Entrevistamos a

Biita Houdei

"Publicar bajo mi propio nombre es una forma de honrar y profundizar en mis raíces persas."



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Biita Houdei abandonó su alias Leponds para abrazar un nombre que la acerca a sus raíces persas, y ese gesto de reapropiación identitaria impregna cada surco de 'This Bed Was Made For Me', un trabajo que nace de la paciencia artesanal y la necesidad de ralentizar el tiempo. Las catorce canciones que lo componen, registradas en un estudio de Portland transformado en guarida de alfombras afelpadas y lámparas de lava, reflejan el desajuste vital de mudarse a Topanga y extrañar los inviernos de Misuri, una tensión geográfica que se convierte en metáfora de las relaciones humanas. La producción de Haley Heynderickx no busca embellecer, sino desnudar los arreglos hasta que cada guitarra acústica y cada percusión mínima parezcan crecer del suelo, y la voz de Houdei, grave y serena, flota sobre ese paisaje sonoro como un hilo que cose fragmentos de memoria y presente. 'Night Fright' ejemplifica esa dualidad al retratar un vínculo tóxico que se deshace mientras otro brota con naturalidad, y el videoclip, resuelto con efectos prácticos, refuerza la idea de que lo inquietante puede convivir con lo luminoso sin anularse.

La escritura de Houdei prefiere la imagen precisa al adjetivo vacío, y así 'Fennel Knows' nace en un bosque de eucaliptos entre plantas de hinojo para hablar de la valentía de soltar raíces, mientras 'Life Inside The Hourglass' condensa en tres minutos la percepción del tiempo como un don que se agota. La presencia de Buck Meek en la apertura no es un mero reclamo, sino un diálogo de voces que se entrelazan sin competir, y los coros manipulados que cierran el disco añaden una capa espectral que desestabiliza la calidez general. Cada corte invita a detenerse, a descubrir cómo los silencios y las notas sostenidas construyen un espacio donde lo personal y lo universal se confunden, lejos de la inmediatez de las reproducciones fugaces. La colcha cosida a mano para cada tema que adorna la portada no es un adorno, sino la prueba física de que este álbum reclama una escucha que no tema a la lentitud, porque sus texturas, ya sean las guitarras rasgadas o los sutiles vientos, se revelan mejor cuando se les concede el tiempo que merecen. Aprovechando lo inminente de este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar a Biita.

Vivimos en una época en la que casi todo en la música es inmediato. ¿Qué te aporta personalmente optar por un proceso creativo tan lento, artesanal y paciente para dar forma a un álbum completo?

Para mí, esa es prácticamente la única manera de encontrarle un sentido real al proceso creativo. Siento una necesidad casi visceral de combinar distintas disciplinas artísticas para poder transmitir de forma completa lo que quiero decir. Al fusionar esos medios, la obra se vuelve algo mucho más tangible, cobrando una dimensión especial que invita al oyente a detenerse, conectar y tomarse un tiempo más para procesarla.

 

El sonido del álbum transmite una calidez muy pronunciada. ¿Buscabas deliberadamente esa sensación desde las primeras fases de la grabación o fue tomando forma a lo largo del proceso?

Haley me preguntó desde el primer momento cómo quería que 'sonara' la esencia del álbum. Para mí, la calidez sonora era la prioridad absoluta desde el día uno, así que sí, definitivamente fue una decisión muy deliberada y consciente dentro de la producción.

Firmas este trabajo por primera vez bajo el nombre de Biita. ¿Qué representa para ti dar este paso ahora y cómo te ha conectado con tu herencia persa?

Siempre he sentido una conexión muy profunda con mi familia y con todas esas tradiciones que trajeron consigo. Para mí, publicar música bajo mi propio nombre es una forma de honrar y profundizar aún más esa raíz. Crecí viendo a mi abuela coser y diseñar vestidos maravillosos para todos nosotros, además de preparar comidas increíbles que nos unían. Quise plasmar ese legado en este trabajo: confeccioné personalmente una colcha con doce parches bordados, uno dedicado a cada canción del álbum. Incluso durante el proceso, al terminar cada jornada de grabación, nos juntábamos a preparar y compartir una comida especial. Siento que es un camino constante y que todavía estoy descubriendo todas las formas en las que este disco me sigue acercando a mis raíces.

"Siento una necesidad casi visceral de combinar distintas disciplinas artísticas para poder transmitir de forma completa lo que quiero decir."

Te mudaste de Misuri a Topanga, California, y tuviste que adaptarte a un lugar sin cambios estacionales tan marcados. ¿Cómo influyó ese cambio de entorno en las canciones que escribiste durante ese período?

Durante el tiempo que viví en el sur de California, sus paisajes influyeron de manera muy marcada en lo que escribía y en esa constante sensación de nostalgia que me acompañaba. California es un lugar de una enormidad casi inabarcable, con una naturaleza salvaje, abierta, escarpada y profundamente hermosa. Sin embargo, con el tiempo, esa ausencia de estaciones bien definidas terminó por desorientar a mi cuerpo y alterar mi percepción sobre el paso del tiempo. Gran parte de las canciones del disco nacieron de esa vivencia, y al mirar atrás me siento profundamente agradecida por todo lo que esa experiencia me aportó.

En 'The Ground Here', se percibe el contraste entre la belleza del paisaje de Topanga y tu añoranza por los paisajes naturales de Misuri. ¿Cómo viviste ese contraste mientras estabas en California?

Pasaba horas simplemente contemplando las montañas, tratando de descifrar qué era exactamente lo que sentía por dentro. La verdad es que fue una etapa bastante desorientadora. Topanga es un lugar mágico y único, pero coincidió con que era la primera vez que me encontraba tan lejos de Misuri. Echaba terriblemente de menos mi hogar: ese verdor tan característico, la intensidad del calor húmedo en verano y la fuerza de las tormentas.

 

La naturaleza tiene un peso importante en varias canciones del álbum. ¿Hasta qué punto influye en tu forma de componer el observar tu entorno?

Cada entorno que visito o en el que paso una temporada termina dejando su marca en mi manera de escribir, pero últimamente prefiero no forzar el proceso ni obligarme a componer por compromiso. Las ideas suelen florecer de forma natural cuando al fin logro encontrar un momento de pausa y puedo pasar tiempo a solas con mis guitarras. Al final, esa conexión puede surgir en cualquier rincón del mundo; lo único que importa es estar en el estado de ánimo adecuado.

Haley y tú os hicisteis amigas después de que abrieras uno de sus conciertos en 2018, y desde entonces vuestra relación ha crecido. ¿Cómo ha sido pasar de esa primera conexión a trabajar juntas en este álbum?

Sentí que era algo que había estado esperando durante mucho tiempo. Desde el primer instante conectamos de una forma casi familiar, como si existiera un vínculo de hermandad entre las dos. Es una sensación verdaderamente única cuando sientes un cariño tan profundo por alguien y, además, tienes la oportunidad de colaborar en un proyecto tan especial y significativo para ambas. Para mí es un verdadero honor compartir esto con ella.

"Las ideas suelen florecer de forma natural cuando al fin logro encontrar un momento de pausa y puedo pasar tiempo a solas con mis guitarras."

Grabaste el álbum en un pequeño estudio de Portland, un garaje reformado con moqueta naranja, carteles de neón antiguos y lámparas de lava, y las canciones pasaron por cinta y por placas de reverberación de los años 70. ¿Cuánto crees que influyó esa atmósfera en el resultado final de las canciones?

Haley tenía una visión clarísima de cómo debía sonar este trabajo desde el principio, de modo que todo el crédito de saber encauzar las canciones y llevarlas hacia el lugar adecuado es completamente suyo. El estudio terminó siendo el refugio perfecto para que el disco comenzara a cobrar vida y diera sus primeros pasos.

 

En 'The Ground Here', Buck Meek contribuye con su guitarra y su voz. ¿Cómo surgió la idea de invitarle a participar en la canción y qué aportó su presencia al resultado final?

Sencillamente me quedé fascinada al escuchar su forma de tocar la guitarra y el matiz de su voz en el tema, así que no me lo pensé mucho y le pregunté si le apetecía colaborar. Buck, tan encantador y accesible como siempre, aceptó de inmediato sin dudarlo.

A lo largo del álbum, aparece con frecuencia la idea del tiempo limitado y de lo valiosa que es la vida. ¿Es una reflexión que ya estaba presente en tu forma de componer o cobró especial importancia durante la creación del álbum?

Definitivamente parece ser un tema recurrente dentro de mi composición. De hecho, varias de estas canciones son bastante antiguas; me da la sensación de que es una inquietud que florece en etapas más maduras de la vida y a la que no puedo evitar regresar una y otra vez. No es algo que busque hacer de forma deliberada, pero al final me doy cuenta de que compongo desde una conciencia muy profunda sobre la vida misma y la brevedad de nuestra existencia.

'Life Inside The Hourglass' se escribió en solo veinte minutos, después de que apareciera en tu mente casi por completo. ¿Cómo vives esos momentos en los que una canción surge de forma tan inmediata, en comparación con procesos compositivos más largos?

Siento una emoción enorme cada vez que aparece una idea: salgo corriendo a buscar la guitarra y el cuaderno para no perderla. Si la inspiración no llega así de golpe, no me presiono; me pongo a improvisar con la guitarra un buen rato hasta que, eventualmente, brota una melodía. Empiezo a tararearla y ahí todo puede pasar: hay temas que me piden a gritos terminarlos al momento, mientras que otros me toman la siguiente semana, meses o hasta años para dar con la letra definitiva. ¡Nunca hay una regla fija, es un proceso totalmente impredecible!

Has mencionado que muchos de tus álbumes favoritos no se revelaron por completo de inmediato y que necesitaste tiempo para entenderlos. ¿Qué crees que gana un álbum cuando el oyente se toma un tiempo para hacer una pausa y volver a escucharlo?

Creo que una de las sensaciones más mágicas ocurre cuando ves un concierto en vivo o escuchas un álbum por primera vez y no te vuelve loco de entrada. No experimentas esa gratificación instantánea, pero de repente, una o dos canciones se te quedan grabadas en la cabeza durante días o semanas. Te vuelven a atraer poco a poco. Es algo que me recuerda que quizás no estaba del todo presente durante esa primera escucha. Cuando le dedicas una atención real a la música, empiezas a conectar con tus propios sentimientos y pensamientos a un nivel mucho más profundo.

"Compongo desde una conciencia muy profunda sobre la vida misma y la brevedad de nuestra existencia."

Has publicado música anteriormente bajo el nombre de Leponds. Mirando atrás a esa etapa y comparándola con este nuevo trabajo como Biita, ¿qué diferencias notas en tu forma de componer o de entender tus canciones?

Siento que la esencia es exactamente la misma, con la gran diferencia de que ahora cuento con un catálogo de canciones y sonidos que me definen por completo y me respaldan. En realidad, lo único que ha cambiado mi forma de componer a lo largo del tiempo ha sido el tipo de guitarra que uso. De hecho, espero que dentro de uno o dos álbumes vuelva a tomar una guitarra eléctrica; quién sabe qué tipo de canciones terminaré escribiendo cuando llegue ese momento.

El álbum mantiene una sensación de calidez incluso cuando se adentra en momentos más oscuros. ¿Cómo trabajaste para que esas diferentes tonalidades convivieran dentro del disco?

Esas tonalidades forman parte de la vida misma, así que para mí es natural que terminen reflejándose en las canciones. Al final, la percepción de lo que es oscuro o cálido cambia drásticamente de una persona a otra. Lo único que espero es que este álbum le regale a la gente un espacio para conectar consigo misma y reflexionar con calma sobre cómo se siente.

 

Ahora que el álbum está terminado y su lanzamiento se acerca, ¿qué sensación te queda después de todo el proceso que ha sido necesario para hacerlo realidad?

Me hace profundamente feliz leer esta pregunta; es más, estoy sonriendo de solo pensar en ella. Lo único que puedo decir ahora mismo es que me siento increíblemente feliz y muy, muy agradecida.

En todas nuestras entrevistas, nos gusta que la banda a la que entrevistamos deje una pregunta para la próxima banda que entrevistemos. ¿Cuál es la tuya?

¿Para quién escribes?

Igualmente, tengo una para ti de parte de atmos bloom. Dice así: Si pudieras rehacer la banda sonora de cualquier película, ¿cuál elegirías?

Probaría a hacer una banda sonora horriblemente inquietante para una película de terror.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.