Cine y series

Palestine '36

Annemarie Jacir

2025



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La cineasta Annemarie Jacir, con una filmografía que ya ha abordado las complejidades de la identidad palestina desde perspectivas personales y políticas, afronta en su cuarto largometraje la empresa de mayor envergadura de su carrera. Esta obra, que supone la candidatura de Palestina a los premios Oscar, sitúa su mirada en un periodo específico, los años 1936 y 1937, durante el Mandato Británico en la región. La elección de este momento histórico, el estallido de la revuelta árabe, permite a la realizadora construir un relato de carácter coral que despliega un amplio abanico de experiencias, desde la vida en las comunidades agrícolas hasta el bullicio intelectual y político de Jerusalén. La narración, lejos de centrarse en un único protagonista, entreteje las historias de varios personajes cuyos caminos, aunque a veces separados por la geografía y la clase social, convergen en un mismo punto de ebullición y conflicto.

El argumento pivota en torno a la figura de Yusuf, un joven de la aldea de Al Basma que trabaja como chófer para una acomodada familia en la ciudad. Este personaje actúa como un eje que conecta dos mundos antagónicos: el de sus raíces campesinas, donde la tierra es el sustento y la herencia vital, y el de la élite palestina que, en sus salones, debate y, en ocasiones, transige con las autoridades británicas y los intereses sionistas. A través de sus ojos y de su creciente conciencia, se vislumbra cómo las decisiones políticas y los acuerdos económicos afectan directamente a la vida de los más vulnerables. Paralelamente, la historia sigue a otros personajes cuyas vidas encarnan diferentes facetas de la resistencia y la supervivencia: Khuloud, la esposa de su empleador, ejerce el periodismo bajo seudónimo masculino para denunciar la injusticia; y Khalid, un estibador, encuentra en la lucha armada una respuesta a la brutalidad que padece en su propio oficio.

La película explora con insistencia la dimensión de clase que atraviesa el conflicto, un aspecto que a menudo queda diluido en las narrativas más maniqueas. Jacir muestra cómo la acomodada clase terrateniente palestina, representada por el patrón de Yusuf, mantiene una relación ambivalente con el poder colonial, priorizando sus intereses económicos y su estatus sobre la defensa de su pueblo. Este retrato, matizado y crítico, evita cualquier idealización del pasado y revela las tensiones internas que fracturaban a la sociedad palestina frente a la amenaza exterior. Por otro lado, la representación de los funcionarios británicos, con personajes como el Alto Comisionado Wauchope o el asesor Charles Tegart, muestra una gama que va desde la arrogancia burocrática hasta la paranoia del contrainsurgente, ofreciendo una visión del colonialismo como un aparato deshumanizador que opera con su propia lógica de dominio.

A lo largo del metraje, la directora incorpora con habilidad material de archivo restaurado y coloreado que se integra en la ficción para reforzar la sensación de verosimilitud histórica y, a la vez, subrayar la pérdida de un mundo que estaba a punto de desaparecer. Estas imágenes sirven como un recordatorio de la vitalidad y la modernidad de la Palestina de la época, desmontando la idea de un territorio vacío o árido. La dirección de Jacir se caracteriza por una puesta en escena sobria y efectiva que, sin estridencias, otorga a cada plano una función narrativa clara. La elección de encuadres que capturan la inmensidad del paisaje junto a primeros planos que captan la tensión en los rostros de los actores, permite una inmersión total en la atmósfera de opresión y resistencia que define el periodo.

La interpretación del elenco, que combina nombres internacionales y caras nuevas, se sostiene sobre un trabajo de conjunto que da vida a la complejidad de las relaciones humanas en tiempos de crisis. El recorrido de Yusuf, desde una inocencia casi ingenua hasta su implicación activa en la rebelión, se convierte en el catalizador de la conciencia política que la película propone. La presencia de actores de la talla de Jeremy Irons o Hiam Abbass, lejos de desviar la atención hacia un protagonismo individual, se integra en el engranaje coral de la historia, aportando solidez a los arquetipos que representan. La evolución de los personajes, marcada por la pérdida y la toma de decisiones, dibuja un mapa de lealtades y traiciones que trasciende lo puramente histórico para adentrarse en el dilema moral de la resistencia frente al poder establecido.

En su afán por cubrir un periodo de gran densidad histórica, el guion maneja con soltura los acontecimientos clave, desde la huelga general hasta la Comisión Peel. La narración se permite el lujo de detenerse en momentos de aparente cotidianidad, como una escena de un picnic de oficiales británicos, para subrayar la desconexión y el desprecio de los colonizadores hacia la población autóctona. El filme construye así un relato de justicia poética donde la memoria y la reivindicación política van de la mano, pero sin caer en el panfleto. Jacir sabe que la potencia de su mensaje reside en la acumulación de pequeños detalles, en las conversaciones entre personajes y en la descripción de un proceso de desposesión que se siente tan tangible como la piedra que los jóvenes aldeanos arrojan contra los vehículos blindados.

La reflexión sobre la resistencia en 'Palestine 36' adquiere una dimensión casi épica, aunque siempre contenida por el peso de la historia que la precede. Al mostrar las raíces de un conflicto que aún persiste, la obra se erige como un ejercicio de arqueología del presente, un intento por comprender las fracturas que definen el mundo actual. La película, al situar el foco en la lucha de una comunidad por preservar su tierra y su dignidad, plantea una reflexión sobre la naturaleza del poder y la fragilidad de la justicia en un mundo gobernado por intereses foráneos. Es esta capacidad para enlazar el pasado con las preocupaciones contemporáneas lo que dota al filme de una relevancia que trasciende lo meramente histórico, convirtiéndolo en un testimonio de la pervivencia de la memoria colectiva.

'Palestine 36' es una película sobre la gestación de una conciencia nacional y el precio de la libertad, narrada a través de la mirada de quienes sufren directamente el embate colonial. La obra de Jacir, al centrarse en un instante de inflexión, logra que el espectador se sumerja en una atmósfera de efervescencia y peligro, donde cada decisión personal conlleva una consecuencia política. La película no se limita a relatar hechos, sino que construye un espacio para la reflexión sobre la identidad, la pertenencia y la resistencia, demostrando que la historia se forja tanto en los grandes acontecimientos como en las decisiones individuales de sus protagonistas. La maestría de su directora reside en la capacidad para hilvanar estas historias individuales en un fresco común que resuena con la fuerza de un manifiesto, pero que se presenta con la contención y la elegancia de un relato clásico.

Crítica elaborada por Marina Rivas

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