Cine y series

Linternas

James Hawes, Geeta V. Patel, Alik Sakharov, Stephen Williams

2026



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La ficción seriada ha encontrado en el género de superhéroes un terreno fértil para explorar aristas que el cine, condicionado por sus necesidades de taquilla, suele desdeñar. 'Linternas', la nueva apuesta de HBO Max dentro del universo DC, se inscribe en esa tradición que prefiere la densidad narrativa al estallido visual, aunque el resultado evidencia ciertas contradicciones entre su ambición dramática y sus limitaciones como producto de entretenimiento. Chris Mundy, Damon Lindelof y Tom King firman la creación de una serie que se presenta como un thriller policial antes que como un despliegue de poderes intergalácticos, decisión que condiciona cada aspecto de su desarrollo.

La trama sitúa a Hal Jordan, interpretado por Kyle Chandler, como el veterano Linterna Verde que lleva dos décadas protegiendo la Tierra y que ahora debe formar a John Stewart, un exmarine encarnado por Aaron Pierre, para que pueda relevarle. La investigación de un misterioso tiroteo en la localidad de Rushville, Nebraska, sirve como catalizador para que ambos personajes abandonen su rutina y se enfrenten a una conspiración que mezcla elementos alienígenas con tensiones sociales propias del Estados Unidos profundo. La serie alterna entre el año 2016, donde transcurre la investigación principal, y diversos flashbacks que iluminan el pasado de los protagonistas, especialmente la infancia de John Stewart y su particular preparación para convertirse en Linterna Verde.

La relación entre Hal y John constituye el pilar sobre el que se sostiene la narración, y el tratamiento de esa dinámica revela las intenciones de sus creadores. Chandler construye un Hal Jordan cansado, desencantado y apegado a su posición, utilizando su carisma natural para suavizar las aristas de un personaje que roza la antipatía. Su veteranía se manifiesta en desgana y en una soberbia que le impide aceptar la posible obsolescencia. Frente a él, Pierre despliega una contención física y emocional que convierte a John Stewart en un recipiente de frustraciones contenidas, un hombre que ha dedicado su existencia a merecer un puesto que le es negado sistemáticamente. Ambos actores encuentran un equilibrio en sus intercambios verbales, alimentando una tensión que sostiene los momentos más logrados de la temporada.

El escenario de Rushville funciona como un personaje adicional, un microcosmos donde confluyen las ansiedades de la América rural. La presencia de William Macon, el terrateniente interpretado por Garret Dillahunt, introduce una dimensión política que la serie maneja con cierta torpeza. Macon encarna al nacionalista con tendencias paramilitares, un arquetipo que la ficción ha visitado en exceso y que aquí adquiere matices gracias a la ambigüedad de su interpretación, aunque el guion insiste en subrayar lo que la puesta en escena ya ha sugerido. Kelly Macdonald, como la sheriff Kerry, aporta el contrapunto de autoridad local que se debate entre la lealtad a su comunidad y la evidencia de que algo anómalo ocurre en su jurisdicción.

La serie se toma su tiempo para desarrollar la investigación, y ese ritmo pausado constituye tanto su virtud como su lastre. Los primeros episodios establecen con pulcritud las coordenadas del misterio y las personalidades enfrentadas, pero la repetición de ciertos conflictos y la insistencia en diálogos que explican lo que la imagen ya ha mostrado lastran el conjunto. La tercera entrega, dedicada al pasado de John Stewart, representa el momento más logrado, al conectar la preparación del personaje con las exigencias de un mundo que le exige una excelencia inalcanzable. J. Alphonse Nicholson y Jasmine Cephas Jones, como los padres de John, dotan de densidad emocional a una historia de origen que trasciende el mero relleno mitológico.

El componente fantástico aparece dosificado, casi como una concesión a las expectativas del género. Los constructos verdes que el anillo genera se reservan para momentos específicos, y la serie parece sentirse incómoda cuando debe abandonar el territorio del drama realista para adentrarse en la ciencia ficción. Esa timidez resulta comprensible, pues el punto fuerte de 'Linternas' reside en las interacciones entre sus personajes y en la atmósfera de desconfianza que impregna cada conversación. Sin embargo, también genera una sensación de promesa incumplida, como si la serie necesitara justificar constantemente su pertenencia al universo DC mediante cameos y referencias que interrumpen el flujo narrativo en lugar de enriquecerlo.

La dirección, a cargo de varios profesionales entre los que destaca James Hawes en los primeros episodios, opta por una paleta cromática desaturada y una puesta en escena que privilegia los planos cerrados y las conversaciones frente a la acción. Esa elección, coherente con la vocación policial de la serie, subraya la incomodidad de los personajes en un entorno que les resulta ajeno, aunque en ocasiones deriva en una monotonía visual que la fotografía no logra romper. Las secuencias que requieren efectos especiales resultan competentes, pero carecen de la espectacularidad que el material, en teoría, permitiría.

Las implicaciones raciales de la trama emergen con claridad, aunque el tratamiento que reciben resulta desigual. La condición de John Stewart como hombre negro en un cuerpo policial intergaláctico y en una comunidad predominantemente blanca genera situaciones que la serie aborda con cierta frontalidad. La pregunta sobre qué significa ser un hombre negro que debe demostrar su valía en un sistema diseñado por otros, la tensión entre la excelencia exigida y la mediocridad tolerada, recorren la narración y dotan de una capa adicional de significado a los enfrentamientos entre Hal y John. Sin embargo, la serie cae en ocasiones en la sobreexplicación, desperdiciando la oportunidad de confiar en la inteligencia del espectador.

El reparto secundario aporta solidez al conjunto, especialmente Poorna Jagannathan como Zoe, la esposa de Macon, que establece con John una conexión basada en el reconocimiento mutuo de sus respectivas posiciones de outsiders. Jason Ritter, como el hijo de Macon, ofrece una interpretación medida que evita el caricaturesco, mientras que Ulrich Thomsen, en el papel de Sinestro, aparece de manera tan fugaz que resulta difícil evaluar su aportación. Nathan Fillion recupera su Guy Gardner de 'Superman', pero su presencia parece obedecer más a la necesidad de conectar la serie con el resto del universo DC que a una necesidad narrativa real.

En su conjunto, 'Linternas' representa un intento digno de trasladar el modelo de serie policial de prestigio al territorio del superhéroe, con todos los aciertos y limitaciones que esa hibridación conlleva. La serie funciona mejor cuando se olvida de sus orígenes y se concentra en las contradicciones de sus personajes, en sus ansiedades y en sus pequeñas victorias, que cuando debe recordar que sus protagonistas pertenecen a un cuerpo de policía espacial. Los creadores demuestran conocer los códigos del género que imitan, pero su aplicación resulta mecánica en ocasiones, y la sensación de déjà vu acompaña al espectador durante varios episodios.

El desenlace de la temporada, que introduce giros y revelaciones que alteran la percepción inicial de los acontecimientos, consigue elevar el conjunto y justifica la inversión de tiempo requerida. La serie plantea que el verdadero poder del anillo no reside en su capacidad para crear constructos luminosos, sino en la responsabilidad que conlleva su posesión, y esa reflexión, aunque manida dentro del género, encuentra aquí un desarrollo coherente gracias al trabajo de sus intérpretes. Queda la impresión de que 'Linternas' podría haber sido más audaz, pero también la certeza de que ha logrado algo que muchas producciones del género no consiguen: que el espectador desee saber qué ocurrirá con estos personajes más allá de sus habilidades sobrehumanas.

El pulso entre la vocación de serie de autor y las exigencias de la franquicia atraviesa cada episodio, generando una tensión que la temporada no resuelve completamente pero que dota al conjunto de una personalidad reconocible. 'Linternas' no revoluciona el género ni lo trasciende, pero ofrece un entretenimiento inteligente que respeta la inteligencia del espectador y que encuentra en sus dos protagonistas masculinos un anclaje emocional suficiente para sostener sus ocho entregas. La pregunta sobre si la serie logrará consolidarse en futuras temporadas dependerá de su capacidad para equilibrar sus dos almas, la del thriller rural y la del espectáculo espacial, y de encontrar un tono que no traicione ninguna de ellas.

Crítica elaborada por Dani Miguel Brown

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