Cine y series

Cada vez menos extraño

Kristoffer Rus

2026



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Kristoffer Rus firma ‘Cada vez menos extraño’, un acercamiento a la figura de Jan Borysewicz, guitarrista y fundador de Lady Pank, cuya trayectoria se reconstruye desde la infancia hasta la consolidación del grupo. El realizador, formado en el cine familiar y responsable de la trilogía ‘Za duży na bajki’, aborda aquí un relato de formación marcado por la enfermedad de la madre, la hostilidad del padre y la irrupción de la música como refugio. La cinta aspira a retratar una vida atravesada por la censura comunista y el peso del catolicismo, aunque ese contexto aparece más como decorado que como fuerza que transforme al protagonista. Mikołaj Bukrewicz encarna a Borysewicz con una presencia física que resulta creíble en las secuencias musicales, pero su inexperiencia limita los pasajes de mayor exigencia dramática. La película se estrena en Netflix el 7 de octubre de 2026, y lo hace con la bendición del propio músico, quien pidió que se mostraran sus errores sin edulcorarlos. Esa promesa de crudeza se queda a medio camino: el relato evita los excesos alcohólicos y las polémicas que definieron al personaje, sustituyéndolos por una sucesión de episodios domesticados que rebajan la tensión. El resultado es un biopic que cumple con el expediente pero renuncia a la electricidad de su objeto de estudio.

La estructura avanza mediante una acumulación de triunfos y reveses que el espectador puede anticipar con precisión. La infancia desdichada, la madre comprensiva, el hermano que inocula la pasión por el rock, el primer concierto, la primera decepción, la consagración esquiva: cada eslabón se encadena con la mecánica de una lista de tareas. Rus y los guionistas Wiktor Piątkowski y Joanna Kozłowska privilegian el vínculo familiar sobre la crónica de la escena musical polaca, y ahí se concentran los mejores momentos, sobre todo en la relación con Andrzej, interpretado por Patryk Pietrzak con una calidez que contrasta con la frialdad del conjunto. Sin embargo, esa intimidad se ve traicionada por una voz en off que explica lo que las imágenes ya muestran, subrayando cada emoción con una insistencia que anula la ambigüedad. La puesta en escena recurre a filtros azules y amarillos que pretenden evocar la década de 1980, pero que terminan por homogeneizar el paisaje y restar textura a los conciertos. Marcel Barra compone a un Janusz Panasewicz magnético, aunque su participación reducida desperdicia la energía que aporta. El montaje encadena números musicales con eficacia, pero la narración se resiste a detenerse en los conflictos políticos que podrían dotar de espesor al relato.

La censura comunista aparece en la secuencia inicial, cuando la policía irrumpe en un concierto de Lady Pank, y después se desvanece. El toque de queda, la ley marcial y la presión ideológica funcionan como telón de fondo, sin que Borysewicz se enfrente a ellos de manera activa. Esa desconexión entre el artista y su tiempo convierte la historia en un relato intercambiable, aplicable a cualquier músico de cualquier país. Lo mismo ocurre con el catolicismo: una escena traumática con un sacerdote y varios monólogos vagos sobre Dios que se suceden sin consecuencias. La película desaprovecha la oportunidad de explorar cómo la fe y la represión modelaron una generación de rockeros polacos, y prefiere refugiarse en el conflicto paterno, resuelto con una previsibilidad que resta hondura al conjunto. El guion renuncia a mostrar el éxito masivo de Lady Pank, incluido el fenómeno de ‘Minus Zero’ en MTV en 1985, y concluye sin un clímax que justifique el viaje. Esa ausencia de culminación deja una sensación de vacío: el espectador asiste a una transformación anunciada pero nunca consumada.

La música de Lady Pank funciona como el principal activo de la cinta. Los temas más conocidos del grupo insuflan vitalidad a las escenas de concierto y recuerdan por qué su repertorio forma parte de la memoria colectiva de varias generaciones polacas. Sin embargo, la banda sonora se completa con una cantidad notable de rock estadounidense que, lejos de iluminar los gustos del protagonista, interrumpe el disfrute de las canciones propias. Para quien desconoce el idioma, esa alternancia genera una espera incómoda hasta que suena un tema reconocible. La fotografía, teñida de manera constante, impide apreciar el vestuario y el peinado, que bastarían por sí solos para situar la época. El debut de Bukrewicz, premiado en el Festival de Cine Polaco de Gdynia, se sostiene por su naturalidad y su dominio real del instrumento, aunque su registro limitado lastra los momentos de mayor carga dramática. ‘Cada vez menos extraño’ ofrece una lección de historia sobre el rock bajo el comunismo, pero como estudio de personaje se queda en la superficie.

En definitiva, ‘Cada vez menos extraño’ se pliega a las convenciones del biopic musical sin aportar una mirada propia. La película de Kristoffer Rus reconstruye la vida de Jan Borysewicz con oficio, pero renuncia a la aspereza que habría hecho justicia a su figura. La infancia dolorosa, la relación con el padre, el refugio en la guitarra y la irrupción de Lady Pank se suceden con una corrección que ahoga cualquier atisbo de riesgo. El resultado es un relato correcto pero anodino, que se ve sin esfuerzo y se olvida con la misma facilidad. La historia de Borysewicz merecía más rock and roll, más contradicción y menos complacencia.