Crónica

Primavera a la Ciutat 2026

01/06/2026 - 07/06/2026



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Como en 'Los juegos del hambre'. Engrasamos el dedo índice y sacamos brillo al F5, todo preparado: tarjetita con los dineros esperando y aplicación bajada de nuevo. Empieza el ritual. O no. Porque, a los pocos segundos de abrirse la reserva de entradas para los conciertos de Primavera a la Ciutat, ya se agotan los tickets; arañamos un par de conciertos y poco más. Es el sino de los tiempos: un hambre voraz por estar presente en todos sitios y en todos lados, como en la película.

Ante esto, no nos queda más remedio que saludar a Bar Italia en la sala Apolo el martes y ver qué tal defienden 'Tracey Denim', su único trabajo que me interesa; un eficiente cocedero de influencias que van desde el pospunk al pop más heterodoxo, pero siempre con cierta mala uva gótica. Muy a pesar mío, poca delicatessen me meto, y si la grasa es el mejor conductor para el sabor, aquí hay sebo pero poca sustancia: torpísimas ejecuciones de su flácido y rácano cancionero, con una Nina Cristante chillona. Ni siquiera el intercambio de voces con Sam Fenton logra prender alguna chispa. Me quedo con las ganas. Al fondo veo que han incluido la imagen con el ojo guiñándonos de su último trabajo, 'Some Like Hot'; sentencio que nos está diciendo: «Os lo habéis tragado, ¿eh?». Pues sí.

Si en las jornadas oficiales del festival ya se colgó el cartel de «sold out», para el día de puertas abiertas del miércoles también se cubrió todo el aforo, unas 30.000 personas según fuentes oficiales, con dos grandes reclamos: el folk-pop de Guitarricadelafuente y el pop-punk de Wet Leg.

Los ingleses Yard Act abrieron el tramo grueso de la tarde con su rock cárstico que nos invita a pensar en unos remozados The Fall, aunque lejos del carisma de su extinto líder. Con un tercer álbum a punto de publicarse, los de Leeds repasaron con acierto los éxitos de su corta discografía: 'Dark Days', 'The Overload', '100% Endurance' e incluso presentaron en directo su nuevo sencillo, 'Redeemer', que visita, a golpe de bajo machacón, las esquinas del pospunk. Todo ello salpimentado por la increíble energía de su cantante, James Smith, a medio camino entre la rockstar y el cronista de taberna, auténtico motor de una banda que tiene todos los visos de tener residencia confirmada en próximas ediciones.

Si hablamos de poder de convocatoria, el auténtico ganador fue Guitarricadelafuente, con un considerable aumento de público que fue llenando el escenario Occident, donde se asomó sobre las ocho y cuarto de la tarde. Es difícil creer a este gachó más preocupado por las ceramidas de su pelo que por pellizcarnos el ombligo; hay una cierta coreografía predispuesta que hace que su pop almidonado no resulte veraz. Todo resulta muy ordenado. Cuando coge la guitarra y se pasea por el escenario parece que esté en un anuncio de colonias, e incluso cuando se pone serio en 'Poses' recalca la angustia arrodillándose en un barrizal prefabricado. Estos son los tropos que maneja. La casita improvisada en el foso con los colegas al ritmo de 'Agua y mezcal', camiseta Abanderado y gayumbos luminiscentes, llamada de Bad Gyal en directo, subida a un potro en 'Mil y una noches', lucha grecorromana homoerótica en 'Puerta del Sol' y, para terminar, se enfunda la casaca del soldadito de plomo y entona 'Tramuntana'. Y es una pena que el personaje se coma al creador, porque 'Full Time Papi', 'Babieca!' o 'Calypso' lo tienen, pero quizás debamos ver más a Álvaro Lafuente y menos a su álter ego. Quizás solo necesitemos un poco más de verdad.

Habituales del Primavera Sound, Wet Leg salieron a comerse el escenario con su efectivo pop noventero, que tan buena acogida siempre ha tenido entre el público que visita el festival. Su participación se concibió como una continuación de su presencia del año pasado, donde presentaron su segundo trabajo, 'Moisturizer', penalizado quizás por no contener dos de sus canciones insignia, 'Wet Dream' y 'Chaise Longue', pero que bulle con gracia y soltura y, a la larga, se ha dibujado como una continuación sólida tras su debut.

Hablar del grupo de la isla de Wight es sinónimo de hablar de Rhian Teasdale, una hulka pelirroja empachada de girl power que no solo saca músculo escénico, sino que predica la calistenia a base de exhibir bíceps y dorsales: una auténtica pin-up que hizo las delicias de los realizadores, metiendo plano y plano de la muchacha. No fue así con Hester Chambers, una especie de Chris Lowe en la sombra, siempre fiel a su perfil bajo, escondida entre las seis cuerdas, a las que sacó brillo en temas como 'Catch These Fists' o la emotiva 'Davina McCall'.

El domingo visitábamos una de nuestras salas favoritas, La Nau, ubicada en el otrora barrio obrero de Poblenou, tomado desde hace años por apátridas digitales y fondos de inversión. El motivo de visitar esas tierras gentrificadas era ver cómo sonaban Paco Te Quiero, una banda nueva de Barcelona que hace unos meses ha empezado a llamar la atención de la crítica a raíz de la publicación de su primer elepé, 'Hay un pez naranja en el suelo del metro' (Helsinki, 2026).

Y no me extraña. La combinación de ruido y melodía y el juego de voces de sus cantantes, Gloria y Lucía, funcionan perfectamente en temas como '600.000' o 'iPhone', aunque también dejen espacio para composiciones más relajadas e íntimas como la maravillosa 'Sólo contigo' o 'Te quiero, te quiero'.

—¿Hay algún español en la sala? —pregunta una de sus cantantes.

Y tímidamente vemos levantar algunos brazos en la penumbra de la sala. Aunque el cómputo es raquítico, deciden cantar 'És teu i és meu', la única canción en catalán de su repertorio, otra declaración de amor por el sonido de Triángulo de Amor Bizarro, The Jesus and Mary Chain y todo el pop guitarrero y distorsionado del C86. Como anécdota, incluso se atrevieron a versionear al dúo t.A.T.u. con su archiconocida 'All the Things She Said', por supuesto enmarañada en guitarras y con el tono chillón de las rusas. Les seguiremos atentos.

Ruben

Oriundo de La Línea pero barcelonés de adopción, melómano de pro, se debate entre su amor por la electrónica y el pop, asiduo a cualquier sarao música y a dejarse las yemas de los dedos en cubetas de segunda mano. Odia la palabra hipster y la gente que no calla en los conciertos.