Swapmeet es un cuarteto australiano que se gestó en los últimos años de instituto y se consolidó en sótanos y pubs de Adelaida, su ciudad natal. Ahora entrega su primer LP ‘Mount Zero’, cuyo título procede de un cartel de un accidente geográfico que ninguno de sus integrantes ha pisado jamás. Esa señal, que para ellos simbolizaba el umbral hacia territorios más interesantes, se convierte en el emblema de un álbum que gravita en torno a esas vivencias que se atisban desde lejos sin llegar a habitarlas del todo. El disco se fraguó durante dos semanas en una casa frente al mar, donde cada miembro escribía, grababa o incluso jugaba al ping pong en distintas estancias. Esa manera de trabajar, colectiva pero individualizada, ha sido siempre la seña del grupo.
Swapmeet se enredan en los vericuetos de los primeros amores, los desengaños iniciales y las vergüenzas por las que todos pasamos. Son esos momentos en que la edad adulta temprana hace añicos las ideas preconcebidas sobre el devenir de la existencia. Cada nuevo rumbo adoptado adquiere la apariencia de un yerro catastrófico, mientras que cada obligación o anhelo amenaza con marchitarse sin cumplirse. En esa atmósfera, la intensidad de percibirse mutando bajo las presiones inapelables de lo real se destila con crudeza. De este modo, el trabajo se convierte en un homenaje a las sendas no recorridas y en una celebración de la ruta presente, sin edulcorantes, aceptando el desgarro que implica ir quemando etapas vitales. Porque al final, lo que queda es la certeza de que cada elección implica una pérdida, y que el paso a la vida adulta se escribe con tachones y rectificaciones. Aprovechando este lanzamiento, hemos tenido el placer de entrevistar a Jack Medlyn, miembro del grupo.
Vuestro álbum de debut se titula 'Mount Zero'. Es un nombre curioso para un primer disco porque evoca al mismo tiempo una presencia imponente y un vacío absoluto. ¿Qué significa 'Mount Zero' para vosotros a nivel conceptual?
Mount Zero es el nombre de una montaña situada en la cordillera de Grampians, justo al borde de la autopista en el trayecto de Adelaida a Melbourne. Se convirtió en un agradable capricho ver la señal de 'MOUNT ZERO' cada pocas semanas, cuando bajábamos a Melbourne para tocar de vez en cuando, y representaba ese punto de inflexión en el que dejas atrás la previsibilidad de casa y te adentras en lo desconocido. Mount Zero también es un gran productor de aceitunas, cerca de las Grampians. Conceptualmente no significa mucho, pero acabo de descubrirlo y estoy muy emocionado por probar sus aceitunas.
Entiendo que vuestro proceso de composición y producción es bastante singular y democrático, ya que los cuatro cantáis, escribís e intercambiáis instrumentos continuamente. ¿Cómo gestionáis los egos y tomáis decisiones en el estudio cuando todo el mundo tiene capacidad para tomar la iniciativa en cualquier tema?
Mirando hacia atrás en el proceso que seguimos para hacer el álbum, creo que hay dos cosas que hicimos realmente bien: evaluamos cada idea que alguien aportaba, sin asumir de entrada que no funcionaría. A veces, esos caminos inesperados que genera la idea de uno pueden acabar siendo el mejor momento de una canción. Esto nos llevó a un montón de experimentación que de otro modo no habría ocurrido. La otra cosa en la que somos muy buenos es pasar a un segundo plano cuando alguien tiene clara la visión del resultado final.
Escuchando el disco, se nota una dualidad muy chula: pasáis de guitarras afiladas como cuchillas, con una distorsión casi violenta en temas como 'I Know!', a texturas minimalistas con trompas y violines, como en la balada 'Personal (Don't Take It)'. ¿Cómo encontráis el equilibrio entre poneros la "capa maximalista" y saber cuándo despejar la mesa y quedarse con lo mínimo?
Tuvimos este proceso durante la creación del álbum: nos poníamos esa "capa maximalista" al principio, llenando todo el documento de Ableton con montones de capas y partes que las canciones no necesitaban en absoluto, y luego averiguábamos qué partes servían mejor a la canción. Creo que las canciones más lentas y espaciosas permitían que esas ideas maximalistas fluyeran sin restar valor a la canción, mientras que los temas más contundentes y rápidos necesitan menos para funcionar de forma clara.
"A veces, esos caminos inesperados que genera la idea de uno pueden acabar siendo el mejor momento de una canción. Esto nos llevó a un montón de experimentación que de otro modo no habría ocurrido."
Vuestro sonido nos transporta inevitablemente a esa época dorada del rock alternativo y el indie de los 90. Si tuvierais que elegir dos o tres bandas esenciales de esa década que están grabadas en el ADN de Swapmeet, ¿cuáles serían?
Lo tengo bastante claro. Además los voy a ordenar según su importancia:
1: Duster
2: Wilco
3: Hole
El disco se sumerge de lleno en las luces y sombras de los veinte: primeros desastres románticos, expectativas rotas, crisis existenciales... ¿Es 'Mount Zero' una forma de terapia de grupo para procesar lo caótica que puede ser la transición a la edad adulta?
Para mí, desde luego que sí. Escribir puede ayudar a procesar un evento o un sentimiento antes de haber aprendido a lidiar con él. Cuando tus emociones están tan frescas y todavía estás en el periodo de reacción ante una situación, puede ser difícil hablarlo con alguien o reflexionar sobre ello. Mostrarnos canciones entre nosotros se convierte en una forma más fácil de decir "oye, esto es lo que pasa y así me siento", sin abordarlo directamente.
'2 C U' es otro tema que engancha desde el primer momento, y parece capturar a la perfección esa "obsesión" o ese revoloteo incontrolable que sientes cuando estás colgado de alguien y te mueres por verlo. ¿Os resulta más fácil escribir desde la euforia de enamorarse o desde la catástrofe del desamor?
Personalmente, me es más fácil escribir desde la catástrofe. Siempre te proporcionar una razón real para escribir. Cuando algo va bien, quieres vivir en ello para siempre, así que puede ser difícil escribir, pero cuando las canciones se escriben en "buenos momentos", puede ayudarte a volver a ese instante. En los "malos momentos", escribir puede sentirse como un escape, o una salida de una situación. Escribir desde el desamor puede resultar mucho más personal, mientras que escribir desde la euforia se siente como una experiencia compartida.
En la otra cara, 'Halfway' desprende una atmósfera mucho más reflexiva, con ese delicado fingerpicking y la presencia del piano. ¿Es esa canción el punto de inflexión del disco, el momento en que te das cuenta de que las cosas ya no volverán a ser igual?
Esta canción fue la primera que se escribió para el álbum, sin embargo, la letra y el final llegaron más tarde. Cuando esta canción empezó a tomar forma, había muchas ideas flotando alrededor, pero no sabíamos realmente de qué iba a tratar. En cierto modo, la canción se reveló a sí misma, tanto lírica como musicalmente. Al estar en medio del disco, sí se siente como un punto de inflexión, donde todo está cambiando y no volverá a ser igual. Personalmente, me gusta cómo el álbum se acerca sigilosamente al oyente, tanto sónica como temáticamente. Esta canción marca el momento en que se vuelve serio y pesado.
"Cuando tus emociones están tan frescas y todavía estás en el periodo de reacción ante una situación, puede ser difícil hablarlo con alguien o reflexionar sobre ello."
Para grabar este proyecto, decidisteis aislaros juntos en una casa junto al mar. Muchas bandas dicen que esa convivencia intensa en el estudio puede ser idílica o destructiva. En vuestro caso, ¿cómo fue la experiencia? ¿Hubo más tiempo para la introspección mirando las olas, o terminó pareciendo una especie de comuna o casa de fiestas universitaria?
Fue una sensación extraña que no aprecié del todo hasta que me fui. Nunca se convirtió en una casa de fiestas ni en algo demasiado intenso. Simplemente convivíamos y dedicábamos todo el tiempo que teníamos a hacer música. El tiempo tampoco acompañaba, así que no había muchos eventos o distracciones sociales que sintiéramos que nos estábamos perdiendo. Aislarnos en un período de tiempo tan corto acabó dándonos más tiempo para dedicar a las cosas. Antes habíamos pasado meses grabando algo, pero solo teníamos unas horas aquí o allá, mientras que en este caso sentíamos que teníamos un tiempo infinito para centrarnos en elementos individuales.
Volviendo a vuestros orígenes, os conocisteis justo después del instituto, alrededor de 2020. Empezar una banda en ese año, con todo lo que pasaba a nivel mundial, debió ser una prueba de fuego. ¿Cómo recordáis esas primeras sesiones juntos? ¿Es cierto que vuestros primeros lanzamientos eran CDs que grababais para regalar a vuestros amigos en sus cumpleaños?
Nuestras primeras sesiones fueron eléctricas. La música era increíblemente mala y, de algún modo, aprendimos a tocar 'Where's Your Head At' de Basement Jaxx y la tocábamos en bucle por alguna razón. Todos nos conocíamos a través de amigos en común y era ese grupo adorable de gente que escuchaba música diferente que yo nunca había oído, y era muy divertido. Maxwell y yo hacíamos lo de los CDs de cumpleaños, pero estábamos en grupos de amigos distintos, así que ni siquiera sabíamos que el otro lo hacía (risas). 'Collision' fue una canción que salió de un tema de uno de los CDs de cumpleaños de Maxwell para nuestro amigo Ethan. Si te imaginas la canción, pero con la letra hablando de Ethan siendo profesor de secundaria.
Vuestros primeros conciertos en Adelaida fueron en lugares emblemáticos del circuito de pubs, como el Metro. ¿Qué os enseñó la crudeza de esos pequeños escenarios a la hora de construir el directo arrollador que tenéis ahora?
Esos conciertos nos dieron un espacio perfecto para practicar y descubrir cómo queríamos sonar y cómo queríamos llegar al público. Algunos de ellos fueron también los conciertos más enérgicos que hemos dado; una vez tuvimos a varias personas besándose en el moshpit por alguna razón.
En todas nuestras entrevistas, nos gusta que los artistas dejen una pregunta para la siguiente banda que entrevistemos. ¿Cuál es la vuestra?
¿Ha habido algún momento en el que hayáis querido dejar la música? Si es así, explícalo.
Del mismo modo, tenemos una para vosotros de parte de Paycheque. Dice así: ¿Qué artista hizo que quisieras convertirte en artista?
En mi caso, fue un clip que mi profesor de música de 4º de primaria enseñó en clase, de la actuación de 'Great Balls of Fire' de la biopic de Jerry Lee Lewis. La parte en la que prende fuego al piano al final se me quedó grabada a fuego en la memoria y, desde entonces, solo quería divertirme y tocar música. Aunque no he conectado mucho con Jerry Lee Lewis desde entonces. Quizá una respuesta mejor para mí sea Venus; sin duda me inspiraron para intentar escribir una canción, y luego otra, y luego otra.

