Los escoceses Boards of Canada llevan décadas construyendo una mitología propia que envuelve cada uno de sus lanzamientos. Su regreso después de trece años sin material nuevo vino precedido por cintas VHS enviadas a seguidores y carteles crípticos en diversas localizaciones, una campaña que alimentó el aura de misterio que siempre ha rodeado a Michael Sandison y Marcus Eoin. El quinto larga duración del dúo llega en un momento político y social convulso y sus dieciocho composiciones reflejan esa inquietud colectiva sin caer en el alarmismo gratuito. Los hermanos han mencionado en contadas ocasiones sus opiniones sobre el estado del mundo, pero ‘Inferno’ funciona como un documento sonoro que captura la ansiedad de una época sin necesidad de proclamas explícitas. La espera ha sido larga y el resultado demuestra que el tiempo invertido ha servido para afinar una propuesta que muchos han intentado imitar sin éxito.
‘Prophecy at 1420 MHz’ arranca con una cita a la frecuencia del hidrógeno, esa señal que en 1977 hizo pensar a los astrónomos en posibles contactos extraterrestres. La pieza incorpora guitarras que recuerdan al rock gótico de los ochenta y una voz distorsionada que afirma “I am God, the ultimate resonance”. Sandison y Eoin juegan con la idea de la autoridad divina y la comunican a través de un sintetizador que suena amenazante. ‘Hydrogen Helium Lithium Leviathan’ combina los tres primeros elementos de la tabla periódica con una criatura bíblica, una mezcla que subraya la fascinación del dúo por los orígenes del cosmos y las escrituras sagradas. Los compases se mueven con una cadencia casi mareada, como si el oyente flotara en un espacio sin gravedad. ‘Father and Son’ extrae su diálogo de un documental de 1971 sobre una comunidad religiosa y la conversación sobre el amor a Dios y el amor familiar se fragmenta hasta sonar grotesca. La risa que aparece al fondo no alivia la tensión, más bien la multiplica. ‘Naraka’ toma prestado el término budista para el infierno y lo transforma en una pieza con cantos hare krishna que, lejos de transmitir paz, generan desasosiego. El bajo sintético empuja con urgencia y las campanas suenan a funeral.
El disco aborda la espiritualidad como un territorio hostil. ‘The Word Becomes Flesh’ describe el desarrollo de un embrión con una voz femenina que carece por completo de calidez, como si el milagro de la vida se redujera a un manual de instrucciones. La línea de bajo funky contrasta con la frialdad del relato y ese desajuste deliberado provoca una sensación extraña. ‘All Reason Departs’ cita a Aleister Crowley y repite “Do what thou wilt” con un ritmo hipnótico que podría funcionar en una ceremonia pagana. ‘Deep Time’ ofrece un respiro con cuerdas que evocan espacios sagrados, pero incluso ahí se percibe una solemnidad que roza lo lúgubre. Los hermanos no juzgan las creencias ajenas, pero muestran cómo el fervor puede deshumanizar a quienes lo practican.
En la segunda mitad, ‘Into the Magic Land’ construye un paisaje con guitarras de post rock y xilófonos que titilan como estrellas lejanas. ‘Blood in the Labyrinth’ introduce un sitar que añade una capa orientalista, aunque el resultado mantiene la ambigüedad habitual del dúo. ‘Arena Americanada’ suena como un viaje nocturno por una ciudad abandonada, con arpegios que giran en bucle y una percusión que avanza con pasos firmes. ‘The Process’ superpone una voz de megafonía que habla de atrocidades mientras de fondo se escucha el canto de pájaros. Esa yuxtaposición entre el horror y la naturaleza resume la estrategia de Boards of Canada: confrontar al oyente con realidades incómodas sin necesidad de estridencias. ‘You Retreat in Time and Space’ despliega un órgano de iglesia que pronto se ve acompañado por un ritmo más animado, como si la esperanza intentara abrirse paso entre tanta oscuridad. El cierre, ‘I Saw Through Platonia’, toma el concepto del físico Julian Barbour sobre un espacio atemporal y lo convierte en un latido cardiaco que se apaga lentamente. No hay una respuesta definitiva, únicamente una constatación de que todo ciclo termina para dar paso a otro.
Los escoceses han prescindido de la bruma que caracterizaba sus trabajos previos y han optado por un sonido más definido, casi clínico en algunos pasajes. Esa claridad permite distinguir cada elemento, desde las conversaciones recortadas hasta los sintetizadores que parecen gemir. Boards of Canada han entregado un trabajo que se asienta en sus señas de identidad históricas, pero que también se permite explorar terrenos pantanosos donde la fe se vuelve amenaza y el progreso tecnológico genera nuevas formas de control. No hay respuestas fáciles porque las preguntas tampoco lo son.
Conclusión
Boards of Canada utilizan su quinto álbum 'Inferno' para examinar cómo las voces robotizadas y los discursos de autoridad colonizan la espiritualidad contemporánea.

