Review

Man/Woman/Chainsaw - Cannonball

Man/Woman/Chainsaw

2026

7.1


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La formación londinense Man/Woman/Chainsaw aterriza con su primer larga duración tras varios años consolidando una reputación en vivo que les ha precedido. El sexteto, cuyos miembros fundadores se conocieron en la adolescencia, ha empleado ese periodo de gestación para afilar unas composiciones que ya apuntaban maneras en sus entregas previas. La pregunta que planeaba sobre este proyecto residía en la capacidad del conjunto para trasladar la efervescencia de sus directos a un formato de estudio sin que esta se diluyera. El resultado, 'Cannonball', demuestra que han sabido sortear ese escollo con oficio, ofreciendo un trabajo que recoge la esencia de su propuesta sin renunciar a la exploración sonora. La producción, supervisada por Margo Broom y Seth Evans, ha buscado precisamente esa contención de la furia para convertirla en algo perdurable.

El álbum se presenta como un ejercicio de equilibrio entre la agresividad post-punk y la sensibilidad pop, dos polos que los británicos recorren con soltura. En 'Only Girl', el tema que abre el trabajo, ya se percibe esa dualidad: una introducción marcial da paso a un entramado de guitarras etéreas y arreglos de violín que construyen un estribillo pegadizo. La pieza funciona como manifiesto de lo que vendrá después, una declaración de intenciones donde la melodía no se subordina a la experimentación. Los cambios de registro son constantes a lo largo de las cuarenta y un minutos de duración, alternando pasajes de aparente serenidad con explosiones de ruido controlado que mantienen al oyente en vilo sin caer en el artificio gratuito.

La distribución de las voces entre Billy Ward, Emmie-May Avery y Vera Leppänen dota al conjunto de una riqueza tímbrica que evita la monotonía. Cada intérprete imprime un carácter distinto a las canciones que lidera, generando un diálogo interno que enriquece la escucha. Ward se adueña de los momentos más ásperos, como en 'Goddamn! Lizard Man!', donde su registro se torna cavernoso para retratar a un depredador de la industria musical. Leppänen, por su parte, imprime una frialdad calculada a 'Still Angry', un tema que destila rabia contenida contra un pasado que se niega a desaparecer. Avery aporta la calidez en baladas como 'Lighter', donde su timbre se eleva sobre un acompañamiento de piano que recuerda a cierta tradición soul británica.

La escritura de las letras merece una atención particular por su capacidad para conjugar lo abstracto con lo concreto. Los autores evitan los lugares comunes del género para adentrarse en territorios más pantanosos, donde las relaciones humanas se dibujan con trazos quebrados. En 'Snakebite', la imagen de una fotografía en una cartera sirve como ancla para explorar la persistencia de los vínculos rotos. La pregunta retórica sobre si esa imagen sigue siendo transportada revela una obsesión por lo que perdura a pesar del tiempo. Esta habilidad para encontrar lo universal en lo particular se repite en 'Get Up and Dance', donde la insistencia en la posesión física adquiere tintes inquietantes que trascienden lo puramente romántico.

El aspecto formal del disco muestra una evolución respecto a trabajos anteriores, especialmente en lo que atañe a la estructura de las composiciones. El grupo ha abandonado cierta tendencia a la dispersión que caracterizaba sus primeros lanzamientos para abrazar una arquitectura más depurada. 'Nosedive', el corte más extenso del álbum, ejemplifica esta madurez compositiva: su desarrollo gradual, desde una base sintética hasta un clímax coral, demuestra un dominio de los tiempos que no existía en sus inicios. La pieza funciona como columna vertebral del trabajo, un punto de referencia que ilumina el resto de las canciones y les otorga coherencia dentro de su diversidad.

La sección rítmica, liderada por Lola Cherry a la batería, mantiene un pulso constante que sirve de contrapunto a las incursiones más experimentales de los instrumentos de cuerda. La violonchelista Clio Starwood y el guitarrista Billy Doyle construyen capas de sonido que envuelven las melodías sin ahogarlas, creando una tensión productiva que se resuelve en los estribillos más expansivos. Este diálogo entre la contención y la exuberancia define la personalidad del conjunto, que parece encontrar su zona de confort precisamente en el desequilibrio controlado. La producción respeta esta dinámica, otorgando espacio a cada instrumento sin que ninguno domine por encima del resto.

El tramo final del trabajo refuerza la impresión de que Man/Woman/Chainsaw han concebido el álbum como un todo orgánico. 'Something Else to Give' cierra el círculo abierto por la primera pieza, retomando ciertos motivos melódicos y resolviendo las tensiones acumuladas a lo largo de la escucha. La elección de no explotar completamente el potencial catártico del tema sugiere una autocontención que apunta a futuras direcciones. Esta decisión, lejos de resultar frustrante, invita a revisitar el trabajo con nuevos oídos, descubriendo matices que en una primera aproximación pasan inadvertidos. El conjunto demuestra que la banda ha sabido convertir sus influencias en un lenguaje propio, sin necesidad de recurrir a fórmulas prestadas.

Conclusión

Man/Woman/Chainsaw exploran en 'Cannonball' la rabia como motor de transformación personal, convirtiendo el rencor en un combustible para la superación de etapas dolorosas.

7.1

Álbum

Man/Woman/Chainsaw - Cannonball

Artista

Man/Woman/Chainsaw

Año

2026

Discográfica

Fiction

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.