Cine y series

Alfa

Shiv Rawail

2026



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'Alpha', el nuevo título del universo cinematográfico de espías de Yash Raj Films, supone la séptima entrega de una franquicia que, bajo la dirección de Shiv Rawail y con un guion firmado por Soumil Shukla y Shridhar Raghavan, pretende insuflar nuevos aires al bloque patriótico y explosivo que la caracteriza. La apuesta por situar a dos mujeres en el centro de la narrativa, encarnadas por Alia Bhatt y Sharvari, busca romper con la tradición masculina de la saga, aunque el resultado final se asemeja más a un ejercicio de maquillaje superficial que a una redefinición de sus cimientos. La cinta se desarrolla en un entorno donde la lealtad a la nación se convierte en un arma de doble filo, y los lazos de sangre se enfrentan a la manipulación ideológica, todo ello envuelto en un constante bombardeo visual y musical que intenta ocultar las carencias de un libreto endeble.

El punto de partida argumental se ancla en la guerra de Kargil, un conflicto real que la película utiliza como telón de fondo para justificar la creación de un programa secreto de supersoldados, denominado 'Alpha', mediante un suero experimental. Esta premisa, que en apariencia promete una exploración de las consecuencias de la ciencia al servicio del militarismo, deriva rápidamente en un melodrama familiar de manual. La trama gira en torno a la figura del coronel Vikrant Kaul, interpretado por Anil Kapoor, quien, en un acto de desesperación, administra el suero a su esposa embarazada, provocando una cadena de fatalidades que incluye su propia muerte y la apropiación estatal de una de sus hijas gemelas. Este suceso, lejos de generar una reflexión ética sobre el consentimiento y el poder del Estado, se convierte en el catalizador para que el coronel Fateh Singh Lakhawat, con una convincente interpretación de Bobby Deol, se erija en el antagonista principal, un nacionalista despechado que cría a la niña como un arma letal.

La evolución de los personajes principales, Sita y Durga, las dos hermanas separadas al nacer, resulta predecible y carece de la complejidad que una historia de rivalidad y reconciliación familiar demandaría. Sita, educada en un entorno de adoctrinamiento y violencia, encarna la rigidez y la falta de empatía, mientras que Durga, criada en un hogar convencional, representa la vitalidad y el optimismo. El conflicto entre ambas, que ocupa gran parte del metraje, se resuelve mediante una serie de enfrentamientos coreografiados que priorizan el espectáculo sobre la construcción de una relación verosímil. La revelación de que el villano principal esconde una identidad vinculada a Pakistán, un giro que el tráiler ya desvelaba, simplifica aún más las motivaciones del antagonista y reduce el relato a un maniqueísmo geopolítico que desaprovecha la posibilidad de abordar las grietas morales del nacionalismo.

La dirección de Shiv Rawail, que ya demostró su habilidad con la serie 'The Railway Men', se muestra aquí excesivamente dependiente de los códigos del género. El cineasta orquesta secuencias de acción que, aunque técnicamente competentes y con una fotografía que otorga un barniz de seriedad a los paisajes de Cachemira, adolecen de una originalidad que las distinga de otras entregas de la franquicia. La inclusión de un cameo de Hrithik Roshan, que repite su papel de la película 'War', se siente como un guiño forzado a los seguidores de la saga, un recordatorio de la interconexión del universo que, en lugar de enriquecer la trama, subraya su naturaleza de producto manufacturado. La banda sonora, compuesta por Sanchit y Ankit Balhara, se esfuerza por imprimir ritmo a las escenas, pero los números musicales, obra de Rohansh y Abeer Pandit, resultan anodinos y fácilmente olvidables, interrumpiendo el flujo narrativo en lugar de potenciarlo.

Las implicaciones políticas de 'Alpha' son, quizás, su aspecto más controvertido y, a la vez, menos elaborado. La película maneja la exaltación patriótica como un recurso narrativo de primer orden, pero lo hace desde una perspectiva tan simplista que roza la caricatura. El conflicto con Pakistán, un tema recurrente en el cine de acción indio, se presenta como un telón de fondo monolítico que justifica cualquier atrocidad cometida en nombre de la seguridad nacional. Esta aproximación, lejos de ofrecer un análisis crítico de las relaciones bilaterales o de las consecuencias de los conflictos armados, se limita a reforzar un discurso hegemónico que convierte a los personajes en meros engranajes de una maquinaria propagandística. La decisión de nombrar a las protagonistas Sita y Durga, en alusión a deidades hindúes, añade una capa de simbolismo religioso que busca otorgar una dimensión épica al relato, pero que finalmente se revela como un recurso superficial para ennoblecer su mensaje nacionalista.

El guion, a cargo de Soumil Shukla y Shridhar Raghavan, con una historia de Uday Chopra, se enreda en una maraña de subtramas que nunca llegan a converger de manera satisfactoria. La película oscila entre el drama familiar, el thriller de espionaje y el cine de superhéroes, sin lograr encontrar un tono coherente que unifique sus dispares ambiciones. El resultado es un metraje de más de dos horas que se siente excesivamente alargado, repleto de diálogos expositivos que subrayan lo evidente y de giros argumentales que, lejos de sorprender, confirman las sospechas más tempranas del espectador. La relación entre Vikrant y sus hijas, que debería ser el eje emocional de la cinta, queda relegada a un segundo plano en favor de las coreografías de lucha y las persecuciones, lo que impide que el público establezca un vínculo auténtico con sus conflictos personales.

Las interpretaciones, dentro de las limitaciones del material, ofrecen algunos destellos de calidad. Alia Bhatt se entrega por completo a la exigente preparación física que su papel requiere, logrando transmitir la ferocidad y el dolor contenido de una asesina criada en la soledad. Sin embargo, sus esfuerzos se ven lastrados por unos diálogos que no le permiten explorar la vulnerabilidad de su personaje más allá de las escenas de acción. Sharvari, por su parte, cumple con solvencia en las secuencias de combate, pero su personaje carece del desarrollo necesario para resultar tan memorable como el de su compañera de reparto. Anil Kapoor aporta la experiencia y la presencia que su rol exige, aunque su personaje se convierte en un mero vehículo para transmitir el mensaje patriótico de la cinta. Bobby Deol, con su mirada enigmática, interpreta a un villano que promete una complejidad que el guion nunca llega a desarrollar, quedando reducido a una figura unidimensional.

En definitiva, 'Alpha' se presenta como un producto destinado a satisfacer las expectativas de un público que busca entretenimiento sin fisuras, pero que no resiste un análisis detallado de sus planteamientos narrativos o ideológicos. La película se beneficia de un presupuesto generoso que se traduce en una factura técnica impecable, pero su corazón narrativo late con la frialdad de un mecanismo bien engrasado. El intento de renovar la franquicia mediante la incorporación de protagonistas femeninas resulta un gesto loable, aunque insuficiente para ocultar la falta de ideas frescas en un guion que se limita a reciclar los lugares comunes del género. Shiv Rawail demuestra oficio en la dirección de las secuencias de acción, pero su incapacidad para dotar de una personalidad propia a la historia condena a 'Alpha' a ser una más dentro de una saga que, tras este episodio, muestra claros signos de agotamiento creativo.

La película, pese a su ambición de convertirse en un hito por ser la primera protagonizada por mujeres en la franquicia, termina siendo un eslabón más de una cadena que parece perpetuar sus propios defectos. La construcción de la hermandad entre Sita y Durga, que debería ser el pilar del filme, se resuelve con una premura que desluce todo el desarrollo previo, dando la impresión de que el conflicto entre ambas era solo un pretexto para justificar la acción. El tratamiento de la ciencia ficción, a través del suero 'Alpha', se queda en una explicación simplista que otorga habilidades sobrehumanas sin profundizar en sus implicaciones éticas o en el coste físico y psicológico para los personajes. Este uso instrumental de la tecnología, al servicio de una trama de venganza y redención, subraya la superficialidad con la que el filme aborda sus propios temas, priorizando el impacto visual por encima de la coherencia interna. El mensaje final, que enaltece a India como la mejor jefa del mundo, en boca de un personaje como Vikrant, ejemplifica a la perfección la deriva propagandística de una cinta que confunde patriotismo con simple adoctrinamiento.

Crítica elaborada por Óscar Horacio Ruiz

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