Crónica

CocoRosie · Niños Luchando

Mon Live

09/06/2026



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Las siempre esquivas y originales CocoRosie por fin aterrizaban en Madrid para presentarnos su regreso ‘Little Death Wishes’, un trabajo que rompía un pronunciado silencio discográfico de más de cinco años y que además reafirmaba su esencia de artistas que siempre van a su aire, ajenas a cualquier tipo de tendencia. Encontrando nuevos recursos expresivos en el disco como un mayor acento trip hop, que a la postre se notó sobremanera en directo, el espectáculo que ofrecieron en la sala Mon Live resultó de lo más performativo, plagado de detalles de calidad en la puesta en escena y esa sensación de que saben como crear expectación en cualquier punto del directo.

Antes de que las hermanas Casady pisasen el escenario, los granadinos Niños Luchando se encargaron de abrir la velada con un breve set que, pese a su duración, sirvió como una excelente carta de presentación de todo lo que esconde su propuesta musical. Midiendo muy bien las atmósferas de corte electrónico, con una marcada dosis de oscuridad, pero sin renunciar a la ligereza melódica, el trío supo exprimir al máximo unas letras que apuntan hacia lo críptico y lo sugerente. Por momentos pisaron el acelerador para transitar de ritmos motorik a una esencia más cercana a bandas como Mount Kimbie, demostrando una notable capacidad para moverse entre diferentes registros sin perder cohesión. Entre medias, tampoco pasó desapercibida cierta querencia por un bedroom pop que, lejos de quedarse en lo íntimo, parece concebido con la ambición de llegar más lejos y resonar en escenarios de mayor envergadura.

Pocos minutos después, CocoRosie hacían acto de presencia sobre el escenario acompañadas por dos músicos y una escenografía tan extravagante como sugerente. Una nave espacial presidía el fondo, mientras que por el suelo se dispersaban objetos de toda índole: una muñeca atada con cadenas a una tabla de planchar, paraguas, telas y otros elementos que parecían formar parte de un sueño surrealista. Todo ello reforzaba la magnética presencia de las hermanas Casady, ataviadas con vestimentas que parecían extraídas del cabaret más excéntrico imaginable.

Sierra abrió el concierto con ‘Crystal Intro’, dejando constancia desde el primer instante de sus extraordinarias capacidades operísticas y anticipando una de las constantes de la noche: la convivencia entre la solemnidad y una celebración desenfrenada de beats, contrastes y momentos de absoluta desinhibición. Lo más fascinante del concierto fue comprobar cómo, independientemente del registro en el que se movieran, resultaba imposible apartar la vista del escenario. Desde las estrofas rapeadas de ‘Least I Have You’ hasta los pronunciados contrastes vocales entre hermanas en ‘Restless’, cada canción parecía convertirse en una pequeña representación teatral.

Por el camino, los temas aparecían distorsionados y retorcidos respecto a sus versiones de estudio, todos ellos filtrados a través de unos graves contundentes y del incansable trabajo interpretativo del beatboxer, cuya presencia resultó fundamental para dotar de una nueva dimensión al repertorio. Incluso canciones tan reconocibles como ‘Lemonade’ quedaron deliberadamente enmarañadas para la ocasión, abriéndose a nuevas y fascinantes capas sonoras que resignificaban por completo el tema.

La noche también dejó espacio para momentos claramente performativos, como el de ‘Wild Nights’, donde Bianca, enfundada en un vestido que evocaba la forma de una luna, orbitaba lentamente por el escenario, como si encarnara a una bailarina que únicamente despierta con la llegada de la noche. Entre los instantes más memorables tampoco faltó una interpretación de ‘Old TV Show’ en la que ambas dieron rienda suelta a su vena más teatral, recreando el caos propio de las comedias de enredos de los años sesenta. Con una Sierra completamente desatada y una Bianca más comedida recorriendo el escenario, resultaba complicado fijar la atención en un único punto.

Otros momentos igual de impactantes, aunque desde coordenadas muy distintas, llegaron gracias a una tenebrosa ‘Fairy Paradise’, más cercana en espíritu a los primeros trabajos del grupo pese a la transformación de las bases. El aura medieval que impregnaba la portada de ‘Grey Oceans’ parecía materializarse de nuevo ante nosotros, recordándonos cómo aquello que en su día fue percibido como un arriesgado ejercicio experimental ha envejecido de forma admirable.

Ya acercándose a las dos horas de actuación, CocoRosie se despidieron momentáneamente con una fantasmagórica ‘Villain’, antes de regresar para ofrecer un fabuloso bis coronado por ‘RIP Burn Face’. La canción sonó especialmente sobrecogedora y puso el broche perfecto a una noche redonda, demostrando que todo lo singular y excéntrico de su imaginario alcanza sobre las tablas una fuerza expresiva incluso mayor que en sus grabaciones de estudio.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.