La trayectoria de Bill Orcutt, forjada en el ruido y la disonancia de su etapa en Harry Pussy, ha ido derivando hacia un lirismo de contornos más nítidos, mientras que Mabe Fratti ha construido un lenguaje propio donde el violonchelo y la voz se funden en una masa maleable. El contacto entre ambos surgió de un comentario público de Fratti, que desembocó en un intercambio de archivos entre San Francisco y la capital mexicana, con la ayuda de I. La Católica en los arreglos de violonchelo. Esa comunicación a distancia, lejos de enfriar el resultado, dotó a las ocho piezas de una fluidez que parece desafiar las condiciones de su creación. La mezcla de Santiago Parra y la masterización de James Plotkin completan un proceso que prioriza la transparencia, dejando al descubierto las pequeñas irregularidades que dan calidez a un trabajo concebido sin contacto físico entre sus intérpretes.
El diálogo entre la guitarra de Orcutt y el violonchelo de Fratti se articula a través de un equilibrio inestable, donde los arpegios suspendidos del primero encuentran réplica en el arco o el pizzicato de la segunda. 'Almost Waking' abre el conjunto con una melodía que evoca fugazmente a Gershwin, aunque esa referencia se disuelve en un tejido de notas que se entrelazan sin jerarquía. En 'Forced & Forced & Forced', la distorsión del cello llega a mimetizarse con la guitarra, generando una confusión que invita a escuchar con atención para deslindar las fuentes. Esa ambigüedad tímbrica se convierte en un recurso constante, sobre todo en pasajes donde Fratti emplea el arco con agresividad, igualando la aspereza de las cuerdas metálicas de Orcutt. La producción respeta esos contrastes, evitando cualquier ecualización que uniformice los ataques, de manera que cada chasquido y cada roce adquieren un protagonismo inesperado.
La estructura de las piezas instrumentales rechaza el desarrollo lineal para abrazar la repetición cíclica, con motivos que giran sobre sí mismos mientras los intérpretes añaden variaciones sutiles. 'Arise from Graves and Aspire' juega con los silencios y los estallidos, alternando pasajes de calma con arranques de densidad, mientras que 'Steps of the Sun' convierte el violonchelo en un instrumento percusivo que ancla la improvisación de la guitarra. 'The Heaven of our Misery' se mueve en un registro más grave, con acordes que dejan amplios huecos para que el arco dibuje líneas melancólicas, aunque sin caer en la tristeza fácil. El cierre, 'A Rural Pen', desplaza el foco hacia un sonido más campestre, donde las cuerdas evocan ciertas músicas de cámara británicas de los setenta, pero tamizadas por una distorsión que impide cualquier nostalgia. Esa capacidad para sugerir paisajes sin describirlos convierte cada tema en un ejercicio de economía expresiva, donde la duración breve de las canciones refuerza su impacto.
Cuando la voz de Fratti irrumpe, el carácter del álbum se transforma sin romper su cohesión. 'El inicio es cuestión de suerte' superpone capas vocales sobre un bucle de guitarra que apenas varía, creando una atmósfera hipnótica donde la letra reflexiona sobre la persistencia y el azar. La dicción de Fratti evita cualquier énfasis, fluyendo con naturalidad entre los acordes repetitivos. En 'Todo puede ser error', el acompañamiento se vuelve más disperso, con Orcutt trazando líneas que envuelven las frases cantadas sin competir con ellas, en un ejercicio de sutileza que realza la fragilidad de la melodía. La elección del español en estos dos temas aporta una cercanía que contrasta con la abstracción de los instrumentales, pero esa diferencia no crea una ruptura; más bien, actúa como un contrapunto que ilumina otras facetas del trabajo conjunto. La escasez de la voz en el conjunto convierte cada intervención en un punto de inflexión que reconfigura la percepción de las pistas adyacentes.
La influencia de ciertas corrientes del indie estadounidense de los noventa se filtra en algunos pasajes, aunque desprovista de su carga generacional, convertida en un material moldeable por la distorsión y los cambios de dinámica. En otros momentos, los ecos del folk británico de los setenta asoman en la disposición de las armonías y en la manera de abordar los motivos, pero siempre filtrados por una mirada contemporánea que evita la reproducción mimética. Esa capacidad para integrar referencias sin que se vuelvan dominantes testimonia una complicidad que trasciende el mero intercambio técnico. La ausencia de percusión y de instrumentos armónicos adicionales exige a ambos cubrir un espectro amplio, lo que logran mediante la variedad de ataques y la exploración de los armónicos. La mezcla concede a cada elemento su espacio sin recurrir a efectos llamativos, y la masterización preserva la dinámica sin comprimir los picos, de modo que los silencios y los roces adquieren el mismo peso que las notas.
Esa decisión estética, junto con la elección de grabar en espacios domésticos, dota al conjunto de una inmediatez que una producción más pulida habría desdibujado. La portada, con esa imagen de un animal que podría ser un felino, remite a una idea de reposo vigilante que encaja con la música: un estado de alerta que no excluye la placidez. La brevedad de las canciones, lejos de ser un límite, se convierte en un acierto que permite que cada una de ellas adquiera una nitidez que una duración mayor habría diluido. Los dos momentos vocales actúan como faros que orientan una escucha que, de otro modo, podría perderse en la densidad de las texturas, pero ni siquiera en ellos se abandona la exploración tímbrica. Todo parece indicar que este encuentro, nacido de una admiración mutua y de la distancia, ha dado como fruto un trabajo que se sostiene por sí mismo, sin apelar a los prestigios individuales de sus autores.
El dúo construye un universo donde la repetición y la variación se equilibran con precisión, evitando desarrollos extensos para centrarse en núcleos temáticos que se despliegan sin perder su centro. La presencia de Fratti en la voz y el arco dota al conjunto de una calidez que la guitarra de Orcutt contrarresta con su aspereza controlada, generando una tensión que nunca se resuelve del todo. Cada pieza se cierra antes de agotar sus posibilidades, dejando una impresión de economía que las hace más pregnantes, y la escucha repetida va desvelando capas que pasan inadvertidas en una primera aproximación. La falta de percusión y de otros acompañamientos obliga a ambos intérpretes a explorar todas las posibilidades de sus medios, transformando el cello en bajo o en percusión según lo requiera cada pasaje.
Conclusión
El trabajo conjunto de Bill Orcutt y Mabe Fratti titulado 'Almost Waking' destila una economía expresiva, con piezas que se cierran antes de agotar sus posibilidades, dejando una huella nítida.

