Posiblemente, cuando hablemos de esta edición del Primavera Sound, en el imaginario colectivo pesará tanto el recuerdo de la lluvia del jueves como el de los magníficos conciertos de The Cure, The xx o My Bloody Valentine, por citar algunos de los momentos más celebrados. Incluso el correcto concierto de Gorillaz, que el sábado por la noche contó con la visita exprés de Pedro Sánchez, dejándose ver con el mismísimo Damon Albarn en el backstage, sin olvidar que el jueves la familia Guardiola también se paseó por la zona VIP del festival.
Si atendemos a los datos facilitados por los medios oficiales, esta edición número veinticuatro ha sumado 287.000 visitas, de las cuales un 62 % corresponden a público internacional, aunque miraras donde miraras solo vieras rubios y pelirrojos. La mayoría rondaba los 32 años, aunque también deducimos que este número responde a los vicios de la media. En el apartado de mejoras, cabe destacar la instalación de múltiples fuentes de agua, liquidando por fin el problema de las enormes colas para rellenar las botellitas de años atrás. No, si agua no faltó, no. En el apartado de «¿esto para qué es?», el escenario Disney, ubicado en la parte del puerto, hizo que muchos dudáramos de la elección de dicho patrocinador con respecto al público asistente.
Centrándonos en la letra grande del cartel, se ha seguido apostando por nuevas divas: Addison Rae, con la explanada de Mordor totalmente petada; Jade; PinkPantheress, a las que también se les quedó pequeño el escenario Cupra; Doja Cat; Bad Gyal y Olivia Rodrigo, cuya actuación sorpresa el sábado por la noche —y su dueto con el mismísimo Robert Smith— forma ya parte de la leyenda del festival. También, como premio a los boinas verdes del festival, se ha tenido en cuenta la cuota más veterana con las actuaciones de The xx, unos remozados Rilo Kiley, los esquivos Texas Is the Reason, Slowdive, Einstürzende Neubauten o My Bloody Valentine, entre muchos otros. Muchos, porque este año contamos hasta 150 artistas repartidos en dieciocho escenarios, casi nada. Todos ellos tocando bajo el logotipo del Primavera Sound, que este año ha rendido homenaje al espíritu olímpico de Barcelona 92 y que ha hecho un bonito guiño al panot, la baldosa en forma de rosa que decora las aceras de Barcelona.
Ojo, seguimos echando de menos un final de fiesta a la altura de las sesiones de DJ Coco. Según malas lenguas, Peggy Gou hizo una selección de repertorio sosa y deslavazada. Que alguien tome nota, por favor.
Retomando el tema del aguacero postapocalíptico, seguramente la mayoría de los asistentes al festival catalán se pasaron buena parte de los días previos a la jornada inaugural consultando las predicciones meteorológicas —ahora parece que sale una nube, ahora ha cambiado la probabilidad de lluvia—; unos Roberto Brasero con camisetas de Idles —por cierto, ¿las regalaban?— que no pararon de hacer cábalas e incluso prácticas chamánicas para ahuyentar los nimbos que sombreaban el Camp de la Bota.
No en vano, la organización regaló el primer día chubasqueros que, a modo de fardos, iban pasando de mano en mano entre todos aquellos que los pedían. Pero a las seis y media de la tarde todavía éramos optimistas y pensábamos que quizás solo iban a caer cuatro gotas. Aprovechando que aún no habíamos sacado el paraguas, fuimos al escenario Port para dejarnos seducir por el math-rock de Paus. Toda una revelación para quien escribe estas líneas. El juego de dobles baterías y arpegios me recordó a las bestias pardas de Don Caballero y, por extensión, a todos aquellos grupos que formaron parte de la vanguardia rockera de Chicago. Lástima que declararan que esta era su última gira y posiblemente sus últimos minutos sobre un escenario. Vaya, espero que refloten, aunque sea en diferentes proyectos.
Renaldo y Clara jugaban a conjurar al sol en el escenario Schwarzkopf con su pop naíf y juguetón; como el año pasado, perfectamente programados a una hora en la que apetece dejarse llevar por canciones alegres y despreocupadas como 'L'amor fa calor', 'S'està millor al carrer' o 'Trobo a faltar'. Creo que lo dije el año pasado, pero si los hubiera fichado Postcard Records en los ochenta lo habrían petado; aquí siempre quedan bien como cortinilla musical mientras vas saludando y apretando los dientes por los seis euros de la cerveza. Infalibles y deliciosos, como siempre.
Nada más terminar fuimos rápido al escenario Cupra para ver a uno de los grupos que más me interesaban ese día: Men I Trust.
Posiblemente, si tuviera que explicar a alguien qué hace esta gente, les remitiría a uno de esos grupos que ya desaparecieron: Papas Fritas, con ese indie pop sofisticado, por momentos cercano a Steely Dan, pero que siempre sonaba fresco y actual.
En su contra podemos decir que su música es algo monocroma, pero teníamos mucha curiosidad por ver cómo defendían uno de los discos más bonitos de 2025, 'Equus Asinus'. Para empezar, hay que subrayar la magnética belleza de su cantante, Emmanuelle Proulx, un híbrido entre Emma Stone y Margot Robbie, que concentró toda la atención con una banda muy en segundo plano. A su favor, recalcar que las canciones adquirieron más matices en su conversión al directo, seguras de sí mismas y con ese timbre susurrante marca de la casa. El show contó con una primera parte más íntima e hipnótica, escogiendo cortes de sus últimos trabajos como 'Come Back Down', 'To Ease You' o 'Humming Man', para ir cerrando con sus canciones más conocidas, como 'Tailwhip' —a la que le sentó muy bien su brío rítmico— y uno de los sencillos que les dieron a conocer: 'Seven', con esa guitarra lánguida y melancólica.
En un mundo ideal se hubieran atrevido a versionear la canción de Jeanette 'El muchacho de los ojos tristes', que hace unos años cantó Selena junto a The Marías —otro grupo muy cercano a ellos—, pero nos tuvimos que contentar con una muy solvente actuación. En los últimos minutos, pequeños círculos húmedos empezaban a mojar el pavimento. Esto se complicaba.
No vamos a sorprender a nadie si afirmamos que el show de Geese era uno de los más esperados de la jornada, aunque ya habían tocado en sala la noche anterior. Por mi parte, reconozco que tengo un problema con ellos, y es que, aunque su disco 'Getting Killed' me gusta, no soy capaz de ver la obra maestra que muchos han escuchado. Me pasa lo mismo con Cameron Winter. Por tanto, su paso por el escenario Occident podría haber sido una excelente forma de conectar con ellos. He escogido el condicional para indicar que esto finalmente no pasó y es que, en gran parte, fue por el problema de la incesante lluvia, que ahora sí empezaba a caer con fuerza y que creó unas condiciones muy adversas para disfrutar de los norteamericanos.
No tenía duda de que la gente iba preparada, ya que, al empeorar la situación, un catálogo de The North Face, Columbia y paraguas empezó a emerger. Pero, al levantarse el viento, cada vez se hacía más incómodo permanecer a la intemperie y muchos decidieron refugiarse bajo las cornisas y voladizos de la explanada.
Entre gestionar que no se te mojara la mochila, mantener el pulso firme para aguantar el mango del paraguas y no perderte del resto del grupo de amigos, se hizo muy difícil entrar en un concierto que se centró, evidentemente, en su último largo, como apreciamos en 'Husbands', 'Taxes', '100 Horses' o 'Trinidad', a la que tuvieron que poner fin abruptamente ante las inclemencias del tiempo. En ese momento todos estábamos fichando en el Aquapark. Comenzaba a aflorar el caos.
Nos resguardamos en la zona de restauración —llenísima de gente— y ahí empezó a circular información sobre las cancelaciones: Mac DeMarco, Alex G, y peligraba, cómo no, el concierto de Massive Attack. Qué gafes.
Cuando la lluvia dio cierta tregua intentamos ir a Mordor, pero la entrada estaba bloqueada por efectivos de seguridad. Al poco, las condiciones meteorológicas se recrudecieron y nos vimos obligados a marcharnos. Al montarnos en el metro se abrió la posibilidad de que Massive Attack retomara su show más tarde, cosa que no ocurrió, como tampoco ocurrieron los conciertos de Doja Cat y Bad Gyal. Es decir, los tres cabezas de cartel de la noche se habían suspendido.
Ya en casa nos enteramos de que el festival continuaba y que se celebrarían —qué palabra más idónea— las actuaciones de Father John Misty, Fcukers y Overmono, entre otros. Qué rabia. Como diría aquel sabio: un güisqui y a dormir.
