Cine y series

Golden Kamuy: El asalto a la prisión de Abashiri

Kenji Katagiri

2026



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La adaptación del manga de Satoru Noda prosigue en imagen real con esta tercera entrega, que traslada a los personajes al interior de una fortaleza de alta seguridad. Kenji Katagiri vuelve a ejercer la dirección, mientras Tsutomu Kuwoira firma un guion que bebe del arco argumental de la prisión de Abashiri. La compañía Credeus produce el largometraje, distribuido mundialmente por Netflix y con una duración de ciento veintidós minutos. La acción se sitúa en el Hokkaido de principios del siglo XX, un escenario donde la fiebre del oro desencadena alianzas y traiciones entre facciones con intereses contrapuestos. La entrega precedente y la serie de nueve episodios allanaron el camino para este desenlace, aunque el filme funciona con entidad propia dentro de la saga.

El asalto a la prisión de Abashiri constituye el eje de la trama. Allí permanece recluido Noppera-Bo, un personaje enigmático que atesora información clave sobre el paradero del tesoro ainu y la identidad del padre de Asirpa. Sugimoto y la joven ainu penetran en la fortaleza para interrogar al preso, aunque pronto comprueban que otras facciones han llegado antes o tienen previsto hacerlo al mismo tiempo. El militar Tokushirô Tsurumi maneja los hilos desde la sombra con una frialdad que le convierte en un rival temible. El veterano samurái Toshizô Hijikata, por su parte, persigue objetivos propios ligados al legado del shogunato. Esta confluencia de bandos dota al relato de una complejidad que elude el maniqueísmo, porque cada personaje obra guiado por motivaciones que nacen de su propia historia. La prisión se convierte en un escenario donde las lealtades se ponen a prueba y las verdades se destilan con cuentagotas.

El desarrollo de los protagonistas se cuenta entre los mayores aciertos del filme, porque sus trayectorias alcanzan giros significativos. Sugimoto, apodado el 'Inmortal' por su habilidad para salir ileso de situaciones letales, muestra una vertiente menos belicosa y más volcada en la protección de Asirpa, aunque mantiene su determinación característica. Kento Yamazaki imprime al personaje una tensión contenida que resulta efectiva, sobre todo en los momentos donde la violencia cede paso al diálogo. Anna Yamada, por su parte, ofrece una Asirpa que ha madurado desde las entregas anteriores, asumiendo un papel activo en las decisiones y mostrando una comprensión afinada de las complejidades políticas que rodean al tesoro de su pueblo. La relación entre ambos se afianza sin caer en sentimentalismos y se edifica sobre la confianza mutua y el respeto por sus respectivas capacidades. El resto del elenco secundario cumple con solvencia, con un destacado Hiroshi Tamaki como Tsurumi, cuyo carisma inquietante domina cada escena en la que comparece.

Katagiri imprime un ritmo narrativo que combina secuencias de acción vertiginosas con pasajes de mayor recogimiento, en los que los personajes examinan sus propias razones. El asalto a la prisión se resuelve con una coreografía de combates que saca partido a la geografía del escenario, utilizando pasillos, celdas y patios para que los enfrentamientos adquieran distintas dinámicas. El director maneja con oficio un elenco numeroso, de modo que la pantalla nunca se satura y cada intérprete dispone de su momento de lucimiento. La fotografía refleja la aspereza del invierno en Hokkaido, creando un contraste entre el blanco de la nieve y el negro del hierro que domina la prisión. La banda sonora de Yutaka Yamada subraya la tensión sin resultar invasiva, con motivos musicales que acompañan los instantes de mayor peligro sin caer en el énfasis redundante.

El guion de Kuwoira ofrece varias capas de lectura que amplían el interés del espectador más allá del mero entretenimiento. El tratamiento del pueblo ainu y su vínculo con el gobierno japonés denota cierto respeto, al reflejar la marginación de esta etnia y la apropiación de sus recursos por parte de las autoridades. El oro funciona como símbolo de la explotación colonial, aunque también representa una posibilidad de redención para quienes aspiran a reparar injusticias pasadas. Los personajes ainu, encabezados por Asirpa, escapan de los arquetipos exóticos y poseen agencia propia, así como una cosmovisión que choca con la lógica militar y mercantil de sus oponentes. Esta dimensión política dota al relato de un trasfondo que lo aparta de la simple aventura y lleva a pensar en los mecanismos de poder y la memoria histórica. El filme mantiene ese equilibrio sin que el mensaje social eclipse la trama principal.

Las implicaciones morales afectan a todos los personajes, con independencia del bando al que pertenezcan. La búsqueda del oro sirve de excusa para indagar hasta qué punto los individuos están dispuestos a llegar por sus objetivos, ya sea la venganza, la lealtad a una causa o la protección de los seres queridos. Tsurumi encarna la lógica del fin que justifica los medios, con el engaño y la manipulación como herramientas habituales. Hijikata, en cambio, defiende un orden antiguo que se resiste a desaparecer. Sugimoto y Asirpa ocupan una posición intermedia, y tratan de maniobrar entre esas fuerzas sin perder su integridad. La película evita los juicios categóricos sobre las acciones de sus personajes y prefiere mostrar las consecuencias de cada decisión, sin subrayar su carácter moral. Esa ambigüedad ética constituye uno de los aciertos del guion, que concibe a los personajes como seres complejos y evita reducirlos a meros vehículos de valores preestablecidos.

La resolución de la trama deja varias puertas abiertas para futuras entregas, aunque evita un final en suspenso forzado que reste satisfacción al visionado. Los misterios en torno a Noppera-Bo y al padre de Asirpa reciben algunas aclaraciones, aunque también abren nuevas incógnitas que mantienen el interés por la franquicia. El ritmo narrativo se sostiene a lo largo de las dos horas de metraje, sin que se detecten baches significativos en el desarrollo. La película cierra el arco de la prisión de Abashiri de manera convincente y, al mismo tiempo, sienta las bases para que la historia siga explorando los aspectos más oscuros de la búsqueda del tesoro ainu. Los seguidores de la saga encontrarán una entrega que respeta el material original y expande sus posibilidades narrativas. Los espectadores que se acerquen por primera vez podrán disfrutar de una aventura autónoma con suficientes elementos para engancharse.

Crítica elaborada por Dani Miguel Brown

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