Cine y series

Coven Academy: El hechizo de las brujas

Tim Federle

2026



Por -

Tim Federle construye en ‘Coven Academy: El hechizo de las brujas’ un relato donde la brujería funciona como excusa para hablar de dinámicas afectivas rotas. La trama arranca con Briar, una adolescente neoyorquina que aterriza en un internado de Nueva Orleans tras la muerte de su madre, convencida de que el centro es un correccional para jóvenes conflictivas. El descubrimiento de sus poderes llega envuelto en hostilidad: la muchacha rechaza cuanto la rodea, mientras la directora Graves dosifica la información con parquedad calculada. Ese pulso entre rebeldía y secretismo sostiene los primeros capítulos, aunque el personaje tarda en abandonar el estereotipo de la recién llegada insoportable. Federle, responsable de ‘High School Musical: The Musical: The Series’, demuestra oficio al convertir el desconcierto inicial en un motor narrativo que empuja hacia delante. La serie se apoya en un reparto joven que sostiene con solvencia los cambios de registro, y en la figura de Malachi Barton como Jake, cuya ambigüedad moral resulta el mayor atractivo del conjunto.

La amistad entre Briar, Sasha y Tegan constituye el eje real sobre el que pivota la ficción. Cada una aporta una sensibilidad distinta: Tegan encarna la calidez y la ligereza, Sasha la desconfianza justificada, Briar la obstinación herida. La tensión entre ellas nace de un reparto desigual de información, y ese desequilibrio genera conflictos que trascienden lo sobrenatural. El guion evita resolver las fricciones mediante diálogos explicativos; prefiere mostrarlas en gestos cotidianos, en silencios compartidos, en la manera en que ocupan el espacio común. Esa contención dota de verosimilitud a un vínculo que se construye a trompicones, con retrocesos y reencuentros. La sororidad que finalmente emerge resulta convincente porque se ha ganado a pulso, sin discursos aleccionadores. Federle entiende que la magia adolescente interesa menos que la negociación constante entre lealtad y egoísmo, y coloca ese forcejeo en el centro de cada episodio. El resultado es un retrato coral donde las alianzas cambian de signo con una rapidez que mantiene la atención.

El tratamiento del mundo sobrenatural opta por la economía expresiva. Vampiros, licántropos y brujos conviven en un Nueva Orleans que se intuye más de lo que se muestra, con una logia vampírica que sirve sangre en tubos de ensayo como detalle de color. Los efectos digitales oscilan entre la eficacia y el desastre, y esa irregularidad rompe la inmersión en momentos clave. Los hechizos mejor resueltos conviven con criaturas generadas por ordenador que parecen sacadas de otro producto. Esa falta de coherencia visual lastra la credibilidad de un universo que, por lo demás, se sostiene sobre reglas claras y límites definidos, sin caer en la arbitrariedad todopoderosa de otras franquicias mágicas. Los capítulos, de duración breve, funcionan como piezas de un mecanismo que dosifica revelaciones y cierres abruptos. La estructura fragmentaria potencia el consumo continuado, aunque en ocasiones sacrifica el desarrollo de tramas secundarias que merecían más espacio. La comparación con el cine de Robert Eggers resulta pertinente por su uso de lo sobrenatural como vehículo para tensiones familiares irresueltas.

El misterio en torno a la madre de Briar avanza con giros que se anticipan con facilidad, pero el interés se mantiene gracias a la solidez interpretativa del elenco adulto. Tiffani Thiessen compone una directora que protege y oculta a partes iguales, mientras Devon Sawa aporta un magnetismo inquietante como profesor de intenciones turbias. La relación entre Jake y su mentor introduce una capa de ambigüedad moral que enriquece el conjunto y proporciona a Barton sus mejores momentos. La resolución de la temporada deja hilos abiertos y sugiere una amenaza mayor, lo que confirma que la apuesta de Federle por un producto juvenil con aristas siniestras funciona. ‘Coven Academy: El hechizo de las brujas’ acierta al entender que el verdadero hechizo reside en las grietas de sus protagonistas, en la manera en que se hieren y se reparan mutuamente.