejadas de los estereotipos tradicionales sobre las mujeres, ofreciendo personajes complejos cuyas contradicciones los vuelven reconocibles para un público que ha crecido junto a ellos durante casi dos décadas. Manuela González y Mabel Moreno recuperan los papeles que las consolidaron. Lo hacen en un momento en que sus personajes, rondando los cuarenta años, se enfrentan a dilemas que rebasan la anécdota romántica para adentrarse en terrenos más espinosos como la maternidad, la presión social o la conciliación entre lo profesional y lo personal.
La trama sitúa a Susana, organizadora de bodas de éxito, y a Elvira, representante de artistas, en un reencuentro forzado tras dos años de distanciamiento provocado por un viaje a la India que salió mal. Gamboa utiliza esa excusa narrativa para explorar las grietas que el tiempo y las distintas elecciones vitales abren en los vínculos más sólidos. La organización de la boda de dos cantantes famosos en el Caribe colombiano sirve de escenario donde ambas mujeres lidian con los problemas logísticos del evento, además de con los fantasmas de aquella ruptura y con los desafíos románticos que encarnan un dueño enigmático del recinto y el representante coqueto del novio. La película se distancia de las comedias románticas al uso al colocar la amistad femenina como eje central, relegando los intereses amorosos a un segundo plano que complementa sin eclipsar el verdadero asunto que plantea el filme: cómo mantener una relación de amistad cuando las prioridades vitales, los ritmos y las concepciones sobre la vida se han vuelto incompatibles. El guion, desarrollado por Ana María Parra y Valeria Gómez con la participación de las creadoras originales, construye un relato que alterna el humor característico de la webserie con momentos de reflexión más pausada. De este modo, las discusiones entre las protagonistas trascienden la anécdota para convertirse en vehículo de un discurso sobre la madurez femenina que rara vez ocupa el centro de las producciones comerciales colombianas.
Los personajes de Susana y Elvira funcionan como representantes de una generación de mujeres que creció con unas concepciones sociales que ahora chocan con la realidad de sus trayectorias vitales. Susana, meticulosa y controladora, encarna a aquella que ha seguido el camino marcado por el éxito profesional, mientras que Elvira, más impulsiva y visceral, representa la búsqueda de una realización que rara vez se ajusta a los cánones establecidos. La evolución de ambas a lo largo del metraje evita un esquema de redención o aprendizaje lineal para mostrar cómo las personas cambian sin necesidad de abandonar sus esencias, adaptándose a las circunstancias sin traicionar aquello que las define. Mabel Moreno y Manuela González construyen sus interpretaciones desde un conocimiento detallado de unos personajes que han habitado durante años, lo que les permite dotar a cada mirada y cada silencio de una densidad que el guion apenas sugiere. Así, los momentos de conflicto se convierten en escenas donde la tensión se sostiene más por lo que se calla que por los diálogos explícitos. El reparto secundario, con nombres como Claudio Cataño, Emmanuel Esparza o Julián Cerati, cumple la función de engranajes que permiten que la maquinaria del relato funcione sin desviar la atención del centro de la historia, esa amistad que se tambalea pero se niega a romperse del todo.
Gamboa opta por una puesta en escena que aprovecha la luminosidad del Caribe colombiano, con Palomino y La Guajira como localizaciones que aportan una textura visual que contrasta con las secuencias más urbanas rodadas en Bogotá. La dirección se mueve con soltura entre los momentos cómicos y aquellos de mayor carga dramática, evitando caer en el tono melodramático que habría resultado fácil ante un argumento que trata temas como el miedo a envejecer o la soledad que acompaña a quienes han priorizado su carrera profesional sobre la vida familiar. La fotografía de Sonia Pérez captura los paisajes costeros con una paleta de colores cálidos que envuelve a las protagonistas, mientras que el trabajo de María Linares en la música subraya las emociones sin necesidad de recurrir a efectismos que distraigan la atención. La película se permite ciertos guiños a la cultura popular colombiana y a las referencias que los seguidores de la webserie reconocerán, pero su construcción narrativa prescinde de un conocimiento previo del universo 'Susana y Elvira', lo que la convierte en una obra accesible para quienes se acerquen a ella sin haber seguido las aventuras anteriores de estos personajes.
Las implicaciones sociales del filme resultan especialmente relevantes en un contexto donde las narrativas sobre mujeres de cuarenta años suelen girar en torno a la crisis existencial o la búsqueda de pareja, reduciendo sus conflictos a categorías que simplifican su complejidad. 'Susana y Elvira: Sin plan B' plantea que la madurez, más que implicar haber resuelto todas las dudas o alcanzado una estabilidad definitiva, consiste en aprender a convivir con las contradicciones y a tomar decisiones conscientes sobre qué tipo de vida se desea construir. La película aborda la presión social que recae sobre las mujeres para cumplir ciertos hitos en momentos determinados, mostrando cómo Susana y Elvira lidian con esa presión de maneras distintas pero igualmente válidas, sin que el relato juzgue ninguna de sus elecciones. La decisión de no tener hijos, la maternidad como opción vital y el equilibrio entre ambición profesional y bienestar personal aparecen tratados sin estridencias, como parte del paisaje cotidiano de dos mujeres que se enfrentan a las mismas dudas que muchas de sus espectadoras se plantean a diario. La amistad que sostiene el centro del relato se revela como un vínculo que exige trabajo, generosidad y capacidad para aceptar que la otra persona puede elegir caminos distintos sin que eso signifique un abandono, una lección que el filme transmite a través de la evidencia de que las relaciones más duraderas son aquellas que sobreviven a los desacuerdos sin necesidad de borrar las diferencias.
Crítica elaborada por Mario Lozano
