La trayectoria de Hugo Stuven dentro del audiovisual español permite entender su aproximación a 'El nido' como el resultado de un recorrido que comenzó en el terreno documental, donde retrató figuras como Ángel Nieto y Severiano Ballesteros, y que posteriormente se trasladó a la ficción con títulos como 'Anomalous' y 'Solo'. En esta ocasión, el realizador asume la dirección y comparte la escritura del guion con Santiago Lallana y César de Nicolás para construir un relato que se adentra en la psicología de una mujer que ha convertido la protección de los suyos en un mecanismo de control absoluto. La cinta, que llega a las salas españolas el 11 de septiembre de 2026, se apoya en un espacio cerrado, una cabaña de madera situada en mitad de un bosque, para desarrollar una historia donde el aislamiento funciona como refugio y como prisión al mismo tiempo. Michelle Jenner encabeza el reparto interpretando a Marta, una madre que impone normas inquebrantables a su hijo Óscar, al que da vida Dylan Radley, y a su madre Elena, personaje de Luisa Gavasa que se desplaza por la vivienda encadenada a un sistema de raíles metálicos incrustados en el suelo. La llegada de Velasco, interpretado por Pablo Derqui, altera ese equilibrio precario y desencadena una serie de revelaciones que afectan a todos los miembros de la familia.
La trama de 'El nido' se articula en torno a una idea central que remite a los traumas de infancia y a la manera en que esos recuerdos condicionan la vida adulta. La casa donde transcurre la acción se convierte en una metáfora de las heridas que los personajes arrastran, y cada elemento del decorado, desde los pasillos estrechos hasta la iluminación escasa, contribuye a generar una sensación de opresión que el espectador percibe desde los primeros minutos. El guion dosifica la información con la intención de mantener el interés, aunque en determinados momentos la acumulación de giros provoca que algunos detalles queden sin desarrollar. La relación entre Marta y Elena resulta especialmente significativa, porque muestra cómo el ejercicio de la autoridad dentro del hogar puede reproducir dinámicas de dominación que se transmiten de una generación a otra. Esa dimensión política y social, que alude a la sobreprotección como forma de violencia y al encierro como instrumento de sometimiento, aparece sugerida en varias secuencias sin que la película termine de extraer todas sus consecuencias.
El reparto sostiene buena parte del peso del relato. Michelle Jenner compone un personaje contenido, alejado de sus registros más amables, y logra transmitir la fragilidad y la dureza de una mujer que ha construido su identidad alrededor del miedo. Luisa Gavasa aporta una presencia inquietante, especialmente en las escenas en las que su personaje se desplaza con el grillete, y Dylan Radley cumple con solvencia en el papel del hijo, un niño que crece en un entorno donde la realidad exterior se presenta como una amenaza difusa. Pablo Derqui, por su parte, introduce un elemento de tensión adicional que recuerda a ciertos personajes del cine de suspense clásico, aunque su función dentro de la historia queda limitada por la necesidad de mantener el misterio. La dirección de Stuven se apoya en una puesta en escena cuidada, con una fotografía de Ángel Iguácel que juega con los claroscuros y una banda sonora de Vanessa Garde que recurre a los silencios para subrayar la incomodidad de determinadas situaciones.
La película se inscribe en una tradición del fantaterror español que remite a la época de la Fantastic Factory, y el propio director dedica el film a la memoria de Julio Fernández, fundador de Filmax. Esa filiación resulta evidente en la manera de abordar el género, aunque el resultado final se aleje de la modernización que el cine de terror contemporáneo ha experimentado en otras cinematografías. La propuesta de Stuven apuesta por un suspense psicológico que confía más en la atmósfera que en los sobresaltos, y esa elección permite que la tensión se mantenga durante buena parte del metraje. La duración, que varía según las fuentes entre 92 y 109 minutos, incide en el ritmo de una narración que en su último tercio pierde parte de la fuerza acumulada. El desenlace, más efectista que sorprendente, desvía la atención hacia el impacto visual y deja en segundo plano el desarrollo dramático de los personajes, lo que genera una sensación de oportunidad perdida.
La cinta encuentra en la figura de Marta un territorio fértil para explorar la contradicción entre proteger y controlar. La obsesión por mantener a salvo a los suyos la lleva a imponer un régimen de vida que anula la libertad de quienes la rodean, y esa paradoja constituye el núcleo de una historia que podría haber profundizado más en las implicaciones morales de esa conducta. La casa, con sus raíles y sus puertas cerradas, funciona como una representación física de las barreras que los personajes han erigido para protegerse de un mundo que perciben como hostil. La película sugiere que las prisiones más difíciles de abandonar son aquellas que se construyen con los propios miedos, y esa idea recorre todo el relato sin llegar a formularse de manera explícita. 'El nido' se deja ver como un thriller atmosférico que cumple con lo que promete en el terreno visual, aunque su guion irregular y su tendencia a la dispersión lastran un resultado que aspiraba a ser más incómodo y más certero en su retrato de la sobreprotección familiar.
Crítica elaborada por Esther Cunha
