Entrevistamos a

Sari Lightman

"Siempre me ha encantado sentarme en el tren o en una cafetería sola, escuchando conversaciones ajenas. Creo que es una forma benigna de entrometimiento y de conectarte con tu especie."



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Forjada durante años en el dúo que mantiene con su hermana gemela, la trayectoria de Sari Lightman encuentra en este debut en solitario un giro hacia la crónica pausada y el oficio de trovador. Aquellas primeras armonías entrelazadas, que se movían entre el fulgor de los sintetizadores y los arreglos acústicos para explorar la fe o la rebeldía, han cedido paso a un ejercicio de observación más contenido. El traslado a la costa oeste y la colaboración estrecha con Meg Duffy han actuado como catalizadores de esta metamorfosis, permitiéndole despojarse de la envoltura experimental para abrazar una forma de escribir que prioriza el esbozo de personajes sobre la construcción de atmósferas abstractas, integrando ese calor característico del sur en cada textura. El resultado, titulado 'The Way I Saw You', se concibe como una galería de retratos femeninos donde la cantante actúa a modo de cronista, pero con la mirada de quien se oculta entre la maleza para captar la esencia de sus sujetos.

Lejos de adoptar una postura pasiva, sus canciones se convierten en el vehículo para abordar las contradicciones de la mujer contemporánea, presentándola como una criatura compleja y poderosa, lejos del arquetipo de la musa etérea. Las piezas nacen de encuentros con figuras literarias como Eve Babitz, de diálogos imaginados entre místicas como Etty Hillesum y Jeanine Deckers, o de la memoria doliente de una cuñada perdida por la adicción. Cada una de estas historias, ya sean reales o fruto de la especulación, se aborda con una mezcla de devoción y crudeza, mostrando el periplo vital en toda su desordenada grandeza. El origen de estos relatos se encuentra en las caminatas compartidas por un barrio de Los Ángeles, donde la observación del paisaje y sus habitantes se convirtió en el caldo de cultivo para las melodías, y donde Duffy se erigió como un pilar fundamental, no solo en la producción sino en la captura de una atmósfera que evoca la tradición de los grandes contadores de historias.

El disco se sostiene sobre la premisa de que la verdadera naturaleza de las personas se revela en esos instantes fugaces y aparentemente intrascendentes. Al igual que el pie de foto que acompaña a la imagen de un ser escurridizo, las canciones aspiran a fijar una silueta, a perpetuar una versión idealizada de alguien que el tiempo o la desgracia han transformado. Esta ambición de preservar una esencia, de encerrar la sensualidad y la ligereza en una obra perpetua, recorre el álbum como un hilo conductor, otorgándole una coherencia narrativa que trasciende la mera colección de temas. Lightman se desdobla así para dar vida a otras mujeres, fusionando su propia sensibilidad con las vivencias ajenas en un relato que es, al mismo tiempo, íntimo y universal, construido sobre la base de una escritura precisa que evita el sentimentalismo fácil para adentrarse en terrenos más turbios y fascinantes. Aprovechando lo reciente de este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar a Sari.

Has pasado muchos años construyendo un sonido muy particular junto a tu hermana en proyectos como Tasseomancy o Lightman & Lightman, donde imperaban la experimentación y los sintetizadores. ¿Por qué sentiste que este era el momento de dar el paso en solitario con un sonido folk mucho más clásico y desnudo?

Mi hermana y yo empezamos a hacer música en Nueva Escocia hace casi veinte años con un enfoque muy minimalista: solo dos jóvenes inexpertas aprendiendo a tocar la guitarra y a escribir canciones. Quería volver a esa sensación con una mano más experimentada. Desde luego no he abandonado el terreno de la experimentación ni lo extraño, pero me encuentro cómoda al adentrarme en algo que resulta directo y más sencillo de expresar.

 

Al pasar de un estilo vanguardista a componer principalmente con una guitarra acústica de cuerdas de nailon, ¿tuviste que pasar por un proceso de "reaprendizaje" para dejar tu voz tan expuesta y en el centro de todo?

¡Sí! Hay algo muy concreto en eso de ser vocalmente más discreta y, a la vez, resultar expresiva cuando actúas en solitario. Sigo en el proceso de aprendizaje para profundizar aún más en esta voz. Es bastante parecido a la diferencia entre actuar en cine y hacerlo en teatro. Se basa en los movimientos más sutiles con los que necesitas estirar la voz hacia algo más extraño y cautivador.

Las armonías vocales casi telepáticas con tu hermana han sido siempre tu sello. Cuando te enfrentas a un disco en solitario, ¿cómo gestionas ese espacio en blanco y el vacío que queda en las voces?

En realidad, no podía dejar ese vacío tal cual estaba y, por eso mismo, decidí hacer muchas armonías corales a lo largo del proceso. Intenté usar los arreglos vocales como si fueran un instrumento en sí mismo, dándoles ese peso y esa función dentro de la música, y me resultó muy gratificante a nivel personal y creativo. Por supuesto, cantar en directo con un vocalista que te complemente sigue siendo lo máximo y, desde luego, no puede reemplazar a mi hermana en ese sentido tan especial, pero fue una forma interesante de componer con las habilidades que tengo y con los recursos que tenía a mi alcance en ese momento.

"Desde luego no he abandonado el terreno de la experimentación ni lo extraño, pero me encuentro cómoda al adentrarme en algo que resulta directo y más sencillo de expresar."

Hay una atmósfera muy orgánica, cálida y humana en todo el disco. ¿Qué pautas os marcasteis en el estudio para lograr un sonido que se siente tan de "salón de casa" y tan alejado de la frialdad digital actual?

Meg y yo grabamos gran parte del material en su estudio casero, lo que aportó una calidez muy especial, tanto a nivel sónico como físicamente, porque el entorno se notaba en cada toma. Grabamos en los meses de verano, sudando con el calor de media tarde, con las ventanas abiertas y esa sensación pegajosa que solo da el estío. Definitivamente queríamos preservar una sensación de amistad e intimidad y un flujo fácil con estas canciones, que nacieran de manera natural y sin forzar nada, como si estuviéramos simplemente pasando el rato juntas.

En alguna ocasión has definido tu proceso de escritura como una especie de voyerismo. ¿Hasta qué punto necesitas ser un espectador invisible de las rutinas de los demás para, con el tiempo, encontrar tus canciones?

Esa es una buena pregunta. Siempre me ha encantado sentarme en el tren o en una cafetería sola, escuchando conversaciones ajenas. Creo que es una forma benigna de entrometimiento y de conectarte con tu especie. A menudo tiene menos que ver con lo que la gente dice y más con cómo te lo devuelve tu propio cerebro, qué sentimientos evocan los gestos. Por ejemplo, hace poco estaba en el desierto, en un restaurante, observando a una familia en la mesa de al lado. Los padres eran mayores, artistas con pinta de ser unos freaks, con un niño de nueve años que parecía ser el centro de su mundo. Lo miraban con un amor tan inmenso que me entristeció y me causó nostalgia por la naturaleza efímera de la infancia. Me preguntaba si ese viaje sería un recuerdo fundamental para todos ellos. Mi hijo solo tiene tres años, pero el tiempo se doblegará y él tendrá nueve, y quiera el cielo que su padre y yo estemos para admirarlo así.

 

El tema que da título al disco, 'The Way I Saw You', está inspirado en la escritora Eve Babitz durante su época de reclusión. ¿Qué te fascinó de su figura y cómo abordas en la canción esa dualidad entre la vejez real y la belleza inmortalizada en los libros?

Me atrajo porque su escritura es muy vívida, juguetona y sincera. Te mete directamente en su mundo, y te está guiñando un ojo, es inteligente, sensual y encantadora sin esfuerzo. En realidad, ella estaba luchando profundamente y, más tarde en su vida, sufrió daños físicos muy graves por un accidente que la dejó con dolor crónico y desfigurada. Me interesaba la intención del artista de crear un mito sobre sí mismo que perdure más allá de la secuencia natural y erosiva del tiempo. En cambio, Eve pretendía inmortalizarse a sí misma como esa ser que guiña el ojo, inteligente sin esfuerzo y sensual que inspira a tantos cuando se adentran en Los Ángeles.

En esa misma canción, juegas con el simbolismo de la rosa y las referencias divinas. ¿De dónde viene ese interés tuyo por conectar escenas tan terrenales con un misticismo casi teológico?

Recuerdo que en el instituto leí el 'Paraíso' de Dante y cómo todas las santas femeninas estaban escondidas en esa Rosa, viviendo eternamente. También mi tía, EJ Lightman, es escultora y comisaria de una galería de arte al aire libre en Canadá llamada el Museo del Árbol. Un artista llamado Tim Whiten creó una pieza en la roca del Escudo Canadiense, imágenes de esqueletos bailando y estas rosas perfectas que se fueron cubriendo lentamente de musgo, donde yo solía trepar de niña. Hay algo en la inmortalidad de los artistas flotando en estas rosas etéreas de su obra que me parece una imagen muy poética.

"Queríamos preservar una sensación de amistad e intimidad y un flujo fácil con estas canciones, que nacieran de manera natural y sin forzar nada, como si estuviéramos simplemente pasando el rato juntas."

En 'Give It All Up', planteas un diálogo sobrenatural y premonitorio entre dos místicas como Jeanine Deckers y Etty Hillesum. ¿Cómo surgió la idea de reunir en una conversación a dos figuras históricas tan complejas?

Después de leer los escritos completos de Etty Hillesum, me inspiró para escribir muchas canciones con el fin de comunicarme con ella a través de la música. Murió en un campo de concentración y sus escritos son una progresión asombrosa de su trascendencia hacia un despertar espiritual que la llevó a querer ser "el corazón pensante de los campos". En medio de tanta maldad, mantuvo ese amor y compasión por todos. Sentí lo mismo sobre Jeanine Deckers, la Monja Cantora, especialmente después de conocer más sobre su vida personal. Era una mujer queer y fue exiliada de la orden católica por sus creencias. Quería que estas dos místicas contemporáneas mantuvieran una conversación póstuma y surrealista. Sobre todo, ahora, en tiempos de una desesperación colectiva tan extrema, de sistemas de gobierno de opresión masiva y violencia, quería mirar al pasado, como hacen los artistas en tiempos de incertidumbre, para encontrar respuestas.

Musicalmente, 'Give It All Up' es muy esquelética y meditativa. Como era una canción que venía de proyectos anteriores, ¿por qué decidiste despojarla de todo artificio para esta nueva versión?

Los arreglos de 'Give It All Up' fueron idea de Meg. Tocaron la canción con esos rasgueos dispersos y pareció abrir la delicadeza del tema. Cuando la toco en directo ahora, incluso en un set de "Lightman Sisters", la toco así y resulta muy efectivo.

En 'Day of the Just Cause', profundizas en la conexión casi bíblica que compartes con tu hermana gemela. Habiéndote distanciado musicalmente de ella, ¿escribir esta canción fue una forma de reafirmar que vuestro vínculo es indestructible?

Mi hermana y yo estamos trabajando en un nuevo disco ahora mismo. Quería escribir una canción que honrara nuestra relación entrelazada. A veces es sin esfuerzo y otras, estamos pasándonos una piedra de un lado a otro sin cesar. Me resulta inquietante actuar en solitario después de haber formado parte de un dúo o de un formato de banda durante tanto tiempo, pero estoy intentando enfrentarme a "la música" sin tener a alguien con quien fusionarme o en quien reflejarme, ¡y creo que eso es bueno!

 

En 'The Prize', hablas del "rock and roll de la vida" y de dos amantes que se reencarnan en una mariposa y en el asfalto. ¿Cómo conviven en tu cabeza esas metáforas rebeldes de viaje por carretera con conceptos espirituales tan profundos?

Tenía esta divertida historia corta en mi cabeza sobre la reencarnación y estos dos amantes desdichados. En mi mente, están totalmente contentos de ser el pavimento y la mariposa. Su existencia es dichosa y está llena de amor apasionado por el otro. Quería que esta canción fuera descarada y no se tomara demasiado en serio los misterios de la vida, de ahí el viaje episódico definitivo del viaje por carretera con rock and roll, que realmente puede revelar bastante sobre la condición humana.

Con el lanzamiento de 'The Way I Saw You' a la vuelta de la esquina y los primeros conciertos previstos para el verano, ¿cómo te imaginas trasladar estas canciones íntimas, sutiles y domésticas al formato de directo?

Busco espacios bellos para actuar. En Toronto, tocaré en la tienda 100% silk, que es un lugar propiedad de mi querido amigo Lee y está lleno de los textiles y las modas más exquisitos, un lugar perfecto para una especie de salón musical. En Los Ángeles, actuaré en una pequeña tienda de discos llamada Healing Force of the Universe, con un pequeño escenario rodeado de cortinas de terciopelo rojo. En este punto de mi vida, quiero buscar espacios que reflejen intimidad y experiencias comunitarias.

"Después de leer los escritos completos de Etty Hillesum, me inspiró para escribir muchas canciones con el fin de comunicarme con ella a través de la música."

En todas nuestras entrevistas, nos gusta que los artistas a los que entrevistamos dejen una pregunta para el próximo grupo que entrevistemos. ¿Cuál es la tuya?

¿Recuerdas la primera experiencia sobre la que quisiste escribir una canción?

Del mismo modo, tenemos una para ti de parte de proun. Es esta: ¿cómo crees que reaccionaría la niña que fuiste al escuchar la música que haces ahora?

Creo que le molaría. Era un bicho raro a tope, coleccionando bichos y piedras y mirando las estrellas. También inventaba muchas canciones locas.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.