Conociendo a

Llacuna

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Cuando un buen amigo te recomienda escuchar a, textualmente, “los Sport catalanes” te sobran segundos para enchufarte los cascos y entrar derrapando en su Bandcamp. Fue así cómo hace casi ya un año escuché la primera bofetada de emo-punk – con nombre y apellido, como a ellos les gusta – de las cinco que contiene el primer EP homónimo de Llacuna.

No resulta exagerado afirmar que a día de hoy el espectro de emo en el panorama nacional proviene principalmente del noreste de la península. Si de las llanuras al otro lado del Macizo Galaico suelen surgir las propuestas más bizarras, parece ser la comunidad catalana quien se lleva la palma en lo que al lloriqueo musical se refiere con un historial que bien merecería un documental a la altura de lo que allí se cuece – y se ha cocido durante años. Dicen que son de Sarrià de Ter (Girona) para no acabar apretujando la explicación contra el margen, pero lo cierto es que Albert, Eric, Eloi y Gerard provienen de distintos puntos esparcidos por el norte de la geografía catalana. Hacen campamento base en la ATV, la mítica Associació Cultural Apaga La Tele localizada en – ya os figuraréis – Sarrià de Ter, Girona; y es precisamente en este hervidero de cultura alternativa donde surgieron anteriores proyectos musicales de los incansables miembros de Llacuna, como Hurricäde o Turnstile, y que sigue acogiendo a otras tantas bandas como centro cultural y local de ensayo.

Llacuna – laguna, olvido… en català – surge en julio de 2015, pero su formación no se fijaría como la actual hasta poco antes de entrar en estudio por primera vez en noviembre de 2016. Oskar – componente en Hurricäde y del dúo Tano! – deja la banda en buenos términos tras pasar por la guitarra y el bajo de Llacuna. Son de hecho sus líneas de bajo las que podemos escuchar en cada pista del EP, llegando Eric para ponerles voz y afianzarse definitivamente en las frecuencias graves. Sus letras cantadas en potente català juegan con la dualidad de sonar animadas y entrañar una poesía reflexiva, nostálgica y llena de matices en sus versos. Mención de honor a ‘Pumba’, broche final de la grabación, con una trompeta que nos transporta directamente a esos primeros álbumes de cuando allá por los noventa el emo decidió acercarse más al jazz que al hardcore en un intento exitoso de alcanzar un nuevo nivel de melancolía.

Una incompatibilidad de agendas con Ultramarinos Costa Brava, estudio donde habían grabado, hace que las mezclas terminen en Philadelphia en las manos de Ryan Schwabe, responsable de la última pincelada en álbumes de The Smith Street Band, Modern Baseball o Sport, entre muchos otros. El resultado final sale a la luz casi un año después, en octubre de 2017, como la excusa perfecta para girar durante casi un año sin parar por todo el país.

Ahora, a pocos días de entrar en el otoño de 2018, Llacuna han actuado en el Saltamarges Fest dando el que anunciaron sería su último concierto en una buena temporada. Hablan de un nuevo disco en camino y no sabemos qué esperar de ese nuevo material en el que están trabajando y que poco han dejado entrever en sus actuaciones. Mientras escribo estas palabras recuerdo el sobresalto que sentí con la entrada abrupta de ‘Vermuts i a la gàbia’ la primera vez que pinché su EP para poco menos de un cuarto de hora después activar el repeat por lo bueno y corto que me pareció. No sabemos qué esperar, pero esperemos que esta vez Llacuna, después de un parón ojalá no muy extenso, vuelvan de su silencio con un larga duración bajo el brazo.

Enrique R. Novoa
Enrique R. Novoa

Coruñés que ya ha pasado más de un cuarto de su vida en Madrid. Dirijo videoclips y toco en un par de bandas. Descubrir Title Fight y Joyce Manor al final de la adolescencia es una de las cosas que más me han marcado musicalmente. Actualmente obsesionado con PUP, los acordes de jazz y todo lo que venga de Japón.

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