Kelela Mizanekristos, más conocida como Kelela, acumula más de una década de carrera con un repertorio que combina R&B, música de club y jazz. Nació en Washington D. C. en 1983 y pasó su infancia en Gaithersburg, donde comenzó a estudiar violín en cuarto de primaria y cantó en el coro del colegio. Más adelante empezó a interpretar estándares de jazz en cafeterías y formó parte de una banda llamada Dizzy Spells. En 2010 se mudó a Los Ángeles, donde entró en contacto con los sellos Fade to Mind y Night Slugs. De esa relación surgieron el mixtape gratuito ‘Cut 4 Me’ (2013) y el EP ‘Hallucinogen’ (2015), que narra una relación amorosa desde la ruptura hasta el flechazo inicial. La idea de contar una historia de amor en orden inverso también articuló ‘Take Me Apart’ (2017), su primer álbum de estudio. Desde entonces, Kelela ha seguido combinando una voz formada en la tradición del jazz con bases pensadas para la pista de baile.
La relación entre géneros es una de las claves de su trayectoria. Night Slugs y Fade to Mind reunían a productores que mezclaban elementos del grime, el dancehall, el zouk, el punk y el R&B para crear música que no se limitaba a reproducir las características de cada estilo. ‘Cut 4 Me’ (2013) contribuyó a recuperar la etiqueta R&G, abreviatura de rhythm and grime, que describía la combinación de voces de R&B con ritmos de club vinculados al grime. La presencia de Kelela resultaba especialmente significativa en un entorno donde las bases electrónicas solían ocupar el primer plano y el uso de voces cantadas no era tan habitual. Su trabajo ayudó a demostrar las posibilidades de integrar ambas dimensiones. Entre sus influencias figuran la colección de discos de jazz de su padre, la radio comercial y los ritmos de baile de Washington. Esa variedad de referencias se refleja en unas canciones que combinan distintas tradiciones sin perder una identidad reconocible. La voz es el centro de su proceso creativo: comenzó a escribir canciones en GarageBand superponiendo varias grabaciones de su propia voz mediante bucles. En directo, desarrolla esa misma técnica al enlazar canciones, prolongar frases y manipular los efectos vocales para transformar cada repetición.
En ‘Take Me Apart’ (2017), el orden de las canciones permite reconstruir una relación amorosa desde su final hasta sus comienzos. ‘Frontline’ abre el álbum con la aceptación de una ruptura que ya no parece tener remedio. En ‘S.O.S.’ aparece un encuentro sexual acordado mediante un mensaje breve, mientras que ‘Blue Light’ se sitúa en el momento en que alguien decide dejar atrás sus dudas y caminar hasta la casa de la persona que desea. Más adelante, ‘Onanon’ introduce un conflicto en una relación que parecía acercarse a la intimidad. ‘Bluff’, por su parte, plantea la posibilidad de un amor incondicional. En lugar de seguir una secuencia cronológica, las canciones presentan situaciones que permiten entender distintas fases de una misma historia. Los cambios de sonido refuerzan esa estructura: los graves deformados propios del dubstep conviven con sintetizadores de ataques incisivos y texturas electrónicas que recuerdan al chiptune. La combinación de recursos sonoros y escenas sentimentales convierte el disco en un relato sobre las distintas caras del amor, desde el deseo hasta el desencuentro.
La forma de decidir quién firma y protagoniza una obra también ocupa un lugar importante en su carrera. Durante la preparación de ‘Take Me Apart’ (2017), Kelela trabajó con cuatro versiones de cada canción antes de seleccionar la definitiva. Este método guarda relación con la cultura de club, donde una misma pieza puede circular en distintas ediciones y adaptarse a diferentes contextos. El proceso contribuyó a prolongar el tiempo de trabajo entre el mixtape y el álbum. Aunque Jam City y Arca produjeron buena parte de las bases, Kelela prefirió que sus nombres no ocuparan un lugar destacado en la promoción. Quería evitar que la atención se centrara en los productores y relegara su papel como creadora e intérprete del conjunto. Esta decisión conecta con su crítica a la representación de las mujeres negras en la industria cultural. Para ella, incorporar a artistas negras a una campaña no equivale necesariamente a darles un espacio real para decidir y desarrollar su trabajo. Las conversaciones con su círculo de amigas artistas negras le permiten compartir estas experiencias y comprobar que ciertas incomodidades no son casos aislados. Ese apoyo mutuo también le ofrece una forma de alivio frente a las situaciones que denuncia.
Las colaboraciones han ampliado su presencia más allá de la música de club. En 2016 puso voz a trabajos de Clams Casino, Danny Brown y Solange, y al año siguiente participó en ‘Humanz’ (2017), el álbum de Gorillaz. Estas apariciones acercaron su trabajo a públicos vinculados al rap, el pop y la electrónica. Su interés por la reinterpretación colectiva también se refleja en los álbumes de remezclas publicados en 2015, 2018 y 2024, dedicados respectivamente a ‘Hallucinogen’ (2015), ‘Take Me Apart’ (2017) y ‘Raven’ (2023). El volumen de 2018 contó con Kaytranada y varias raperas entre quienes revisaron las canciones. A estos proyectos se suma ‘Aquaphoria’ (2019), una mezcla ambient publicada por Warp que combina su voz con pistas del catálogo del sello y de artistas relacionados con él. Las dificultades para gestionar los derechos de todas las piezas complicaron su distribución y contribuyeron a que el proyecto permaneciera disponible en internet durante mucho tiempo. Esta manera de entender la música como una creación abierta a otras voces conecta con las reuniones familiares en las que se cantaba y bailaba música etíope. Para Kelela, una composición no tiene por qué quedar fijada en su primera versión: puede adquirir nuevas formas a través de las interpretaciones de otras personas. Así, cada lanzamiento amplía tanto su repertorio como la comunidad que participa en él.
Entre ‘Take Me Apart’ (2017) y su siguiente álbum de estudio transcurrieron cinco años en los que Kelela también dedicó tiempo a su entorno cercano y a su formación política. En 2020 compartió con amistades, familiares y colaboradores un dosier de lectura que reunía ensayos, pódcast y documentales sobre la misoginia racializada y la explotación del trabajo negro. La iniciativa respondía a su convicción de que la conciencia política requiere un aprendizaje continuado y no puede limitarse a las declaraciones públicas. Entre los materiales figuraban textos de la ensayista feminista bell hooks, cuyo nombre se escribe en minúsculas, y de Safiya Umoja Noble, investigadora que ha estudiado los sesgos racistas presentes en los buscadores de internet. Parte de las inquietudes de ese periodo se refleja en ‘Raven’ (2023), un álbum de electrónica ambient que apuesta por atmósferas envolventes y se inspira en el afrofuturismo. En su creación participaron Asmara, LSDXOXO, el dúo alemán OCA y la DJ de Toronto BAMBII. Kelela también habla abiertamente de su identidad queer, que forma parte de su experiencia y de la comunidad con la que se relaciona. En ‘Raven’, la música electrónica funciona como un espacio para reunir esas experiencias y dar cabida a distintas formas de vivir y expresarse.
El álbum en directo ‘In the Blue Light’ (2025), grabado durante dos noches en el club Blue Note de Nueva York, recupera una parte importante de su historia personal. A comienzos de los años 2000, Kelela había asistido allí a un concierto de una cantante de neo soul. Grabó aquella actuación en un minidisc y después utilizó la grabación para practicar y trabajar su voz. Volver años más tarde a la misma sala como protagonista supuso cerrar un círculo. El repertorio adquiere una nueva forma al acercarse a la tradición de los estándares de jazz que interpretaba en sus primeros años como cantante. ‘Bank Head’, reducida a una versión lenta acompañada por piano, le provocó una emoción distinta a la de otras interpretaciones. Aunque la letra seguía siendo la misma, el nuevo arreglo dejaba las palabras más expuestas y permitía apreciar matices que podían pasar inadvertidos en la versión electrónica. El proyecto también modifica la relación con el público: quienes están acostumbrados a bailar sus canciones en un club pueden escucharlas sentados, en un entorno pensado para prestar atención a la interpretación. Con esta propuesta, Kelela reivindica el jazz como parte de una tradición cultural negra en la que también tienen cabida las experiencias queer.
Su LP más reciente, ‘New Avatar’ (2026), recupera el interés por la guitarra que desarrolló durante su juventud sin abandonar los ritmos de baile. El primer adelanto surgió de un trabajo conjunto con el productor Oscar Scheller y la pintora Janiva Ellis, e incorpora guitarras de Scarlet House. A lo largo del disco conviven referencias al grunge, el shoegaze y el nu metal con el UK garage y el bounce de Nueva Orleans. Las guitarras remiten a la época en que Kelela formaba parte de Dizzy Spells y acompañaba a su entonces pareja, guitarrista de metal progresivo, a distintas salas de conciertos. El álbum recupera esas experiencias y las incorpora a una propuesta en la que la experimentación con las guitarras no desplaza el ritmo de club. Kelela dedica el disco a los oyentes negros que siempre han encontrado un lugar propio en la música alternativa. El vínculo con su público queda reflejado en la historia de una persona que se tatuó su nombre, cuyo significado en amárico es protección, junto a la dirección de la casa de su abuela. La anécdota resume una idea que atraviesa su trayectoria: crear música que permita a quienes la escuchan encontrar un lugar de pertenencia y sentirse a salvo.
Kelela estará actuando en nuestro país en las fechas que se detallas a continuación:

