Cementerios que dejaron de podarse y fogones que se apagaron para siempre: ese es el equipaje que Greg Freeman carga en 'All Set The Bone', el disco que sella su entrega absoluta a la música tras años repartidos entre la jardinería funeraria y la cocina. Entre Nuevo México, Los Ángeles y el asfalto interminable de una gira, fue tomando forma un cancionero empapado de precariedad, de vidas que sobreviven al día, hundidas en deudas y sostenidas por trabajos que nadie ve. Ahí, la metamorfosis íntima se enreda con la brutalidad colectiva y con esa certeza que corroe todo: el tiempo, tarde o temprano, se lo lleva.
Freeman esculpe personajes quebrados por la escasez y el duelo, un votante asfixiado bajo el peso de sus tarjetas, unos amantes cuyos corazones se enredan "como langostas en su trampa", imágenes que resumen un fracaso compartido sin sermón de por medio. 'Bury Me The Shovel' cierra el álbum como una plegaria fúnebre urbana, con el fuego, los escombros y el desamparo tejiendo el retrato de una comunidad que se desangra. La segunda persona a la que se dirige la canción funciona como bisagra entre la confesión desnuda y la distancia calculada.
La producción de John Congleton añade peso y volumen a un conjunto que se mueve entre la angularidad casi matemática de 'Hail Mary' y la fragilidad de 'Indu', con metales y cuerdas que afilan la tensión sin domarla jamás. Cada giro armónico, cada golpe de batería nervioso, delata a alguien que compone contra reloj. El resultado incomoda, y lo hace a propósito: convencido de que toda obra debería sacudir, antes que nada, a quien la firma. Aprovechando lo inminente de este lanzamiento, hemos tenido el placer de charlar con el músico.
Durante la grabación de este disco, diste el paso de dejar tus trabajos como jardinero de cementerio y cocinero para dedicarte a la música a tiempo completo. Ahora que te ganas la vida enteramente con la música y las giras, ¿sientes que tu vida y tu percepción de lo que significa ser músico han cambiado mucho?
Supongo que sí. La realidad es que ahora mismo la música se siente mucho más como un trabajo. De hecho, se ha convertido en mi profesión principal. Como consecuencia, me toca lidiar con todo lo que eso implica, asumiendo tanto las partes positivas como las negativas. Inevitablemente, ahora presto mucha más atención al aspecto económico, vigilando de cerca lo que gano y lo que pierdo (y, siendo sinceros, suele ser más lo que pierdo). Al final, sacar adelante este proyecto es prácticamente como gestionar una pequeña empresa. Lo digo con cierta pena por la carga que supone, pero al mismo tiempo soy consciente de la gran suerte que tengo de poder dedicarme a esto.
Si no me equivoco, las canciones de este nuevo disco empezaron a surgir poco después de que terminaras de componer 'Burnover', pero me da la sensación de que este nuevo trabajo toma una dirección bastante distinta, con un sonido que por momentos es más rápido y contundente. ¿Tenías claro desde el principio el rumbo que debía tomar este álbum?
Sí, totalmente. Antes de sentarme a componer ya tenía una idea bastante clara de lo que estaba buscando, al menos en contraposición al disco anterior. De hecho, creo que me ocurrió exactamente lo mismo con ese trabajo respecto al que habíamos sacado antes. Básicamente, mi punto de partida era tener muy claro lo que no quería repetir bajo ningún concepto. A partir de ahí, simplemente me dejé llevar por ciertas vías de inspiración y fui explorando sonidos muy concretos que me atraían. Eso sí, aunque tenía esa dirección inicial, la realidad es que no logré tener una visión completa de cómo sonaría el resultado final hasta que no terminé de escribir todas las canciones.
Hasta ahora, habías compuesto tus discos principalmente viviendo en Vermont, pero este nuevo trabajo ha tomado forma en lugares muy diversos, como Nuevo México o Los Ángeles. ¿Sientes que escribir estas canciones moviéndote constantemente por zonas tan distintas de Estados Unidos ha influido en el sonido y en las emociones que transmite el álbum?
Sí, sin duda. Creo que todo el álbum gira conceptualmente en torno a esa constante búsqueda de intentar descubrir a qué lugar perteneces y qué significa realmente considerar que un sitio es tu "hogar". Es una temática que ya venía procesando internamente desde mis dos discos anteriores, justo en una época en la que no dejaba de plantearme la idea de marcharme de Vermont, que es donde vivía en ese momento. En ese sentido, considero que este trabajo es muchísimo más transitorio e itinerante que los anteriores. No intenté fijarlo ni arraigarlo a ninguna localización geográfica específica, lo cual tiene todo el sentido del mundo si tenemos en cuenta, como bien has comentado, que lo escribí repartido entre múltiples ubicaciones. Por lo tanto, estoy totalmente de acuerdo con esa lectura que haces del álbum.
"Al final, sacar adelante este proyecto es prácticamente como gestionar una pequeña empresa."
Escuchando el disco con atención, da la impresión de estar muy ligado al estado actual del mundo y, por extensión, al de Estados Unidos, capturando esa sensación de desastre, incertidumbre y violencia tan presente hoy en día. ¿Crees que el actual clima social y político de tu país ha influido en este trabajo más que nunca?
Siempre procuro mantener cierto nivel de conciencia social a la hora de componer. De hecho, en mis discos anteriores ya podías encontrar pequeñas alusiones a todo lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Pero es verdad que en este nuevo trabajo hay una presencia muchísimo mayor de todos esos temas. Básicamente, decidí abrazar esa realidad de lleno. Siento que habría requerido un esfuerzo muy consciente, casi antinatural, intentar ignorar por completo las cosas que ves a diario en la pantalla del teléfono o en la calle. Al final, ese contexto social se ha convertido en un motivo más dentro de la narrativa del álbum. Mi intención nunca fue hacer un disco estrictamente político ni nada que se le parezca. Simplemente esperaba que esa actualidad que todos vivimos terminara reflejándose de forma muy natural en las canciones.
En tu anterior álbum, en 'Wolf Pine', utilizaste un pino centenario como testigo mudo de acontecimientos que se repiten generación tras generación, y en este nuevo disco, en 'Decade', también presentas el tiempo como algo cíclico. ¿Te resulta especialmente interesante o inspirador observar ciertos comportamientos y patrones que se repiten a lo largo de la historia?
Sí, totalmente. Creo que enfocarlo de esta manera es una buena herramienta para no sentirme tan egocéntrico o evitar quedarme completamente ensimismado en mis propias historias. La verdad es que siempre me ha dado bastante reparo escribir canciones que puedan resultar demasiado cortas de miras o limitadas. Intento huir de eso constantemente, ya sea a la hora de explorar mi plano más emocional o simplemente cuando me toca hablar de las cosas cotidianas del mundo material. Justamente por ese motivo me gusta tanto intentar aportar diferentes dimensiones y ofrecer una perspectiva mucho más amplia en cada tema.
En 'Loser's Prize' hay una imagen muy potente que describe corazones cristianos chocando entre sí "como langostas en su trampa", y del mismo modo, en tu disco anterior, 'Gulch' incluía una referencia muy específica a la fe. ¿Sientes que explorar cómo afecta la espiritualidad a las personas es algo que te interesa a la hora de componer?
Creo que sí. Quizá se deba simplemente a que siento una atracción muy natural por todo ese tipo de imaginería. Al fin y al cabo, este país está plagado de referencias e imágenes religiosas que resultan visualmente muy potentes. Es algo con lo que convives y que ves constantemente en tu día a día casi en cualquier rincón. Inevitablemente, todo ese entorno termina resultando increíblemente evocador dentro de tu propia cabeza a la hora de imaginar escenarios. La verdad es que siempre me ha gustado mucho recurrir a esos motivos concretos cuando me siento a escribir las letras. En el fondo, siento que incluir toda esa simbología no es algo calculado ni racional. Más bien creo que responde a un instinto muy puro que surge a la hora de componer.
"Siempre me ha dado bastante reparo escribir canciones que puedan resultar demasiado cortas de miras o limitadas."
Desde tu primer disco, me fascina la forma en que presentas a los personajes de tus canciones. Es muy descriptiva y me recuerda un poco al estilo de otros artistas, como la escritura de Michael Bible. Aunque cambian de un álbum a otro, ¿crees que hay algo que se repite en esos personajes, algún hilo conductor que los conecta sin que te lo propongas necesariamente?
Por regla general, los protagonistas que aparecen en mis letras no soy yo de forma literal, aunque en el fondo siempre hay una parte indudable de mí en todos ellos. De hecho, nunca he escrito una sola canción que funcione puramente como una narrativa externa sobre la vida de otra persona al cien por cien. La realidad es que toda la esencia y el carácter con el que doto a un personaje tiene que nacer irremediablemente de mi propio interior o de alguna experiencia que haya vivido en primera persona para que resulte auténtico. Supongo que, al final del día, esa es simplemente mi forma natural de enfrentarme a la escritura. Y aunque todos los protagonistas compartan ese mismo origen vital, en ningún momento busco conectar de manera consciente a los distintos personajes de mis canciones entre sí.
Hay ciertos objetos que aparecen de forma recurrente en tus letras: huesos, fósiles, animales disecados o cosas conservadas en ámbar, como en 'Untitled 10' o en 'Curtain'. ¿De dónde suele surgir este tipo de imaginería tan física: de cosas que observas a tu alrededor o de otras referencias, como el cine o la literatura?
Creo que en cualquier obra de arte siempre acaban existiendo ciertos símbolos recurrentes o conceptos que se terminan solapando de forma inevitable. Es algo que fluye y surge por sí solo. En mi caso concreto, te aseguro que no fue nada intencionado. De hecho, no fue hasta que me senté a escuchar el álbum completo una vez que ya estaba grabado cuando empecé a darme cuenta de la presencia de esos elementos repetitivos. Me pasó, por ejemplo, con la imagen de los huesos y otras referencias similares. Supongo que es algo que le acaba pasando a todo el mundo que compone. Creas una obra de arte y, de repente, parece que empieza a dialogar consigo misma. Sin que te des cuenta, va construyendo su propio universo de símbolos de una manera totalmente subconsciente. Como realmente no busqué que esto ocurriera en ningún momento, asumo que todo se reduce a una pura coincidencia. O quizás, simplemente, a la magia y al propio misterio que siempre envuelve a la creación artística.
El álbum se cierra con 'Bury Me The Shovel', una canción que suena muy cruda, casi como un réquiem por una ciudad entera. ¿Por qué elegiste terminar el disco con este tema?
Desde el mismo momento en que escribí esa canción, tenía totalmente claro que quería que fuera el tema encargado de cerrar el disco, básicamente por lo que comentas. Además, decidimos grabarla de forma 100% en directo. Éramos unas diez personas tocando juntas al mismo tiempo dentro de la misma sala, utilizando simplemente un par de micrófonos y sin recurrir a regrabaciones, retoques posteriores ni nada por el estilo. Es exactamente así como me la había imaginado en la cabeza en el momento de componerla. Por eso, al escucharla terminada, siento que el resultado definitivo logró acercarse muchísimo a la visión original que tenía de ella.
El disco tiene momentos muy viscerales, pero también hay otros en los que los personajes parecen intentar desconectar de la realidad, ya sea bebiendo, como en 'Decade', o simplemente quedándose anestesiados, como en 'Next to Nothing'. ¿Sientes que este trabajo también ofrece ciertos momentos de evasión, de intentar huir de la realidad?
«Mi intención era que existiera precisamente esa tensión constante: por un lado, la necesidad de confrontar y lidiar con las complicaciones y aspectos más amargos del mundo real, y por el otro, la abrumadora realidad de que a menudo no sabes cómo actuar ante ello y prefieres no afrontarlo en absoluto. En cierto modo, siento que esa contradicción es una experiencia muy americana. Confío en que esa misma tensión se haya terminado filtrando en varias de las canciones. Por ejemplo, ni yo mismo sabría explicar con precisión de qué trata 'Next to Nothing', pero sí recuerdo que escribí el estribillo pensando en la sensación de desear no ser uno mismo en un momento dado, plasmada en ese verso que dice: "Si no quiero ser yo, no quiero ser yo ahora mismo". Lo compuse desde la perspectiva de alguien que busca no ser percibido, que está profundamente agotado de sentirse expuesto continuamente, una idea que además se puede aplicar a muchísimos contextos distintos. Sin duda, en el disco hay una especie de timidez latente que intenté explorar y gestionar a lo largo de todo el proceso de escritura.
"Toda la esencia y el carácter con el que doto a un personaje tiene que nacer irremediablemente de mi propio interior o de alguna experiencia que haya vivido en primera persona para que resulte auténtico"
El disco tiene partes muy duras, pero en 'Indu' hay algo distinto, casi tierno, cuando cantas simplemente "todo lo que quiero hacer es mirarte". ¿Crees que esta canción mira en una dirección ligeramente diferente al resto del álbum?
Es, sin lugar a dudas, la canción más pop de todo el álbum. De hecho, la escribí en un momento en el que estaba enfermísimo, justo después de terminar una gira larguísima y agotadora. La compuse en apenas veinte minutos y, siendo totalmente sincero, casi no conservo el recuerdo de haberla escrito. Fue un tema que simplemente salió de golpe y a toda velocidad. Está claro que representa uno de los extremos dentro del abanico sonoro del disco, el cual a fin de cuentas abarca un espectro musical bastante amplio y variado.
Tocar canciones construidas con tanto mimo debe suponer un reto distinto sobre el escenario. ¿Qué has aprendido de estos temas al tocarlos en directo que no hubieras notado en el estudio?
Tengo la sensación de que a la gente le han gustado mucho cuando las hemos interpretado en directo. La verdad es que no habíamos tocado ni una sola de estas canciones en público antes de entrar a grabarlas. De hecho, apenas estuvimos ensayándolas durante una semana justo antes de meternos en el estudio en California, que está situado prácticamente en mitad del desierto. Son temas muy divertidos de tocar sobre el escenario y, como apenas tienen presencia de instrumentos como el saxofón o el pedal steel, resultaba bastante difícil hacerlas encajar con la dinámica que llevaba con mi banda anterior.
¿Ha habido alguna canción que haya conectado especialmente bien con el público este verano, algo que no esperabas antes de salir de gira?
La verdad es que no lo sé a ciencia cierta, ya lo iremos viendo sobre la marcha. Al fin y al cabo, el público siempre conecta de forma mucho más inmediata con las canciones que ya se sabe que con aquellos temas que escucha por primera vez en directo. Una vez que el álbum esté oficialmente publicado y la gente haya tenido tiempo de escucharlo bien, comprobaremos de verdad cuáles se convierten en sus grandes favoritas. Por la reacción del público hasta ahora, me da la impresión de que 'Indu' les gusta bastante, pero de todos modos habrá que esperar para ver qué pasa.
Para este disco cambiaste de productor, de ciudad y de forma de trabajar por completo, arriesgándote con John Congleton en lugar de quedarte con quienes habían colaborado contigo hasta ahora. ¿Planteas cada álbum como un reto que debe sacarte de tu zona de confort?
Sí, totalmente. Me atrae mucho la idea de que cada disco tenga su propia personalidad y sea un capítulo distinto. Hasta la fecha, siempre he mantenido esa ambición constante de querer que cada álbum suene técnicamente mejor que el anterior. Soy consciente de que a mucha gente le fascina la estética y el encanto del sonido lo-fi, pero en lo personal siempre me motiva mucho más producir proyectos con una gran calidad de sonido. Puede que en esta etapa concreta esté subiendo el listón de la fidelidad sonora y que, quizás en el futuro, decida bajarlo de nuevo para explorar otras texturas. Sin embargo, para este trabajo en particular, mi objetivo era lograr que sonara verdaderamente interesante y desmarcado de lo que se está publicando en este momento. La verdad es que no le encuentro sentido a que todos mis trabajos sigan una misma línea, porque entonces el público simplemente se limitaría a comparar cada lanzamiento nuevo con su disco favorito del pasado. Prefiero mil veces que cada obra nazca con su propia identidad única y bien definida.
"Me inspiran sobre todo los escenarios límite de la vida, ya sea la vorágine de una gran metrópoli o el aislamiento de un desierto remoto"
En todas nuestras entrevistas nos gusta que el artista deje una pregunta para el próximo grupo que entrevistemos. ¿Cuál es la tuya?
¿Cuál ha sido el peor concierto que habéis dado?
Y yo tengo una para ti, de Jo de Starcleaner Reunion: "¿En qué tipo de entorno te gusta estar para encontrar la inspiración cuando compones?". En su caso, por ejemplo, pasa mucho tiempo en la cocina preparando recetas y horneando para inspirarse.
¡Madre mía! La verdad es que ni yo mismo lo sé con certeza. Tengo la sensación de que, en el fondo, puedo encontrar la misma cantidad de inspiración en prácticamente cualquier parte. En un primer momento iba a responder que me surge sobre todo cuando estoy a solas, pero lo pienso bien y ni siquiera eso es del todo cierto. Analizándolo mejor, creo que lo que realmente me activa son los extremos. Me inspiran sobre todo los escenarios límite de la vida, ya sea la vorágine de una gran metrópoli o el aislamiento de un desierto remoto. Son justamente ese tipo de entornos tan marcados y radicales los que verdaderamente consiguen encender mi creatividad.
