Cine y series

Reina Roja 2: Loba negra

Koldo Serra

2026



Por -

Koldo Serra regresa a la dirección de ‘Reina Roja 2: Loba negra’ con un planteamiento que traslada la acción desde Madrid hasta la Costa del Sol, donde Antonia Scott y Jon Gutiérrez deben localizar a Lola Moreno, una mujer vinculada a la mafia rusa que sobrevive a un atentado y desaparece. La serie adapta la segunda novela de la trilogía de Juan Gómez-Jurado y mantiene a Victoria Luengo y Hovik Keuchkerian al frente del reparto, acompañados por incorporaciones como Adriana Torrebejano, Silvia Abascal y Javiera Sky. Serra, responsable también de la primera entrega, demuestra aquí un dominio mayor del espacio y del movimiento, con secuencias de persecución y enfrentamientos físicos que aprovechan cada rincón del plano. La puesta en escena gana en precisión y en lectura clara de las posiciones, algo que facilita seguir el desarrollo de unas coreografías donde la antagonista interpretada por Sky imprime un ritmo propio, distinto al de los protagonistas. Esa seguridad narrativa permite que la temporada avance sin necesidad de repetir las explicaciones sobre el funcionamiento de la mente de Antonia, un terreno ya explorado con anterioridad.

El interés principal reside en cómo evoluciona el vínculo entre los dos personajes centrales, ahora asentado sobre un conocimiento mutuo que transforma la manera de relacionarse. Jon interpreta con acierto los silencios y los bloqueos de Antonia, mientras ella acepta su presencia como un anclaje con el exterior. La ficción evita discursos explícitos y confía en la complicidad de las miradas y en la familiaridad de quienes comparten demasiado tiempo juntos. Esa cercanía, sin embargo, se convierte en un arma de doble filo cuando la trama empieza a tensar la confianza construida, porque conocer los puntos débiles del otro equivale a saber dónde presionar. La serie introduce así una capa de vulnerabilidad que afecta a la propia Antonia, enfrentada al coste de habitar una cabeza que procesa información sin descanso y que recurre a la medicación para intentar contener un ritmo que se antoja inagotable. Ese aislamiento progresivo, paradójicamente, la aleja de quienes pretenden auxiliarla.

La incorporación de Javiera Sky como Loba Negra aporta un contrapunto físico y directo frente a la inteligencia analítica de la protagonista. La serie acierta al construir una amenaza que ejecuta mientras Antonia procesa, evitando reducir el conflicto a una competición de ingenio. La contención interpretativa de Sky, su manera de observar antes de actuar, transmite peligro sin necesidad de grandes alocuciones. Adriana Torrebejano, por su parte, dota de consistencia a una Lola Moreno que huye de forma constante, y su trabajo evita que el personaje se convierta en un simple objeto de persecución. Alrededor, Silvia Abascal y Mauricio Morales amplían el terreno policial desde Marbella, mientras Àlex Brendemühl continúa la búsqueda de otras Reinas Rojas en Europa, sembrando elementos que apuntan a una tercera entrega ya rodada.

La temporada mantiene cierta torpeza en los diálogos, que en ocasiones suenan funcionales y lastran la tensión de escenas que deberían golpear con más fuerza. Es un problema recurrente que convive con aciertos notables en la dirección de actores y en la construcción de secuencias de acción. La recta final deja la sensación de estar ante un segundo acto que prepara el desenlace de la trilogía, con piezas que encajan y otras que quedan pendientes. ‘Reina Roja 2: Loba negra’ profundiza en el desgaste de sus protagonistas y oscurece el tono general, ofreciendo un producto que gana en ambición y en escala, aunque conserve asignaturas pendientes en la escritura de determinados intercambios.