The Afghan Whigs acumulan cuatro décadas de actividad, una trayectoria que ha transitado desde la furia del rock alternativo hasta un sonido donde el soul y la sofisticación se han convertido en seña de identidad. La formación capitaneada por Greg Dulli ha sabido reinventarse sin perder su esencia, y 'Soft Control' representa el cuarto capítulo de su etapa de reunificación, un periodo que comenzó en 2012. Este nuevo trabajo llega tras el fallecimiento de Mark Lanegan, colaborador cercano y amigo íntimo de Dulli, una pérdida que parece haber impregnado la escritura de un tono reflexivo y sereno. El álbum se estructura en diez cortes que apenas superan los cuarenta minutos, una duración que invita a una escucha atenta y que respeta la vieja costumbre de dividir el repertorio en dos caras, con la primera más inmediata y la segunda reservada para la noche y los auriculares.
La apertura con 'Jungle Roux' sitúa al oyente en un terreno conocido pero renovado, donde un sintetizador sinuoso da paso a la voz de Dulli, que se mantiene firme y segura. La pieza condensa los rasgos característicos de la banda pero los ensambla con una frescura que evita el estancamiento, demostrando que la inquietud creativa sigue presente. 'House of I' funciona como un guiño a su pasado, con un riff y una intensidad que remiten a la época de 'Gentlemen', aunque el conjunto no se queda anclado en la nostalgia. La manera en que la percusión inicial evoca otros temas anteriores refuerza la idea de que la evolución no implica un corte drástico con las raíces, sino una reinterpretación constante de su propio legado, y esa dualidad entre lo nuevo y lo ya explorado se convierte en un eje vertebrador del trabajo.
La pieza que sobresale con claridad es 'Duvateen', un tema que aborda el paso del tiempo con una honestidad poco frecuente en la carrera del autor. Dulli se permite rememorar travesuras escolares y confesar su cambio de los cigarrillos por la nicotina de chicle, pero es el estribillo el que concentra toda la carga emocional, con esa imagen de avanzar sin retorno que cala hondo. La canción no renuncia a las preguntas provocadoras ni a las referencias a la culpa, pero las envuelve en una atmósfera de aceptación que supone una tonalidad nueva en su repertorio. Esta mezcla de confesión y distancia, de ironía y sinceridad, convierte el corte en un punto álgido del álbum, donde la madurez del compositor se muestra sin el cinismo que a veces ha teñido sus trabajos anteriores.
El resto del repertorio mantiene esa tensión entre lo oscuro y lo luminoso. 'My Lover' se entrega al pop más directo, con un ritmo que recuerda a sus exitosas incursiones en el soul de los sesenta, pero despojado de la ironía que caracterizaba aquellas versiones. 'The Deepest Part of the Darkest Shadow' se inclina hacia la balada sombría, realzada por unos arreglos de viento que le otorgan un carácter casi cinematográfico, como si pudiera encajar en los proyectos paralelos de su líder. La segunda mitad del álbum, con 'Mariah Luster' y 'Memphis, Texas', apuesta por un ritmo más pausado y una atmósfera envolvente, perfecta para la escucha nocturna que sugiere la propia estructura del disco. La inclusión de armonías vocales de fondo y la presencia de piano y cuerdas en varios pasajes refuerzan esa sensación de empaque sin llegar a resultar recargados.
La parte final del trabajo depara algunas sorpresas en forma de pop refinado. '77' parece dialogar con un tema anterior de la banda, aunque sin convertirse en una secuela directa, y se presenta como una joya melódica que merecería mayor atención. 'Loose Talk' se erige como una declaración de amor con un estribillo pegadizo que apunta a un éxito potencial, mientras que 'A Simulation' cierra el álbum con una balada de piano y cuerdas que aporta un desenlace sosegado y coherente con el tono general. El conjunto revela una menor dosis de angustia en comparación con obras pretéritas, pero esa serenidad no se traduce en falta de garra, sino en una confianza que solo otorgan los años y la experiencia sobre los escenarios. La banda demuestra que sigue siendo una formación vibrante en directo, y cada entrega desde la reunión ha sabido contentar a los seguidores de siempre sin renunciar a la inquietud que les define. En definitiva, 'Soft Control' se erige como un trabajo que conjuga memoria y presente sin caer en el simple ejercicio de estilo.
Conclusión
Afghan Whigs consolidan su madurez artística con un álbum que combina la nostalgia por un sonido clásico con una nueva serenidad, abordando el paso del tiempo y la pérdida desde una perspectiva reflexiva y alejada de la angustia juvenil.

