La plataforma Netflix ha apostado por ampliar el universo de una de sus series brasileñas más duraderas, 'Sintonia', con un largometraje que sitúa a uno de sus personajes principales en el centro del relato. Johnny Araújo, que ya participó en la construcción de la serie original, asume la dirección de esta producción que se estrena aproximadamente año y medio después de que la ficción televisiva cerrara su quinta temporada. El filme, que supera la hora y media de duración, retoma las coordenadas del drama criminal urbano que tan buen resultado dio en la pequeña pantalla, aunque traslada la acción a un escenario internacional durante su primera parte. La elección de Christian Malheiros como protagonista absoluto, repitiendo el papel que le dio fama, confirma la intención de los creadores de ofrecer un cierre definitivo a la trayectoria de este personaje que quedó con flecos pendientes al finalizar la serie. El guion corre a cargo de Guilherme Quintella, Denis Nielsen y Léo Todeschini, quienes construyen una narrativa que pretende funcionar tanto para los seguidores de la ficción original como para aquellos espectadores que se acercan por primera vez a este universo.
La trama arranca con Nando establecido en Serbia, donde dirige sus operaciones de narcotráfico desde el exilio, lejos de las calles de São Paulo que le vieron crecer en el escalafón criminal. La distancia geográfica no supone un alivio para el protagonista, que mantiene su implicación en el negocio a través de su socio Moicano mientras lidia con las consecuencias de una deuda de dos millones de dólares que le enfrenta a sus socios balcánicos. Un tiroteo desencadena la necesidad de abandonar su refugio europeo, justo cuando recibe la noticia de que su hija adolescente Bruna ha desaparecido. El regreso a Brasil activa una doble dinámica en la que confluyen la búsqueda de la joven y la resolución de sus conflictos con el crimen organizado local, representado por figuras como Buda y Govinda. La estructura narrativa plantea un viaje físico y simbólico hacia el origen de sus problemas, aunque el desarrollo de esta premisa resulta menos convincente de lo que cabría esperar. Los giros argumentales se anuncian con excesiva anticipación, de manera que el espectador percibe las revelaciones antes de que ocurran, minando cualquier atisbo de sorpresa que pudiera mantener el interés por la vertiente más policíaca del relato. Las decisiones de los personajes secundarios provocan consecuencias que el guion resuelve con una celeridad que impide que el conflicto adquiera la densidad necesaria para sostener el metraje. La película muestra cierto desequilibrio entre la acción trepidante que domina las secuencias en Serbia y el tono más contenido que predomina en los encuentros familiares brasileños, como si dos películas distintas compitieran por imponer su ritmo.
El verdadero centro de gravedad de la narración reside en las relaciones familiares, específicamente en el vínculo fracturado entre Nando y su hija Bruna. La adolescente ha construido una identidad en torno a la ausencia paterna, hasta el punto de mentir sobre la muerte de su padre para protegerse del estigma que conlleva su origen. Esta construcción defensiva revela un dolor que el filme acierta a transmitir, aunque sin explorar todas sus implicaciones. La interpretación de Duda Pimenta aporta matices a un personaje que navega entre el rechazo hacia quien la abandonó y la necesidad afectiva que la lleva a buscar figuras de confianza en las que depositar sus secretos. Su confesión a Murilo, que desencadena una cadena de eventos, representa el momento más logrado del metraje porque conecta directamente con la psicología de una joven que ansía ser comprendida. Christian Malheiros construye un Nando creíble en su faceta de hombre acostumbrado a manejarse en entornos hostiles, aunque el guion le concede pocos espacios para desarrollar la vulnerabilidad que la situación familiar debería provocar. La transición entre el Nando seguro de sí mismo en las negociaciones criminales y el padre angustiado por la desaparición de su hija resulta efectiva, pero el texto no acompaña esa evolución con la complejidad que requiere. Julia Yamaguchi interpreta a Scheyla, la esposa abandonada que ha criado sola a los hijos, y su personaje representa las consecuencias domésticas de las decisiones criminales, aunque la película la mantiene en un segundo plano que desaprovecha su potencial dramático.
La violencia impregna cada secuencia de la película, desde el tiroteo inicial en Belgrado hasta los enfrentamientos callejeros en las favelas de São Paulo. Araújo construye unas escenas de acción técnicamente competentes que mantienen la tensión en momentos concretos, pero el exceso de situaciones violentas termina por restar efectividad al conjunto. La resolución de cada conflicto mediante un nuevo estallido de violencia crea una sensación de repetición que perjudica la progresión narrativa, porque el espectador anticipa que cualquier amenaza se resolverá del mismo modo. La película presenta a Nando como un personaje prácticamente invulnerable, capaz de sortear peligros sin que su integridad peligre realmente, lo que disminuye la sensación de riesgo que debería acompañar al protagonista de un thriller criminal. El dilema central que da título al filme, la dualidad entre el mundo del crimen y la vida familiar, queda enunciado pero apenas desarrollado, porque la narración privilegia la resolución violenta de los conflictos externos por encima de la exploración de las contradicciones internas del protagonista. La película muestra las consecuencias de pertenecer al crimen organizado en las relaciones personales, pero no indaga en las motivaciones que llevan a un individuo a permanecer en ese entorno cuando dispone de alternativas. La presencia de personajes de la serie original, como Rita y Doni, proporciona cierta continuidad argumental que los seguidores de 'Sintonia' podrán agradecer, aunque su participación resulta anecdótica y no añade capas de significado al relato principal.
El filme se inscribe en la tradición del cine brasileño que aborda la realidad de las favelas y el crimen organizado, aunque lo hace desde una perspectiva más cercana al entretenimiento que al retrato social. La puesta en escena mantiene la estética de la serie, con una fotografía que contrasta la opulencia de los entornos criminales con la precariedad de los espacios populares, estableciendo una geografía visual de la desigualdad que atraviesa la sociedad paulista. Araújo demuestra oficio en el manejo de los códigos del género, pero la película adolece de una ambición que trascienda el mero entretenimiento para ofrecer una reflexión sobre las causas estructurales que empujan a los jóvenes hacia el crimen. La decisión de situar parte de la acción en Serbia introduce un elemento de globalización del narcotráfico que podría haber enriquecido el relato, pero que queda reducido a un escenario exótico sin mayor trascendencia temática. El metraje de casi dos horas se antoja excesivo para una historia que podría haberse contado con mayor economía narrativa, y la sensación final es la de haber asistido a un episodio alargado de la serie en lugar de a una obra con entidad cinematográfica propia. Las interpretaciones del reparto cumplen con solvencia, especialmente la de Malheiros en el rol protagonista, pero el material del que disponen limita sus posibilidades de crear personajes con aristas más complejas. 'Nando entre dos mundos' funciona como complemento para los seguidores de la serie, pero resulta una experiencia insatisfactoria para quienes esperaban un relato autónomo que explorara las contradicciones de un hombre atrapado entre dos formas de vida irreconciliables.
Crítica elaborada por Andrés Gómez
