Cine y series

Iván & Hadoum

Ian de la Rosa

2026



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Ian de la Rosa, almeriense de treinta y siete años, presenta su primera incursión en el largometraje después de un trabajo consolidado en la escritura para televisión, donde destaca su participación en la serie 'Veneno'. Esta ópera prima, rodada en los invernaderos de la provincia de Almería, llega avalada por el Premio Teddy en la Berlinale y por dos Biznagas de Plata en el Festival de Málaga, reconocimientos que sitúan al director en un lugar destacado dentro del panorama cinematográfico español. La película se desarrolla en ese paisaje singular que es el mar de plástico, donde miles de hectáreas de invernaderos conforman un ecosistema productivo y humano de gran complejidad, un territorio que el cine patrio ha visitado con escasa frecuencia y que aquí adquiere una dimensión casi protagonista.

El relato se articula alrededor de Iván, un joven trans que trabaja como carretillero en una envasadora de tomates y hortalizas, y Hadoum, una joven hispano-marroquí que se incorpora como temporera a la misma planta. Ambos personajes se conocieron en la infancia, antes de que Iván iniciara su transición, y el reencuentro en la fábrica despierta una conexión que trasciende el ámbito laboral. La película construye su andamiaje narrativo sobre esa atracción inicial, pero lo hace sin prisas, permitiendo que la relación se desarrolle con una naturalidad que evita cualquier subrayado melodramático. El director opta por una aproximación observacional, casi documental, a la vida de estos trabajadores, y esa decisión imprime al conjunto una textura particular, ajena a los convencionalismos del cine social al uso.

La trama se complica cuando Iván recibe la oferta de ascender a jefe de almacén, un puesto que supondría un alivio económico para su familia, de la que es el principal sostén, pero que lo coloca en una posición incómoda respecto a sus compañeros. Hadoum, por su parte, se convierte en una de las voces más críticas con las condiciones laborales de la fábrica, liderando junto a otros trabajadores un movimiento de protesta ante el anuncio de un posible despido colectivo. Esta configuración sitúa a la pareja en bandos enfrentados, y la película explora con inteligencia las tensiones que surgen cuando el amor debe navegar entre la lealtad a los suyos, la ambición personal y la solidaridad de clase. El conflicto laboral no funciona como un telón de fondo decorativo, sino como un motor narrativo que empuja a los personajes a tomar decisiones con consecuencias concretas.

La construcción de los personajes constituye uno de los aciertos más notables del film. Iván, interpretado por Silver Chicón, se presenta como un hombre que ya ha realizado el recorrido de su transición y que se enfrenta ahora a dilemas que poco tienen que ver con su identidad de género. Su conflicto principal reside en conciliar las responsabilidades familiares que ha asumido con el deseo de construir un proyecto de vida propio al lado de Hadoum. El personaje no se define por su condición trans, sino por sus acciones y elecciones, y esa aproximación normalizadora representa una evolución significativa en el modo de abordar estas realidades en el cine. Hadoum, encarnada por Herminia Loh, despliega una personalidad más combativa y desinhibida, una mujer que ha viajado y que regresa a su pueblo con una mirada distinta, menos tolerante con las injusticias y más dispuesta a desafiar las normas establecidas.

El tratamiento de la identidad de género en la película merece una atención particular. De la Rosa evita cualquier aproximación pedagógica o victimista, situando a Iván en un momento de su vida donde su identidad es un hecho asumido por su entorno más cercano. La familia del protagonista, compuesta por su madre, su hermana y su sobrino, acoge su condición sin estridencias, y los conflictos relacionados con la transfobia se circunscriben a episodios puntuales que no definen el arco dramático principal. Esta decisión, lejos de restar relevancia a la cuestión, la integra en la cotidianidad del personaje, mostrando que las vidas de las personas trans pueden estar atravesadas por los mismos conflictos materiales y afectivos que las de cualquier otra persona. El orgullo de clase se convierte así en el verdadero motor de la historia, desplazando la identidad sexual a un segundo plano que resulta, paradójicamente, más reivindicativo que cualquier énfasis explícito.

La dimensión política del film se manifiesta con claridad en su retrato de las condiciones laborales en los invernaderos almerienses. La precariedad, la explotación y la jerarquización del trabajo aparecen descritas con precisión, sin concesiones al sentimentalismo. La escena en la que Hadoum sufre un accidente y rechaza ir al hospital para evitar una inspección que podría perjudicar a la empresa ejemplifica la lógica perversa que rige estas relaciones laborales. La película muestra cómo el sistema productivo genera alianzas y fracturas entre los trabajadores, y cómo la movilidad social, representada por el ascenso de Iván, puede convertirse en un mecanismo de división que enfrenta a quienes comparten una misma condición de clase. La fábrica se revela como un microcosmos donde se reproducen las dinámicas de poder de la sociedad en su conjunto, y los personajes se ven obligados a posicionarse en ese entramado de intereses contradictorios.

El estilo visual de 'Iván & Hadoum' se caracteriza por su contención y su apuesta por la naturalidad. La fotografía de Beatriz Sastre privilegia los planos medios y los primeros planos, estableciendo una proximidad con los personajes que invita a la empatía sin caer en el voyeurismo. Los paisajes de Almería, con sus extensiones de plástico y sus contrastes lumínicos, se integran en la narración como un elemento más, un espacio que condiciona las vidas de quienes lo habitan. El uso de la cámara en las secuencias íntimas, especialmente aquellas rodadas con infrarrojos en el interior de los invernaderos, aporta una dimensión poética que contrasta con la aspereza del entorno laboral. El director demuestra un oficio notable en el manejo de los tiempos narrativos, dosificando la información y permitiendo que las emociones emerjan de manera orgánica, sin necesidad de subrayados ni efectismos.

La interpretación de los dos actores principales constituye el sostén fundamental del film. Silver Chicón, debutante en el cine, construye un Iván de una humanidad conmovedora, un hombre atrapado entre sus responsabilidades y sus deseos, que transita su conflicto con una mezcla de contención y fragilidad. Herminia Loh, también novel en la interpretación, aporta a Hadoum una fuerza y una determinación que la convierten en el catalizador del cambio en la vida de Iván. La química entre ambos actores resulta creíble y sostiene los momentos más delicados de la relación, aquellos en los que la comunicación se establece a través de miradas y silencios más que de diálogos explícitos. El reparto secundario, con figuras como Úrsula Díaz Manzano y Esperanza Guardado, completa un conjunto coral que refleja la diversidad de la población de la zona.

La película participa de una corriente contemporánea que busca ampliar los márgenes del cine LGTBIQ+, alejándose de los relatos centrados exclusivamente en el conflicto identitario para integrar estas historias en tramas que abordan problemáticas más amplias. De la Rosa se sitúa en esa línea, utilizando el romance entre sus protagonistas como un prisma a través del cual examinar las estructuras económicas y sociales que determinan sus vidas. El resultado es un film que, sin renunciar a la emoción ni a la complejidad de sus personajes, construye un relato coherente y bien articulado sobre las condiciones de posibilidad del amor en un contexto de precariedad y desigualdad.

Las actuaciones de Silver Chicón y Herminia Loh, junto con la dirección de actores de Ian de la Rosa, logran transmitir la intensidad de un vínculo que se desarrolla a contracorriente de las presiones del entorno. La película encuentra su fuerza en esa apuesta por la honestidad y la contención, evitando los excesos dramáticos que podrían haber lastrado una historia con tantos ingredientes de potencial conflicto. 'Iván & Hadoum' se inscribe así en la tradición del drama social europeo, pero con una mirada propia que la distancia de sus referentes más obvios.

Crítica elaborada por Marina Rivas

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