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More Eaze y las estructuras maleables de sus canciones



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Mari Maurice Rubio, conocida artísticamente como more eaze, persigue en cada proyecto la ocurrencia más extraña que se le pasa por la cabeza y la estira hasta comprobar cuánto aguanta. curiosidad ha alimentado durante diez años un catálogo de más de cincuenta títulos entre álbumes, colaboraciones y EP, a los que se suman las bandas por las que ha pasado y las grabaciones ajenas donde pone violín, guitarra de pedales o dotes de productora. De niña acompañaba a cantautores de country en San Antonio, un aprendizaje que dejó huella en su manera de manejar el arco. Después estudió composición en CalArts, donde germinó casi todo ‘accidental prizes’ (2015). El acontecimiento que marcó su obra llegó con ‘mari’ (2020), rehecho en incontables versiones mientras ella iniciaba su vida como mujer trans en un estado que la volvía invisible ante la ley. Su disco más reciente, ‘valley and structure’ (2026), reúne muchas de las ideas que fue acumulando por el camino.

Ese pasado rural recorre toda su obra, aunque la relación con él ha cambiado de signo varias veces. En Texas deseaba sacudirse la etiqueta de violinista campestre. Al instalarse lejos empezó a echar de menos aquel mundo, un vaivén que se repitió con cada mudanza. Cada traslado sirvió para medir la distancia justa con un género que conoce desde la adolescencia. Nueva York aclaró las cosas, porque allí los folkloristas conviven con la vanguardia en vez de vivir en compartimentos separados. Gracias a ese ambiente, ‘lacuna and parlor’ (2024) pudo concebirse como country de cámara, con las guitarras de Jade Guterman en afinaciones de su invención y un vals levantado sobre los rudimentos más básicos de la teoría. Con el tiempo Rubio dejó de combatir sus orígenes e hizo que sus ingredientes se midieran entre sí. De ese modo, el sonido del violín de raíces y los giros de la canción tradicional comparten espacio con sintetizadores, bucles y grabaciones caseras.

La voz procesada funciona en su música como asunto político antes que como adorno. Rubio recurrió al corrector de tono desde los inicios del proyecto, hace una década, para sobrellevar la disforia, ese malestar sostenido que aparece cuando la voz propia suena distinta de la que la persona siente suya. Más adelante lo convirtió en decisión estética. En su época en Austin lo conectaba a un sintetizador modular durante sesiones de improvisación libre, algo que empujaba al resto de sus colaboradores a tomar decisiones a las que no estaban habituados. El choque le divertía, porque el violín y guitarra dotada de múltiples pedales, instrumentos de entonación flexible, acompañaban a una voz obligada a una tonalidad fija. ‘gender dysphoria trauma bonding’ nombra la complicidad que surge entre quienes cargan con ese mismo desasosiego. En ‘The Producer’, incluida en ‘sentence structure in the country’ (2026), canta al natural sobre una caja de ritmos rígida mientras el resto parece que flota suelto. Además, los trámites burocráticos para conseguir hormonas ocupan en sus canciones el mismo sitio que los momentos de luz.

Las colaboraciones ocupan buena parte de su catálogo. Con claire rousay, amistad de toda la vida, grabó dos álbumes gestados a la vez que suenan opuestos. ‘an afternoon whine’ (2021) recoge jornadas de convivencia entre saxofón, grabaciones de ambiente y ruidos arrancados a un disco volador de plástico, mientras que el otro abraza un pop electrónico quebradizo con el que buscaban un sonido llegado de otro planeta. Junto a Lynn Avery formó Pink Must, un dúo de rock empapado de retazos digitales cuyo repertorio incluye ‘Morphe Sun’, una curiosa balada frágil sobre diferentes tonalidades de sombras de ojos. Wendy Eisenberg, pareja de Rubio y con quien comparte casa, aportó otra química. La primera pieza que grabaron en el estudio, ‘Healing Attempt’, cuyo título plantea la curación como un intento, nació cuando Rubio le propuso cantarla y Eisenberg fue apilando capas de voz hasta cubrir cada hueco. Esa sintonía, que describen como casi inquietante, explica que compongan y arreglen sobre la marcha.

Pese a la gravedad de sus asuntos, el humor ocupa un lugar firme en su repertorio. Ya en su etapa tejana vestía de muestras luminosas la pena de varias rupturas, ese dolor que se instala cuando una relación termina y deja rutinas vacías. Rubio considera que la risa surge como efecto secundario al tomar en serio algo desmesurado, un fenómeno que observa en compositores de vanguardia cuyas obras más severas provocan carcajadas por lo exagerado de sus sonidos. En ‘sentence structure in the country’ (2026) esa mezcla se palpa en las canciones de armonía más densa, aligeradas por un aire casi juguetón. Para sus últimos álbumes frecuentó pop de tono ligero, jazz de cámara británico de los setenta y catálogos de sellos europeos dedicados a rarezas, con la intención de lograr sonidos cargados de tiempo, capaces de pertenecer a cualquier década. Esa búsqueda de intemporalidad alcanza a ‘no floor’ (2025), que habría podido emitirse en cualquiera de las últimas cinco décadas.

La docencia alimenta su escritura de forma directa. Rubio enseña teoría en una escuela neoyorquina y violín a niños de cinco años, que prefieren las técnicas extendidas al repertorio convencional porque las perciben como puro sonido. Ese trato con lo elemental sostuvo ‘lacuna and parlor’ (2024). El gusto por imponerse reglas rige también ‘sentence structure in the country’ (2026), donde tres cortes giran en torno a una progresión cromática espinosa. La pieza homónima, nacida electrónica, ganó violín en directo cuando olvidó el pedalero en casa y tuvo que tocar con el instrumento desnudo. Pocos meses después llegó ‘valley and structure’ (2026), que Rubio quiere llevar a los escenarios reuniendo bandas en cada ciudad. Considera que la obsesión por la financiación institucional vuelve reacios a muchos músicos a tocar con desconocidos de otras escenas. Con todo, su aspiración es sencilla: que la música ofrezca una vía de escape, la posibilidad de conducir hacia el horizonte con la cabeza despejada de actos calculados y de prisas.

More Eaze estará actuando en Condeduque en un concierto que abrirá Carmen Villain.

Tratando de escribir casi siempre sobre las cosas que me gustan.