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Los 10 conciertos del Mucho Flow 2026 que no deberías perderte



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La nueva edición del Mucho Flow ya se encuentra a la vuelta de la esquina, llegando a Guimarães con su mezcla de música sorpresiva para oídos que buscan algo distinto y recintos repartidos por el centro, todos a poca distancia a pie, como el Centro Cultural Vila Flor y el Teatro Jordão, un cine reformado de los años treinta. La organización diseña un cartel sin solapamientos horarios, de modo que el público se desplaza en bloque de una sala a otra, y completa la oferta con charlas en torno a la creación y la industria musical, además de sesiones de club con pinchadiscos locales e internacionales.

El festival mantiene un criterio de programación que busca doblar la norma y convertir cada escenario en un espacio de ruptura, con propuestas difíciles de encajar en una etiqueta. Su apuesta por sonidos del presente y del futuro resulta tan arriesgada como exitosa, sostenida en la convicción de que la música generada por inteligencia artificial solo puede imitar lo que ya existe. Esa defensa de lo original y lo inclasificable, incluso cuando el resultado suena áspero o inacabado, define una cita que reúne en pocos días estilos alejados entre sí y públicos dispuestos a dejarse sorprender. Aprovechando que ya queda poco para esta nueva edición, os ofrecemos los 10 conciertos que no deberíais perderos.

bloodsports

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bloodsports

Bloodsports llegan con ‘Anything Can Be a Hammer’, un debut en el que la tensión se construye desde el silencio: pasajes contenidos que estallan en ráfagas de guitarra distorsionada y melodías que sustituyen la calma vocal por una descarga catártica. Sam Murphy, Jeremy Mock, Liv Eriksen y Scott Hale llevan años tocando estas canciones en directo antes de grabarlas, y ese rodaje se nota en un repertorio donde cada miembro escucha y responde a los demás, con cambios de dinámica que van del susurro al golpe seco. El disco lo publica Good English, el sello de unos amigos que creyeron en el grupo desde sus primeros conciertos, y esa cercanía se traduce en una interpretación franca, sin artificios. En ‘Rot’ el cuarteto libera la tensión acumulada durante el resto del set, mientras que en ‘Come, Dog’ la precisión rítmica sostiene un pulso nervioso que termina por desbordarse. Su música funciona como una conversación entre instrumentos que se interrumpen, se ceden espacio y se empujan hasta el límite. Verlos en vivo permite seguir ese intercambio en tiempo real, con la sensación de que cualquier cosa puede ocurrir sobre las tablas.

Charlie Osborne

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Charlie Osborne

Charlie Osborne convierte cada actuación en un dispositivo narrativo donde el vídeo, la performance y la canción se entrelazan sin jerarquía. Formada en Central Saint Martins y Camberwell, esta artista visual londinense de 25 años empezó a producir música hace apenas tres años y ya ha publicado ‘Finding Melody: Part 2’, un EP en el que su voz susurrada o gritada convive con guitarras distorsionadas y electrónica de referencias dispersas. Sobre el escenario despliega una dramaturgia inquietante: permanece inmóvil mientras vocea, sostiene una máscara de látex con cuencas vacías para que el público se sienta observado, o construye crescendos que estallan en un fuego artificial de ansiedad, como en ‘stuck in a rut’. Su universo parte de un caos lógico donde hechos y ficción forcejean, con personajes que reaparecen transformados y un padre que actúa como figura central. Esa materia personal se cuela en cada pieza y evita que el conjunto se quede en puro ejercicio formal. Quien la vea encontrará a una creadora que usa el directo como extensión de su obra plástica, desplazando el concierto hacia un territorio híbrido donde la imagen, el objeto y el sonido comparten protagonismo.

Dumbhead

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Dumbhead

Dumbhead construyen su trip hop a partir de un coro operístico que suena en casi todo lo que graban. Esa masa de voces litúrgicas, sacada de su contexto original, la convierte Maayan Barnatan en ritmos y guitarras, mientras Zach Salmon la procesa en directo con una mesa Tascam, aplicándole dub y delay. A esa base se suma Billie Raffety, formada en jazz, cuya voz flota por encima de las canciones y al mismo tiempo les da un punto de apoyo. El trío de Melbourne publica este año su segundo EP, 'Dumbhead', donde canciones como 'Sly Folk' muestran un ritmo con aire de banda sonora que va ganando intensidad hasta un final impactante. El disco reúne singles creados a lo largo de varios meses, con tomas vocales improvisadas grabadas a la primera y arreglos que mezclan programación, sintetizador semimodular y la trompeta de un colaborador habitual. En directo, el grupo lleva esa mezcla de downtempo e IDM a un formato de cuatro músicos en el que los delays y efectos se ejecutan en directo, sin usar pistas pregrabadas. En su concierto en el Mucho Flow, a bien seguro nos encontraremos ante un repertorio que va del susurro etéreo a la densidad rítmica, con espacio para la experimentación y para melodías que se quedan en la memoria.

Hannah Frances

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Hannah Frances

Hannah Frances publicó el año pasado 'Nested in Tangles', un segundo álbum en el que el folk se mezcla con el rock progresivo y el jazz sin que la canción pierda su estructura reconocible. La compositora y guitarrista estadounidense construye arreglos densos, con acordes y secuencias que evitan lo esperado y una voz que da cohesión al conjunto, participando en ellos Daniel Rossen, de Grizzly Bear. El disco trata el proceso de curación, que no sigue un camino recto, manteniendo a la vez a la vez la dureza de lo difícil y la claridad de la esperanza, una dualidad que se escucha en piezas como 'Life's Work', donde la confianza se repite como un mantra que sostiene el presente y el futuro. En directo, Frances convierte ese material en un recorrido que se siente en el cuerpo: hay canciones que generan tensión y otras que liberan esa tensión, de modo que el concierto acaba funcionando como una catarsis tanto para ella como para el público. Regresando al festival tras su cancelación del año pasado, la intérprete llevará sus canciones hacia terrenos poco habituales, con la voz y la guitarra como centro de un repertorio que se disfruta más con una escucha atenta y en directo.

Jana Horn

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Jana Horn

Jana Horn publicó a principios de año su tercer álbum, de título homónimo y grabado en apenas diez días en Sonic Ranch, en el desierto de West Texas, junto a Jade en el bajo y Adam en la batería. Ese encierro buscado le permitió dejar espacio a la digresión y a la revisión durante la toma, hasta el punto de que ‘Love’ entró sin haberse ensayado antes. La cantautora afincada en Austin escribe desde la palabra: su otra actividad como narradora afina cada verso y lo ajusta a una voz de proyección delicada sobre un folk americano de horizontes amplios. El disco surge como reacción al anterior, ‘The Window Is the Dream’, y se apoya en la idea de que cualquier gesto puede contener el conjunto; de ahí el título, un guiño al debut homónimo de Lucinda Williams y una forma de firmar lo que hizo con la banda. Sus canciones parten de una escucha atenta a la lírica, con referencias que van de Leonard Cohen a Blaze Foley, y se sostienen en arreglos donde el bajo dibuja líneas melódicas y la guitarra aporta textura. En directo alterna formatos de dúo, trío y banda completa, presentando un repertorio que confía en el peso de una buena canción y en lo que esa canción mueve en quien la recibe.

Microplastics

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Microplastics

Microplastics han reunido en ‘Sod in Heaven’ la violencia escénica que despliegan en salas londinenses, un debut donde el punk se cruza con folk progresivo, industrial y percusión de chatarra. El proyecto lo forman la productora aya, 96 Back y Jennifer Walton, y en directo su plantilla oscila entre cinco y ocho intérpretes según quién pueda acudir, con violonchelo, mandola, sintetizador de tubos y metales golpeados. Esa variabilidad convierte cada concierto en una versión distinta del mismo repertorio, mientras que el disco logra fijar por primera vez una forma definitiva de ese caos. En ‘Plastic Princess’ la tensión se templa y aparece una belleza incómoda, dedicada a Derek Jarman; en ‘The Swollen Promise’ la banda asciende y desciende al unísono sobre un crescendo que gana peso con cada repetición. Las voces de Amelia Blackwell y la poesía de Joey Hollis se sostienen en medio del vendaval, entre estrofas que se graban por su extrañeza más que por su explicación. Siendo uno de los conciertos más imprevisibles de la próxima edición del festival quien se acerque encontrará un directo imprevisible, con espacio para el estruendo y para pasajes que se apartan del ruido. En definitiva, una propuesta que toma lo grotesco del día a día como material de trabajo.

Milkweed

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Milkweed

Milkweed han convertido en canciones los relatos que preceden a la epopeya irlandesa 'Táin Bó Cúailnge' en su disco 'Remscéla'. Para ello parten de la traducción de Thomas Kinsella y la llevan a un folk experimental en el que la fidelidad al texto original convive con la reelaboración. Este dúo irlandés afincado en el Reino Unido lee la fuente en voz alta una y otra vez antes de componer: esa lectura repetida hace que el texto se respete, pero también que el resultado final cambie inevitablemente. En piezas como 'The Pangs of Ulster' trabajan con elementos simbólicos como la feria, el carro o el grito, buscando la manera de convertirlos en sonido; la versión grabada es solo una de las muchas posibles. En directo, el formato varía desde el dúo hasta una decena de intérpretes, donde cada músico añadido aporta instrumentos o recursos que ayudan a representar mejor algún aspecto del relato. La forma de componer permite la improvisación y el azar: a veces, una solución que surge por casualidad durante la grabación o el directo representa mejor el relato que una decisión planificada de antemano. Estamos por lo tanto ante una propuesta que entiende la tradición como una manera viva de interpretar el mundo y no como un conjunto fijo de obras, con tecnología y arreglos actuales al servicio de historias muy antiguas.

thredd

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thredd

thredd nacieron de una residencia de cuatro semanas en el sótano del Laylow, en el oeste de Londres, con la obligación de tocar cada miércoles y sin margen para la reflexión. De aquel encierro salió ‘It’s Lovely, Come On In’, un debut grabado en la propia sala donde lo interpretaban, con la mesa de sonido del local como referencia de escucha. Will Lister aporta la producción y los ritmos, Max Winter la armonía y la composición, e Imogen Williams la voz y las letras, escritas a vuelapluma en un cuaderno respondiendo en tiempo real a lo que sonaba. Ese método acelerado produjo canciones concisas y directas, como ‘Funny Girl’, donde una melodía melancólica se asienta sobre una batería contundente que en un sistema de club provoca una reacción física inmediata. La banda define su sonido como pop frío, con ecos del trip hop de los noventa y una querencia por el estribillo que se recuerda. Su directo, a bien seguro estará pensado para la pista y para la introspección, ofreciendo unas letras que oscilan entre tratar de filtrar alguna broma privada y confesiones propias de un after que nunca acaba.

Touching Ice

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Touching Ice

Touching Ice grabaron su primer disco en pocos meses, con jornadas de hasta dieciséis horas, después de recibir varias ofertas de gira que les empujaron a encerrarse en el estudio. El trío de Los Ángeles, formado por Dominic Colangelo, Davis Stewart y Abigail Reese, llevaba años acumulando maquetas sin un rumbo claro hasta que decidió apretar y convertir ese material en ‘I Just Remembered Everything Always Works Out For Me’, un álbum de doce cortes donde la aspereza industrial y las bases de techno se topan con voces etéreas y progresiones luminosas. Buena parte del repertorio funciona como himno de pista, con melodías que invitan a corear por encima de capas de ruido oscuro. Reese aporta la programación, la síntesis y la producción, y Colangelo firma las letras y la voz, con una presencia escénica que convierte cada actuación en un ejercicio de cercanía. El grupo se mueve con soltura entre el club y el concierto, y su propuesta gana en directo, donde la mezcla de luz y sombra se traduce en un pulso físico que arrastra al público. Uno de los nombres más pujantes de la presente edición, podremos disfrutar de una banda joven que se toma su oficio en serio y que ha aprendido a base de manuales y prueba y error.

Villa, Redhead

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Villa, Redhead

Villa, Redhead es el proyecto de João Maciel, un productor que trabaja desde su habitación y entiende el sampling y la referencia cruzada como herramientas de composición, no como simple estética. Su freakfolk nace de ese cruce entre guitarra, voz y capas de sonido superpuestas, y construye un folclore propio de la cultura urbana digital. El año pasado su música circuló más de lo que esperaba: alguien montó un vídeo con un repartidor en un hoverboard al ritmo de ‘I Can't Help It’, y acabó abriendo para James K en su primer concierto, una circunstancia que no entraba en sus planes. Maciel se apoya en rutinas fijas, desayuno idéntico y meditación mañana y tarde, para sostener el pulso cuando el entorno se vuelve ruidoso. Esa estabilidad le permite que la emoción se filtre en las canciones sin pasar por el filtro de la palabra directa, y deja que los hallazgos lleguen por instinto más que por propósito. Quien se acerque encontrará un directo íntimo, con texturas delicadas y una voz que se abre paso entre el ruido de fondo.

Mucho Flow 2026 · Guimarães
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Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.