Review

Greg Mendez - Beauty Land

Greg Mendez

2026

9.5


Por -

Greg Mendez lleva más de diez años condensando su mundo interior en canciones que apenas rozan los dos minutos, una necesidad de síntesis que nace de la urgencia y de una relación complicada con el control. Tras el revuelo inesperado de su trabajo anterior, este compositor de Filadelfia se enfrentó a su nuevo larga duración para Dead Oceans con la presión de replicar aquel éxito espontáneo, pero también con el peso de una vida personal que se desmoronaba entre grabación y grabación. El espacio reducido de su estudio casero, sin ventanas, se convirtió en el caldo de cultivo para un proceso obsesivo que le llevó de vuelta a hábitos destructivos. ‘Beauty Land’ es el resultado de ese vendaval interno, un conjunto de catorce piezas que funcionan como instantáneas tomadas desde un coche en marcha, donde la nitidez de lo visto se difumina por la velocidad.

El hilo que une estos cortes no es otro que la exposición de una serie de fracasos cotidianos, narrados con una sequedad que esquiva la lástima. En ‘I Wanna Feel Pretty’, el autor se coloca ante el espejo de una autoestima maltrecha, repasando un empleo insatisfactorio y un robo callejero con la misma entonación monótona. El relato deriva hacia una noche de fin de año en soledad y una fugaz estancia en rehabilitación, de la que escapa para encontrarse con la verdadera celda: su propia conciencia. Esa mezcla de alivio momentáneo y certeza de que uno es su principal lastre gobierna el álbum. ‘Looking Out Your Window’ sitúa al oyente en una habitación de hospital, donde la familia se descompone al ritmo de un goteo de morfina y la impotencia del que observa se vuelve una forma de tortura pasiva.

La escritura de Mendez se caracteriza por una precisión quirúrgica para extraer la tristeza de los detalles nimios. ‘Mary / Dreaming’ abre con el olvido de una visita a una tía enferma, un fallo de memoria que se convierte en una herida perpetua, para luego disolverse en un sueño a capela donde el sufrimiento desaparece, mostrando cómo la mente construye sus propias vías de escape. La repetición se convierte en mantra en ‘Frog’, donde la petición de perdón se alarga sobre un fondo de teclado estirado, como si el tiempo se dilatara para subrayar la gravedad de lo que no se puede enmendar. En contraste, ‘Gentle Love’ introduce un silbido juguetón y una petición de afecto maternal, pero la letra revela la herencia de una boca sin la lengua sagrada de la madre y unas manos que carecen del tacto bondadoso del padre, un retrato de un afecto truncado por la genética y el ejemplo.

La estructura breve de las canciones no deja espacio para el desarrollo convencional, pero permite que el autor acumule golpes de efecto con una eficacia pasmosa. ‘Geranium’ retrata la llamada de un amigo recién salido de un centro, que inventa excusas y suplica veinte dólares mientras el narrador repite un ‘te quiero’ que el otro rechaza. El gesto de no colgar es la única victoria posible, una forma de fidelidad masoquista. ‘No Evil’ utiliza un piano de juguete y una percusión que suena a pisadas descalzas para enmarcar un paseo nocturno por un barrio de casas ideales, mientras la cabeza del protagonista se llena de un dolor que ninguna fachada bonita puede curar. La voz se duplica en ocasiones, creando un diálogo consigo mismo que refuerza la sensación de un individuo partido en dos.

El disco encuentra su clímax emocional en ‘So Mean’, donde la batería entra con una solemnidad casi litúrgica y la armonía de Veronica Mendez se suma para ofrecer un breve respiro en medio del naufragio. La canción reflexiona sobre la pérdida total, aquel punto donde la maldad pierde su filo porque ya no queda nada que proteger. ‘Serving Drinks’ retrata la alienación laboral y familiar con una mirada gélida: el padre que se cree Jesús y el hermanastro pequeño que acapara todo el cariño, una muestra de cómo los entornos más cercanos pueden resultar los más hostiles. El cierre con ‘Concussion’ remite al accidente que cambió su trayectoria laboral, pero aquí lo usa para hablar de una amistad tóxica que no termina de expulsar, admitiendo que a veces uno construye su propia cama para ser derribado en ella.

El disco, grabado directamente en una cinta, añade una textura que se resiste a la pulcritud, con pianos desafinados y órganos que parecen llegar desde una capilla abandonada. Los silencios entre compás y compás adquieren tanta importancia como los acordes y la voz, que se mece entre el susurro y un falsete quebradizo, nunca busca la proeza técnica solo la exposición total de una fisura. ‘Interlude in D Minor’ apenas dura medio minuto, pero sirve como recordatorio de que este mundo sonoro prefiere insinuar antes que explicar. El resultado es un retrato agrio y sin adornos de quien ha aprendido que la belleza, si existe, se encuentra en los márgenes de un día cualquiera, quizás en ese momento en que uno se siente robado, olvidado o simplemente a la deriva en una ciudad que nunca fue su hogar.

Conclusión

Greg Mendez presenta en su maravilloso nuevo disco a un narrador atrapado entre el deseo de sentirse querido y la certeza de que su propia naturaleza lo empuja siempre hacia el aislamiento.

9.5

Álbum

Greg Mendez - Beauty Land

Artista

Greg Mendez

Año

2026

Discográfica

Dead Oceans

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.