Entrevistamos a

Wild Honey

"La palabra que utilizaría para describir mis dos últimos años es el desconcierto. Todo lo que supone la paternidad, cuando llegas cierta edad y te replanteas muchas cosas. "

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Guillermo Farré al frente de Wild Honey vuelve a evidenciar en su más reciente trabajo Ruinas Futuras (Lovemonk, 2021) su gran sensibilidad para lograr canciones que funcionan como fotografías perfectas, capturando momentos repletos de una gran delicadeza que son capaces de sumirnos en el limbo de las reflexiones más trascendentales, al mismo tiempo de evocarnos rincones a los que merece la pena regresar. A lo largo de este nuevo disco, nos encontramos ante composiciones quizás de un corte más clásico a las presentes en su anterior Torres Blancas, eso sí, no esquivando para nada la posibilidad de embellecerlas con un buen arsenal de arreglos casi orquestales.  Por el camino, las historias encerradas en sus temas parece que se perfilan cada vez más hacia narrativas más poderosas, siendo consciente en todo momento de cómo hay que dejar un espacio para que el oyente logre completar las escenas a su modo. Logrando alguno de los estribillos más adictivos de su carrera, sin dejar tampoco pasar la oportunidad de ir mostrando las canciones de una forma más comedida, casi a modo de una flor que despliega poco a poco todos sus colores, canciones como ‘Dinosaurios y Supermercados’ llegan de una forma tenue pero con ese poder expansivo que se filtra por todos los rincones sin apenas enterarte. Momentos de intimidad compartida con los que lograr una vez más dejar volar nuestra imaginación y hacernos sentir que cualquier mínimo recuerdo escondido en nuestra puede regresar con fuerza a través de sus canciones. Aprovechando lo reciente de este trabajo, hemos tenido el placer de entrevistar a su autor.

Este disco tuvo su punto de partida en unas notas de voz que encontrarte en tu móvil y que tenías prácticamente olvidadas. ¿Consideras que estas notas de voz acabaron por revelarte muchas de las ideas que queríamos mostrar en este trabajo o simplemente te aportaron una vaga idea acerca de como comenzar a componer los temas?

Tenía un cierto sentimiento de culpa por llevar dos años sin hacer canciones. Sí que cada semana intentaba sacar un rato desde que tuve hijos para tocar la guitarra, el piano e ir pudiendo esbozar cosas, sin embargo no tenía la idea de si estas notas de voz eran interesantes o no. Hice un viaje en el que tenía mucho tiempo y me puse a reescucharlo todo. Siempre ocurre que cuando haces canciones nunca tienes mucha perspectiva sobre lo que estás haciendo, ya que te encuentras muy pegado a las canciones. De repente cuando lo escuché parecía que lo había grabado otra persona. No me sonaba de nada, estaba todo grabado en medio del caos. Sin embargo sí que me pasó aquello de decir que molaba bastante lo que había ahí. Nunca digo eso de mis canciones porque siempre soy más inseguro que seguro, pero ahí había cosas que me gustaban.

Había cosas muy avanzadas, otras solo esbozadas, por lo que en el fondo sí que encontré un hilo que sirvió en muchos casos para convertirlo en canciones. Quizás lo escuché todo desde una perspectiva de editor, porque lo escuchaba prácticamente como algo ajeno. Mola mucho esta situación porque tienes un cierto punto de sorpresa. Luego me pasó que tuve que volver a ponerme a sacar los acordes que había en esas notas de voz, porque muchos no sabía ni que acordes eran. Ese fue el momento en el que escuchar los audios tenía un enfoque similar al de descifrar un enigma.

 

Escuchando ‘Dinosaurios y Supermercados’ mencionas de hecho lo de “un día encontrarás notas de voz que congelaron dinosaurios y supermercados”. ¿En esta canción buscaste hacer referencia precisamente al origen de los temas?

Resulta curioso como uno siempre intenta hacer fotografías de todo. En cambio en las notas de voz siempre ocurre algo interesante que es que se escuchan cosas de fondo que tienen menos puesta en escena que una foto, siendo más bien una especie de brochazo de la rutina. En las notas de voz sucede que a lo mejor es un niño llorando o gritando “papá toca el piano”. En esta canción todo surgió haciendo la compra con mis niños grabando una idea que tenía. Hubo un momento en el que incluso fantaseaba como cuando encuentras un diario privado de alguien. Sin ir más lejos, si por ejemplo mi chica escucha esas notas de voz, escuchará ese punto de grabación de la rutina, una idea que me gusta.

A lo largo de algunos de tus temas como en esta ocasión ‘Mi Prima Adriana’ con la frase “encontramos varias fotos como Las Hermanas Brown con el fondo más borroso” y en el anterior trabajo ‘Desenfocada’ con “fotos de la niñez que no pasa nada, salías siempre desenfocada” mencionas el hecho de revisar fotografías con las que capturaste momentos precisos. ¿Consideras que el ponerte a ver fotografías te ha resultado hasta el momento importante para tener un punto de partida a la hora de componer los temas?

Mi sensación cuando escribo una canción es que el arte plástico al que más se parece es la fotografía, pero siendo la canción algo más extendido. En la canción pop, que es de dos a cuatro minutos, puedes contar una historia también limitada pero con más espacio a la interpretación. Siempre me imagino las canciones como las fotografías. No soy un gran entendido, pero me interesa mucho la fotografía como arte y una de mis fuentes siempre para pensar en ideas es mirar fotografías o ir a exposiciones de fotografías que me gustan, por lo que tiro mucho de ahí. Luego este disco en concreto es un disco sobre la memoria. En el momento en el que tienes hijos, te planteas tu vida de otra manera, con una perspectiva un poco diferente y el recurso más claro para darle vueltas a todo es la fotografía. En concreto la canción de ‘Mi Prima Adriana’ es una historia real, ya que mi abuela nos mandó unas fotografías de mi prima que no conocía y me dieron a pensar un poco la relación que tengo con mi prima. Ese punto de partida está muy relacionado con ejercitar la memoria.

"Tenía un cierto sentimiento de culpa por llevar dos años sin hacer canciones. "

‘Dientes de León’ quizás es uno de los temas que parece que esconde un contenido más personal, quizás porque afrontas la canción de una forma en la que parece que enumeras recuerdos bastante precisos con frases muy bonitas al estilo de “¿como creías que sería todo al hacerte mayor?” ¿Consideras que esta canción intentaste plasmar ciertos recuerdos que tenías en tu cabeza o está completamente desligada de lo personal? Hacer canciones más personales, contar más historias que te tocan de lleno

Sí, lo cierto que sí. El disco lo he coproducido con Remate y una de las cosas a las que me animaba a hacer es que fuese menos críptico, que hablase más de mí mismo y huyese un poco más de la ficción. De hecho, en el pasado, en los discos que he hecho, intentaba hacer más ficción que algo más personal. Tampoco me apetecía para nada entrar en el punto de diario íntimo, porque no me interesa, pero sí que quería contar historias personales. Creo que algo de eso hay, pero como curiosidad, le puse el disco el otro día a mi madre por primera vez, pensando que ella iba a entender muchas más cosas y me dijo que era súper críptico, que no entendía nada. Espero que se note algo, pero me temo que sigue existiendo ese punto críptico en las canciones.

‘Mi Prima Adriana’ quizás también es otra de las canciones donde todo suena con un mayor punto de emoción melancólica, a lo mejor porque también está narrada como una historia del pasado. ¿Sientes que en este trabajo has introducido un enfoque algo más relacionado con ofrecernos historias más concretas en lugar de pinceladas más sueltas con las que simplemente mostrar escenas bastante descriptivas como las de Torres Blancas?

Totalmente. De nuevo Remate me ayudó un montón a ello. Se trataba más bien intentar de contar algo, centrarme en la idea. Siento que utilizo mucho las elipsis, saltando de un sitio a otro con ideas que no tengan que ser como acción-reacción, pero sí contando una historia. Hablábamos mucho de Raymon Carver como alguien que no profundiza, deja espacio para el misterio pero claramente está hablando de algo concreto. Por lo tanto a mí me apetecía contar algo concreto pero sin que fuera demasiado rutinario y específico, que todavía hubiese espacio para cierta ambigüedad que me interesa como estilo, pero también desde el punto de vista del que escucha una canción y siente que no le están contando algo cerradísimo. De las pocas personas que han escuchado el disco, cada una ha hecho una interpretación muy diferente. A lo mejor en el futuro seré aún más certero a la hora de huir de lo críptico.

Escuchando Ruinas Futuras, el tema que abre y da título al trabajo, me estuve imaginando durante un buen rato que cosas de mi entorno o que simplemente conozco, se podrán convertir en ruinas en el futuro y todo lo que podrán contener, algo que también mencionas en el tema. ¿Consideras que llegaste a este concepto de “ruinas futuras” un poco dejando volar la imaginación acerca de como evoluciona lo que tienes alrededor?

“Ruinas futuras” para mi tiene un significado muy concreto. Se que es un título que es totalmente polisémico y cada persona lo va a ver de una manera. A pesar de ello, para mí “ruinas futuras” es una imagen entera que representa las vivencias intensas que tienes en tu vida y como en el futuro, cuando mires hacia atrás, no son más que esas ruinas de una ciudad que te rodean: en algún momento fueron importantes pero que ya han perdido ese poso y son más bien algo decorativo. En mi mente está ese momento en el que choca lo intenso que viviste todo aquello y como el paso del tiempo lo acaba relativizando todo un poco. Luego el título en sí viene de cuando estuve en unas oficinas gigantescas de una multinacional del norte de Madrid. Eran como una especie de lugar que parecía muy moderno pero también pensaba que pasará si esto estuviera en el Planeta de los Simios, porque era algo muy mastodóntico. Esa idea de pensar en lo que quedará de la ciudad extrema en 500 años. Dejar volar la imaginación pensando en cual será la última fase del capitalismo, cuando se derrumbe todo.. Por lo tanto esta es la imagen más plástica y la otra es la imagen más persona. Las dos ayudan a vertebrar un poco la idea del disco.

Al leer también lo que comentaste del origen de ‘Me Dijeron Que Ya No Vives Aquí’ me acordé de como Pablo Prisma grabó el disco de Domesticidad dedicado para que sus hijos lo escuchasen en el futuro y pudiesen recordar mejor esos años. ¿De vez en cuando piensas mucho en cómo tus hijos podrían entender tu música en el futuro y ver reflejados ciertos episodios de su vida?

No lo tengo presente. A lo mejor la música que hago sería muy diferente si pensase en mis hijos o si me la imaginase pensando en como sonaría en el futuro. Lo que sí que posee es parte de la cotidianeidad de la casa, nuestra rutina. Cuando toco Ruinas Futuras al piano en casa para practicar, mi hijo la canta porque la ha escuchado mil veces. Ahí hay un punto muy curioso que es como el proceso de composición de las canciones está muy apegado a ellos dando vueltas. No se como lo verán en el futuro, si les interesará la música. Intuyo que les dará bastante igual. Lo que si que tengo claro es que estas canciones recogen la forma de integrar el caos que supone la paternidad, el desconcierto y como integrar esa nueva rutina tan extraña en las canciones.

"En el momento en el que tienes hijos, te planteas tu vida de otra manera, con una perspectiva un poco diferente y el recurso más claro para darle vueltas a todo es la fotografía."

En la nota de prensa de ‘Me Dijeron Que Ya No Vives Aquí’ mencionas que esta canción surgió imaginando como sería cuando tu hijo mayor buscase muchos años después sus amistades infantiles para ver lo que recordaban de esos años. ¿Consideras que esta exploración de cómo ser perciben las cosas en la infancia es algo que resulta muy atractivo para ti?

Sí, es algo que me interesa. El disco trata sobre la memoria, entender lo que significa y conocer su peso en tu vida actual. Al mismo tiempo al tener hijos pequeños ves como se va conformando todo esto, encontrándome en la canción fantaseando con este tipo de ejercicio de la memoria, aunque esté focalizado en una historia centrada en mi hijo mayor. En el confinamiento con los vecinos de repente había una conexión brutal que desapareció en el momento en el que salimos a la calle de nuevo. El confinamiento acabó y ocurrió que al final se interesaron por otras cosas. La ficción que cree fue la de mi hijo mayor buscando a esta vecina y preguntando que había sido de ella. Yendo a esa casa y que no lograse dar con ella. Quizás eso es una búsqueda a la que estuve haciendo yo con muchos recuerdos pero que quizás pueda hacer mi hijo también en el futuro, partiendo de una imagen muy concreta que es la amistad efímera de los niños cuando son muy pequeños. Es algo muy intenso y desaparece con la misma intensidad.

También adentrándonos un poco en la temática, en ‘Saludos Secretos’ aparece alguna frase como “un futuro fantasmal, nos quedan muchos años por olvidar”. ¿Crees también que quizás debido a como se ha desarrollado el último año y las circunstancias tan raras en las que nos encontramos en alguno de estos temas se ha colado más que nunca esa preocupación por el futuro?

La palabra que utilizaría para describir mis dos últimos años es el desconcierto. Todo lo que supone la paternidad, cuando llegas cierta edad y te replanteas muchas cosas. Es muy curioso porque el desconcierto me hace pensar en cuestiones como quien soy, pero también que nos deparará el futuro. Luego está el tema de que empieza la pandemia y ese algo que he vivido yo como desconcierto es común para todos. Por un lado está el desconcierto por no saber lo que está pasando, pero también el tener tiempo para reflexionar sobre un montón de cosas del pasado porque estamos todos bloqueados. Sí que me doy cuenta de que en medio de la pandemia, cuando estaba acabando de terminar las canciones parece que estaba haciendo un disco sobre todo lo que trajo el covid.

Lo curioso es que el otro día cuando saqué la canción de ‘En Los Márgenes de los que Llamabas Realidad’, me escribió mi amigo David de Terrier y me dijo que era la primera canción sobre la pandemia que le gustaba. En seguida me reí porque no tiene que ver nada con el tiempo de la pandemia, sino que es algo muy privado que escribí en 2019 y que de repente observo que es algo por lo que estaba pasando todo el mundo. Cuando hablaba en esta canción de videollamadas, todo el mundo pensaría que serían las videollamadas de la pandemia, pero no, eran videollamadas familiares en el 2019. Pensé que no le iba a dar más vueltas, que iba a ser honesto con lo que quería contar sabiendo que iba a haber una lectura de esta descripción de pandemia cuando en realidad era el desconcierto personal.

Imagino que a la hora de diseñar e intercambiar desde la distancia ideas para este trabajo con el propio Remate, Shawn Lee, Javier Lorente y Anita Steinberg habrá sido un auténtico rompecabezas. ¿Sentiste que en algún momento se hacía muy cuesta arriba poder cuadrar todos los detalles del disco o lo llevasteis de una forma bastante natural?

La verdad es que siempre he trabajo las cosas de Wild Honey de forma bastante solitaria. Aquí al meter a Remate como coproductor, aunque hubiera mucha distancia, ha sido un proceso de más colaborativo que nunca. Con Remate como está muy engrasada nuestra forma de trabajar, porque hemos hecho muchas bandas sonoras juntos, no he sentido que hubiese un impedimento, sino que de repente metía una pieza completamente externa a Wild Honey a trabajar en las canciones. Luego, lo de colaborar a distancia, fíjate que muchas veces una de las cosas más complicadas de coordinar músicos son las agendas, y ahora tristemente como todo el mundo teníamos mucho más tiempo fue más fácil ir encajando cosas. Quizás se pierde por supuesto el estar en un mismo estudio, y dejar más espacio para la sorpresa, pero no me ha costado nada trabajar con los demás. He estado muy cómodo mandando archivos y haciendo videollamadas. Gente que conozco mucho como Javi o Anita ha sido muy sencillo, pero todas las baterías que hizo Shawn Lee, que es un batería que vive en Londres que conocía gracias a Lovemonk, sí que tiene su punto extraño que lo conociese en una videollamada. Le conté todo a distancia, lo hizo en su estudio y me lo mandó. Si hubiese sido en la realidad quizás hubiésemos forjado algo de amistad y aquí se pierde bastante esto porque quedó en un simple encargo. Pero en general ha sido todo bastante fácil y todo el mundo hoy en día más o menos puede grabar en su casa de una u otra manera y ha sido fácil.

En estos últimos años has trabajado mano a mano con Remate, demostrando como la unión siempre resulta de lo más acertada. ¿Consideras que trabajar con él tanto en este trabajo como anteriormente te ha ayudado a salir de tu zona de confort y atreverte a hacer cosas que antes no habías hecho?

Con Remate me ocurre una cosa que es como mi media naranja musical, que nos complementamos muy bien porque él es un músico de verdad, de conservatorio, un intérprete alucinante. Yo tengo facilidad para la producción, pero si me dices que toque ahora el piano me quedo bloqueado porque no tengo esa facilidad. Juntos tenemos mucha complicidad. Estéticamente compartimos muchas cosas. Filosóficamente también. Lo que mucha gente a lo mejor tarda una tarde entera en concretar, nosotros nos sentamos y en cinco minutos vamos hacia una dirección concreta. Esto lo llevamos ensayando mucho con las bandas sonoras y esto ha sido un poco así en el disco.

Al ser estas canciones propias existe ese vértigo de no estar seguro, y hay un punto en este caso de querer impresionar a Remate y decir, quiero mejorar esta canción y se la quiero enseñar el martes siguiente mucho más avanzada. Recuerdo concretamente que la canción de ‘Dinosaurios y Supermercados’, cuando se la mandé la primera vez, me hizo un comentario que menos mal que tengo mucha confianza con él, pero para mucha gente hubiese sido insultante (risas). Me dejó destrozado, menuda bajona. Al final esa semana me esforcé un montón para darle la vuelta a la canción para darle la vuelta con lo que me había pedido y esas cosas me motivan. Tenía ganas de impresionarle y sentir esa satisfacción de que me dijese que lo había hecho bien. Esa semana de dudas, miedo y vértigo y humillación acaba en una canción de la que estoy muy orgulloso. De hecho es de mis favoritas del disco, porque habla de muchas cosas personales y tiene ese punto de he conseguido dar una voltereta que hace unas semanas era una hostia.

"Me apetecía contar algo concreto pero sin que fuera demasiado rutinario y específico, que todavía hubiese espacio para cierta ambigüedad que me interesa como estilo, pero también desde el punto de vista del que escucha una canción y siente que no le están contando algo cerradísimo. "

La parte final del disco compuesta por temas como ‘En un caballo de la Policía’ y ‘Nueva Zelanda’ considero que tiene un componente bastante cinematográfico, tanto en la forma de relatar las historias como en la búsqueda de un sonido más embriagador. ¿Crees que de alguna forma tu trabajo con Remate componiendo bandas sonoras como la de 2001 Sparks In The Dark tiene algo que ver con estos temas?

Totalmente. Cada vez que haces una banda sonora, estás al servicio de un director o una directora en el que sufres un proceso de aprendizaje brutal. Tienes que replantearte cosas, tienes que probar otras que no habías hecho… Los últimos años trabajando con Remate en bandas sonoras, al final casi es como documentar un máster. Todo ese aprendizaje, al final nos apetecía tanto a Remate como a mí ponerlas en práctica. Al final son cosas muy experimentales, donde son muy importantes las texturas y los sonidos. El poder llevar todo esto al formato de canción tradicional, usando cuerdas, arpas, sintetizadores… De esas dos canciones dudamos mucho cual debía cerrar el disco y hoy a lo mejor pensaría que tenía que haber sido diferente el orden. Pero esas dos canciones sí que tienen ese punto del epílogo, no quizás tan narrativamente, pero sí formalmente. Son más expansivas, tienen quizás ese toque más calmado. La orquestación es más de banda sonora. Las canciones muchas veces son imágenes o fotografías y estas dos en concreto son una especie de minihistorias, como una secuencia plástica de la película que sin ver ni el principio ni el final tienen ese poder muy plástico.

En este nuevo trabajo, la instrumentación vuelve a ser bastante abundante, gozando de bonitos arreglos de cuerda y sintetizadores cuyo sonido parece suspendido en el aire. Sin embargo creo que en este caso los arreglos resultan más clásicos, en lugar de existir un componente más experimental como el de Torres Blancas donde abundaban más las texturas sintéticas inesperadas. ¿Tienes la sensación de que en esta ocasión tuviste claro que buscabas hacer un disco más tradicional en este sentido, logrando que el piano clásico y la guitarra acústica tuviesen más protagonismo?

Este disco suena así en parte por un accidente que es el tener en casa un piano alucinante. Es un piano que era de una amiga que se mudó a Dinamarca, que lo tenía en casa de un amigo y que por millones de casualidades acabó en mi casa. Cuando vino el afinador a afinarlo y me dijo que lo probasé, noté que le molestaba lo mal que toco el piano para el piano que tengo en casa. Al final suena muy clásico porque el disco está escrito con el piano. Luego hay un tema en el que suenan metales reales, perlo luego suenan metales de melotrón, hay cuerdas reales y otras más sintéticas… Me apetecía mostrar un punto de falsedad en el sentido en el que nunca sepas si estás tocando instrumentos reales o no. Hay instrumentos reales e instrumentos sintéticos. Un disco que me encanta y que no tiene que ver mucho con lo que hago es el Melodrama de Lorde. Es totalmente sintético, pero gracias a su voz y a algunos elementos más es súper orgánico. Me apetecía lograr ese punto clásico pero también sintético, entonces el piano lo lleva en una dirección pero el objetivo era estar entre medias de los dos mundos. Hay grabaciones que por como estaban hechas, si escuchas a Hank Williams o a los Beach Boys de Pet Sounds, nunca sabes que es lo que suena. Me parece muy interesante porque le da un punto más único a las canciones. Sin volvernos locos queríamos jugar un poco a esto.

Considero que los vientos de Josué García y Dani Herrero en canciones como ‘En Los Márgenes de Lo Que Llamabas Realidad’ o ‘Mi Prima Adriana’ aportan un toque aún más diferencial a los temas, sobre todo en la primera cuando entra la trompeta. ¿Desde el principio tuviste claro que a estas canciones les venían muy bien unos vientos o fue más bien cuando estuvieron rematadas cuando decidiste que se los ibas a poner?

En los dos tenía esbozado ideas de metales con sintetizadores o con un melotrón, pero surgió la posibilidad de grabar metales de verdad y es como jugar en otra liga. De repente hay un punto eufórico cada vez que entran los vientos. Ellos trajeron ideas de arreglos que Remate y yo ajustamos a las canciones y es otra dimensión. Es un poco volver a ese punto real y clásico, ya que los metales tienen mucha culpa de ello. Creo que subrayan en ‘Me Dijeron Que Ya No Vives Aquí’ esa sensación de himno que me imaginaba.

En ‘Me Dijiste Que Ya No Vives Aquí’ apuestas por la repetición muy marcada de la estrofa que da título al tema, algo que a al final creo que resulta muy acertado. ¿Consideras que en esta canción has perdido también un poco el miedo a repetir de forma muy clara ciertas frases y que es algo que puede resultar incluso muy interesante en tu música?

Sí, hay un salto muy claro a no tener miedo a abrazar conceptos del pop clásico. Cuando hablo de pop clásico me refiero a por ejemplo los Carpenters, sus momentos donde repiten mil veces una frase de un estribillo y te suena totalmente normal. No queríamos tener ningún tipo de prejuicio a la hora de esquivar eso. También nos interesaba mucho a nivel de producción que las canciones fueran sencillas de entender. Por debajo, a nivel de estructura puede existir una complejidad pero no nos apetecía fardar de nada de eso. Queremos que sea algo directo, que pusiéramos todo el esfuerzo en lo que nos interesa contar y luego si te pones unos auriculares puedes darte cuenta de que hay una instrumentación de una manera o de otra. Lo importante es no perder el foco de lo que quieres transmitir con una canción y esta canción implicaba repetir hasta la saciedad el estribillo.

"Para mí “ruinas futuras” es una imagen entera que representa las vivencias intensas que tienes en tu vida y como en el futuro, cuando mires hacia atrás, no son más que esas ruinas de una ciudad que te rodean"

Sin lugar a dudas, considero que aunque a lo largo de tu carrera se pueden observar diferentes etapas, al final creo que toda tu música en lo instrumental tiene un gran componente atemporal y que no está determinada para nada por corrientes musicales actuales o de hace décadas. ¿Crees que esto es algo que sientes que ocurre en tu música y que incluso te gusta aspirar a ello?

A nivel personal escucho muchísima música diferente que no tiene que ver con Wild Honey y me interesa mucho todas las novedades. Es algo que me fascina con interés y con pasión. No es que escuche a Skrillex en casa, pero me interesa mucho ese tipo de producción, incluso lo que se hace en la música EDM. Con Wild Honey cada vez que me pongo, sí que hay una estética muy específica, que quizás me resulta cómoda para mí, pero que me ayuda y me inspira a hacer canciones. Cuando hago bandas sonoras estoy disfrutando mucho porque me saca de ese marco y estoy probando cosas diferentes. Con Wild Honey no se si es comodidad lo que define el proyecto, pero sí que flota más en el tiempo y no me interesa tampoco sonar híper contemporáneo. También te digo que me molestaría que alguien me dijese que sonase retro. Me gustaría que sonase a 2021, pero no en el sentido de la música que suena a 2021 en la radio, pero sí que esté a medio camino entre la contemporaneidad y la aceptación de todo el legado de lo que me gusta como músico.

Me interesa mucho la canción clásica, por ejemplo todo lo que se hacía del Brill Building a finales de los 50 y principios de los 60 en los Estados Unidos, como todo lo que alimentaba la Motown. Toda esa época de canción pura me parece fascinante. La música psicodélica de principios de los 70 es algo que también me llama la atención, junto con la música pop de todas las épocas. En California está Weyes Blood que hace música inspirándose mucho en los años 70, algo con lo que siento mucha afinidad. Así pues, no me siento colgado de la nada sino que hay mucha música en todo el mundo que a lo mejor bebe o tiene intereses estéticos parecidos, pero sí me hace gracia que mi música pueda estar de moda, pasar de moda y volver a ponerse de moda. Si estás el tiempo suficiente haciendo algo puede que tengas suerte y se ponga todo de moda.

Pensando en todo el tiempo que ha transcurrido desde que comenzaste tocando en Mittens hasta ahora, habiendo pasado más de 10 años, no has parado en ningún momento de facturar música. ¿Sientes que te ha resultado difícil mantener la motivación y el interés por crear canciones a lo largo de este tiempo?

No soy nada prolífico. En mi caso las 10 canciones que hay en el disco son las únicas en las que he estado trabajando durante todo este tiempo. Sí que me requiere un esfuerzo el hacer música y muchas veces pienso que prefiero estar viendo una peli que estar haciendo una canción. Pero luego siempre hay un punto de disfrute personal cuando de repente consigo hacer algo que me gusta que es impagable. Entonces, cuando no estás dentro de ese momento de inspiración es un rollo, pero cuando llegas ahí me encanta. Hubo un momento en ese disco que se le comentaba a mi chica que lo que más me apetecía en este mundo cuando se acabe el tema niños es ponerme a trabajar en el disco, porque estaba en ese punto de subidón y de explorar ideas. Ese momento es muy chulo. Hoy en día si me preguntas que quieres hacer hoy un disco a las 10 de la noche, ahora mismo me parecería subir el Himalaya, pero intento que no se me olvide lo bonito que es cuando estás dentro del proceso creativo y estás haciendo canciones.

"Me apetecía mostrar un punto de falsedad en el sentido en el que nunca sepas si estás tocando instrumentos reales o no. "

En todas nuestras entrevistas nos gusta que nos dejéis una pregunta para la siguiente banda a entrevistar. ¿Cuál es la tuya?

Estamos en un mundo de cambios brutales en la industria de la música, así que mi pregunta sería: ¿cuál es para ellos el cambio más radical que han vivido en su carrera musical?

Del mismo modo tengo una para ti de Margaret de la banda Moontype: ¿cuál es un instrumento que no has empleado en tu música y nunca has tocado pero que te encantaría aprender?

Habría tocado un instrumento de cuerda tipo violín, contrabajo o violonchelo. De hecho mi hijo pequeño está yendo a clases de música y le dije que tenía que escoger un instrumento. Pensé que si estuviese en su lugar hubiese escogido un instrumento tipo el chelo. Ojalá se decante por ello, porque además tenemos un chelo en casa. No quiero ser un padre pesado ni nada de eso, pero al final acabaría también yo cacharreando con él.

Joven teleco que escribe sobre grupos guays. Woods y Jeremy Jay me molan mucho.

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