Cine y series

Digger

Alejandro González Iñárritu

2026



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Alejandro González Iñárritu regresa con ‘Digger’, un artefacto inclasificable que reúne a Tom Cruise con el cine de autor más beligerante. La cinta arranca en un futuro cercano, donde un magnate petrolero tejano llamado Digger Rockwell descubre que sus perforaciones en Groenlandia han partido un glaciar. Una placa de hielo del tamaño de un país avanza hacia Europa y amenaza con arrasar ciudades enteras. Cruise, irreconocible bajo prótesis y una barriga postiza, interpreta a este anciano caprichoso que adora a su gata moribunda y desprecia cualquier límite moral. La propuesta de Iñárritu consiste en retratar la arrogancia del poder mediante un tono de farsa exagerada, con diálogos atropellados y una puesta en escena que subraya cada exceso. El resultado es una sátira incómoda, deliberadamente agresiva, que busca incomodar al espectador mientras señala la complicidad colectiva con un modelo energético suicida. La película se sostiene sobre una tensión constante entre el histrionismo de su protagonista y la gravedad del desastre que se avecina.

El personaje de Digger funciona como una caricatura de la clase dirigente estadounidense, alguien que confunde sus intereses privados con el bien común y que recurre a la bravuconería cuando la realidad se impone. Iñárritu construye a su alrededor un ecosistema de colaboradores serviles, científicos aterrados y políticos venales. Riz Ahmed encarna a Ganesh, el asesor medioambiental que asiste con horror al desprecio de su jefe por cualquier advertencia. La relación entre ambos produce algunos de los momentos más ácidos del relato, sobre todo cuando el magnate intenta sobornar a su subordinado con atún carísimo en un avión privado. John Goodman compone a un presidente enfermo y vulgar que ve en la catástrofe una oportunidad para desviar responsabilidades. Sandra Hüller aparece como la hermana de Digger, al frente de una empresa de energías verdes que forma parte del mismo conglomerado depredador. Cada figura secundaria existe para ridiculizar un engranaje del sistema, y ese diseño coral convierte la función en un retrato coral de la cobardía institucional.

La dirección de Iñárritu apuesta por un estilo barroco y opresivo, con una fotografía desaturada que convierte los interiores en espacios casi sepulcrales. Esa elección cromática refuerza la sensación de que los personajes habitan un mundo ya muerto, aunque se nieguen a admitirlo. La cámara de Emmanuel Lubezki se mueve con una energía nerviosa, siguiendo a Cruise por pasillos y salones mientras el actor despliega una energía física impropia de su edad. El plano secuencia en el que Digger se enfrenta a una asamblea internacional constituye el punto culminante: un monólogo de varios minutos donde el magnate acusa a todos los presentes de hipocresía. Ahí reside la mayor virtud del film, en la capacidad de Cruise para sostener un discurso incendiario sin perder el equilibrio cómico. Sin embargo, la película incurre en un giro argumental que revela que todo cuanto vemos forma parte de una representación teatral. Ese recurso, cercano al de ‘Birdman’, rompe la inmersión y convierte la denuncia en un comentario sobre la propia denuncia. La revelación llega tarde y desactiva buena parte de la carga crítica acumulada.

El reparto secundario queda relegado a un segundo plano por el protagonismo absoluto de Cruise. Michael Stuhlbarg interpreta al vicepresidente con una moderación que contrasta con el resto, mientras Jesse Plemons y Emma D’Arcy aportan presencia en papeles breves. Sophie Wilde encarna a la directora de la obra dentro de la obra, un personaje que sirve para cuestionar el enfoque de la sátira. Esa línea metateatral pretende justificar los excesos, aunque termina por generar confusión. La película se debate entre la denuncia directa y la parodia de sí misma, y ese equilibrio inestable lastra el conjunto. Iñárritu demuestra oficio al orquestar el caos, pero la acumulación de ideas dispersa la fuerza del mensaje. ‘Digger’ es un artefacto valiente y exasperante, capaz de provocar admiración y rechazo con la misma intensidad. Cruise confirma que puede abandonar su registro habitual cuando encuentra un desafío a su medida. La cinta merece verse por su ambición desmedida, aunque su resultado final resulte tan contradictorio como su protagonista.