El cine de suspense en Telugu atraviesa una fase de exploración temática donde los realizadores buscan anclajes filosóficos para sostener relatos criminales. Rajesh Karna, debutante tras las cámaras, propone en 'Tercera ley de Newton' un cruce entre la física newtoniana y la concepción oriental del karma, dos sistemas de pensamiento que parten de premisas distintas pero convergen en la noción de causalidad. La película, disponible en Netflix, sitúa su acción en Hyderabad durante 1999, con un oficial de policía llamado Vasudev, interpretado por Sumanth Yarlagadda, que investiga dos muertes aparentemente accidentales: un estudiante universitario que cae de un edificio y una madre soltera atropellada por un coche en plena madrugada. Este punto de partida, que Karna desarrolla con un dispositivo narrativo consistente en un manuscrito que llega a manos de un anciano llamado David, permite estructurar la historia desde una doble temporalidad que entrelaza el presente del lector con el pasado de los sucesos investigados.
La trama se despliega con una parsimonia que algunos espectadores podrían calificar de excesiva, aunque esta elección rítmica responde a la intención del realizador de construir una atmósfera opresiva. Karna pertenece a esa estirpe de cineastas que conciben el thriller como un ejercicio de sugerencia antes que de impacto inmediato, una aproximación que recuerda a la que empleara el director surcoreano Hong Sangsoo en sus aproximaciones al misterio cotidiano. La investigación de Vasudev avanza a través de interrogatorios a los allegados del joven fallecido, entre los que figuran un amigo sospechoso, un padre alcohólico y una enfermera que trabaja para saldar las deudas de su esposo. Cada declaración añade una capa de complejidad al caso, desviando la atención hacia el entorno delictivo que rodea al antagonista Stephen Mercury, un contrabandista interpretado por Jagapathi Babu cuya presencia en pantalla resulta tan limitada como impactante.
El personaje de Sumanth se distancia deliberadamente del arquetipo del policía brillante que resuelve crímenes mediante golpes de intuición sobrehumanos. Vasudev procede con un método meticuloso, casi artesanal, desprovisto de esa urgencia narrativa que suele convertir a los agentes de la ley en héroes de acción. Karna prefiere mostrar a un funcionario que acumula datos, cruza testimonios y construye hipótesis sin estridencias, una decisión que confiere verosimilitud al procedimiento pero que lastra el ritmo de la primera hora de proyección. La película alcanza su punto de mayor interés cuando abandona el esquema de investigación convencional para adentrarse en las motivaciones de los implicados, especialmente en la figura de la madre del estudiante, interpretada por Shelley N. Kumar, cuya contención expresiva transmite el peso de una pérdida que la narrativa conecta con decisiones tomadas años atrás. Este viraje hacia lo emocional refuerza la tesis central del guion, donde cada crimen funciona como réplica de una acción precedente.
La dirección de Karna muestra una seguridad poco común para un realizador novel en el manejo de los espacios cerrados, predominantes en el metraje. Las conversaciones entre Vasudev y los testigos ocurren en habitaciones de escasa iluminación, con encuadres que subrayan la incomodidad de los interrogados mediante primeros planos que capturan cada vacilación. El director de fotografía Veda Vyas Gottipati emplea una paleta cromática que tiende al sepia y al gris, evocando la textura granulada del cine negro clásico sin caer en la imitación servil. Esta elección estética acompaña la naturaleza sombría del relato, aunque la insistencia en los mismos recursos visuales termina por generar una sensación de monotonía que la banda sonora de Sinjith Yerramilli, con sus acordes electrónicos repetitivos, no logra contrarrestar del todo. La edición de Anil Pasala presenta problemas de fluidez en los primeros compases, con transiciones que interrumpen la continuidad narrativa en lugar de potenciar el suspense.
La implicación social de 'Tercera ley de Newton' se manifiesta en su retrato de la Hyderabad de finales de los noventa, una ciudad en transformación donde la corrupción policial y la impunidad del crimen organizado conviven con aspiraciones de modernidad. El guion establece paralelismos entre la situación económica de las víctimas y su vulnerabilidad frente a los poderes fácticos, representados por el personaje de Mercury, cuya influencia trasciende los límites legales. Esta dimensión política, sin embargo, queda desdibujada por el enfoque moralista que prevalece en el desenlace, donde la justicia poética del karma acaba prevaleciendo sobre cualquier crítica estructural al sistema. Los personajes secundarios, especialmente los femeninos, aparecen definidos por su relación con los hombres de la trama, careciendo de agencia propia más allá de su función como desencadenantes de la venganza o el arrepentimiento masculino. La evolución de Vasudev, por su parte, transita desde la neutralidad profesional hacia una implicación personal que el guion justifica mediante revelaciones sobre su propio pasado, un recurso narrativo que refuerza la circularidad temática propuesta por el título.
La recepción del público en redes sociales evidencia una división entre quienes valoran la contención del estilo y quienes echan en falta mayor dinamismo en el desarrollo de la investigación. Las opiniones recogidas tras el estreno en salas durante julio de 2026 apuntan a un consenso sobre la calidad de las interpretaciones, con Sumanth recibiendo elogios por su capacidad para transmitir inteligencia sin caer en la caricatura del detective genial, mientras que la presencia de Jagapathi Babu, aunque breve, añade el contrapeso necesario para elevar la tensión en los momentos clave. La película plantea un ejercicio de estilo que se beneficia de la contención presupuestaria, rodando en localizaciones reales que evitan los excesos del cine de estudio, pero esta austeridad se vuelve contraproducente cuando la falta de variedad escénica acentúa la sensación de estancamiento argumental. El guion establece un mecanismo de espejos entre pasado y presente que funciona en teoría pero que en la práctica diluye la urgencia del caso principal, dispersando la atención del espectador entre líneas temporales que no siempre se integran con naturalidad.
Crítica elaborada por Dani Miguel Brown
